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Abel Hernández
Abel Hernández

Entrevista a Abel Hernández, autor de “Secretos de la Transición”

“El rey quería acabar con Suárez”

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h
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Abel Hernández es un reconocido periodista soriano que ha pasado por alguno de los mejores periódicos que ha habido en España. Jefe de Nacional de Informaciones, editorialista de Diario 16, jefe de opinión de El Independiente y columnista y director de Ya, ha sido uno de los testigos privilegiados de los entresijos de nuestra Transición. “Visto con perspectiva, se cometieron algunos errores, pero el proceso fue modélico”, afirma sin ambages este maestro de periodistas.

Abel Hernández
Abel Hernández

Fue amigo personal de Adolfo Suárez y sus columnas de Ya nos acercaban de manera muy amable al, quizá, único estadista español de la segunda mitad del siglo pasado. Ahora que todo el mundo alaba al ex presidente de gobierno, hay que reconocer que al final de la década de los setenta era el personaje más odiado de nuestra clase política. “El rey quería acabar con Suárez”, dice seguro de sí mismo Abel Hernández y añade “todos querían eliminarlo”.

En Secretos de la Transición nos descubre, el perfil humano del ex presidente y acontecimientos que llevan ocultos demasiado tiempo y que diversas fuentes nos lo están confirmando. “El rey y la clase política estaban de acuerdo en un golpe de timón, para sustituir a Suárez”, señala el periodista soriano que en su día llegó a ser candidato por el Centro Democrático y Social (CDS) en Soria. Para el autor y otros como Pilar Urbano y Enrique de Diego, el rey fue con Alfonso Armada el muñidor de un gobierno de salvación nacional que desalojase a Suárez del poder. “El rey, hasta el final, confío más en Armada que en Suárez”, desvela el periodista. Uno de los tantos errores monumentales de nuestro monarca.

“Tanto el rey como la clase política del año ochenta cometieron imprudencia”, reitera Abel Hernández. Allí hubo una especie de golpe blando para evitar un golpe más duro de los militares. Ese golpe se fraguó en la División Acorazada Brunete sita en el acuartelamiento del Goloso la noche del 23 de enero de 1981. El rey estaba, como es corriente en él, en una cacería en la finca Lugar Nuevo de la Sierra de Cazorla junto a más de 200 invitados. Esa noche entraron en la Zarzuela una serie de jefes militares queriendo hablar con el rey sin mediar petición. “Esos coroneles estaban indignados por la publicación que se iba a hacer sobre una amnistía a unos militantes polis-milis de ETA”, recuerda el autor. Además, los militares no podían perdonar a Suárez la legalización del partido comunista, la reforma fiscal y la aprobación de la ley del divorcio.

Ese fue el preludio de lo que un mes más tarde sería el golpe de estado del 23- F. Un golpe que tenía pactado un gobierno en donde Alfonso Armada sería el presidente del Gobierno y Felipe González el Vicepresidente político. Entre sus miembros contaría con José María de Areilza, Manuel Fraga, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, Luis María Ansón, los diputados socialistas Javier Solana y Enrique Múgica y los comunistas, Jordi Solé Turá y Ramón Tamames. La lista completa obra en nuestro poder y es muy aclarativa.

El 23-F se llevó a cabo como una asonada militar decimonónica, como un sainete que ahora mueve al sarcasmo, ya que, según Abel Hernández, en el golpe “se infiltraron el jefe de seguridad de Gutiérrez Mellado y del propio presidente del gobierno”, desvela el autor.

Pero ya antes, en mayo de 1980 Adolfo Suárez vivió sus días más amargos. “Fueron los días de la moción de censura del PSOE contra Suárez. Felipe González le atacó de modo inmisericorde sacando sus antecedentes en el Movimiento Nacional. Además, Fernando Abril Martorell, a la sazón Vicepresidente Segundo y ministro de Economía, no facilitó los datos económicos que Suárez le requirió para la moción de censura”, recuerda el periodista soriano. Una traición en toda regla de un amigo con el que había compartido incluso vacaciones.

Aunque ésta no fue la única traición. Miguel Herrero de Miñón, Joaquín Garrigues-Walker y Francisco Fernández Ordoñez conspiraron para apartar del poder a Suárez. Incluso este último, aliándose con el PSOE. Para el autor de Secretos de la Transición todas estas deserciones y traiciones partieron de que “Suárez nunca fue un hombre de partido, nunca controló su propio partido, él era más un estadista con un tremendo sentido de estado y del patriotismo. No supo crear un partido político, incluso el CDS le costó hacerlo”, apunta.

“Con Adolfo Suárez se muere una forma de hacer política”

Para Abel Hernández “con Adolfo Suárez se muere una forma de hacer política. Se ha ido un gran patriota, un gran tipo humano que se preocupó por el futuro de los españoles. De todos los españoles”, repite. Siempre se mostró obsesionado por el futuro de Cataluña, ya hace 12 ó 13 años. Cuando comenzaban los primeros pasos de su enfermedad neurológica quiso convencer al entonces presidente José María Áznar para que buscase un pacto con Francia en el que declarasen solemnemente que ninguna región que se separase de un país pudiese ser acogida por Europa.

“Adolfo Suárez hizo lo que se podía hacer. Hubo que guardar mucho equilibrio para mantener un consenso general y el resultado fue una constitución con la que han gobernado tanto la derecha como la izquierda”, opina el autor. Ahora bien, si la constitución sigue siendo válida, reconoce que necesita ciertos arreglos y que “sería un disparate cambiarla”, cree ciegamente.

Ahora que el reconocimiento al estadista abulense parece generalizado, no puede por menos que recordar que Fraga le despreciaba, que Alfonso Guerra le denominaba Tahúr del Mississippi y sus propios correligionarios le atacaban. “Eran otros tiempos, quizá mejores, con mejores políticos, poco tiene que ver Cayo Lara con Santiago Carrillo o Artur Mas con Josep Tarradellas. Las comparaciones en este caso siguen siendo odiosas”, evoca.

“Queredme menos y votadme más”, decía el antiguo líder del CDS. Ahora Adolfo Suárez, como el Cid Campeador, parece que gana las batallas después de muerto. Se ha recuperado en cierta forma la dignidad política que se perdió hace ya bastantes años. La lección más importante que nos ha dejado Suárez ha sido para Abel Hernández el que “Adolfo nunca ha odiado a nadie en política”. Toda una lección.

Puede ver la entrevista que le hizo Miguel Pato aquí:

           https://www.youtube.com/watch?v=Qc2d3u435hk

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Javier Velasco y Abel Hernández (Fotos: Miguel Pato)
Javier Velasco y Abel Hernández (Fotos: Miguel Pato)
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