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Mark Oldfield
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Entrevista a Mark Oldfield, autor de "Muerte en Madrid"

"La gran injusticia de la Guerra Civil y sus secuelas me molestó mucho"

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

Muerte en Madrid es la primera novela del criminólogo inglés Mark Oldfield, quien nos trae un apasionante thriller protagonizado por un sanguinario asesino con un pasado oculto que está ambientado en una de las épocas más oscuras de la historia de España.

Entrevista a Mark Oldfield, autor de 'Muerte en Madrid'

En esta entrevista con el autor, hemos hablado sobre su novela y acerca de cuál es la visión que se tiene de la guerra civil, la dictadura y la transición desde el extranjero.

¿Qué le llevó a escribir Muerte en Madrid?
Me convertí en un visitante habitual de España después de mi primera visita a este país un año después de la muerte de Franco y muy pronto comencé a estudiar la historia de la Guerra Civil y la dictadura. Debido a esos intereses, parecía natural que basara la historia en estos momentos de la historia de España, dado que este periodo no es muy conocido en el mundo anglófono. Tampoco había muchas novelas negras ambientadas en España, y las que existían a menudo se basaban en estereotipos culturales de otra época, pintando un país de siestas perpetuas, castañuelas, flamenco y corridas de toros.

Mi intención inicial era crear un policía que trabaja para el régimen dictatorial, quien haría cosas buenas, pero de una manera clandestina a pesar del clima político. Alguien como el detective alemán de Philip Kerr, Bernie Gunter o el Inspector Miquel Mascarell de Jordi Sierra i Fabra.

Mi experiencia académica y mi trabajo como un criminólogo también han ayudado a dar forma a la novela, ya que el libro invita al lector a considerar la naturaleza del bien y del mal en una sociedad gobernada por la violencia y la intimidación, donde el poder del gobierno ha sido robado eficazmente por los militares. ¿En tal situación es malo alguien que hace algo malo o es malo porque sencillamente lo es? ¿Es posible hacer tal distinción, o necesita la respuesta a esa pregunta muchos matices, haciendo que dar una respuesta sea simplemente imposible?

Al final, me decidí por un enfoque distinto. ¿Y si el protagonista no era un buen hombre? ¿Y si era egoísta, violento y corrupto? En una sociedad en la que la corrupción y la violencia son elementos de la vida cotidiana, tal vez este tipo de comportamiento es comprensible, dado que la gente ha de sobrevivir y hay que tener eso en cuenta. Y esto nos conduce a preguntas de voluntad y de responsabilidad.

Seguía pensando así y poco a poco, el comandante Guzmán se me reveló como un personaje. En la superficie, un perfecto servidor del régimen: leal, valiente y totalmente comprometido con la Dictadura. Pero, como el lector descubre, aún más comprometido con sus propios intereses, el mayor de los cuales es un secreto tan grande que él tiene que protegerlo a toda costa.

¿Por qué decidió comenzar la novela con la masacre de Badajoz?
La atrocidad de Badajoz era un símbolo de las intenciones de los rebeldes militares para aterrorizar e intimidar a sus enemigos usando las tácticas que muchos de los líderes rebeldes habían aprendido en Marruecos. Poco después de la masacre, montones de folletos fueron lanzadas sobre Irún y Fuenterrabía, amenazando a la poblaciones con la misma suerte.

¿Qué fue lo que más le llamó la atención de la guerra civil española?
La gran injusticia de la guerra y sus secuelas me molestó mucho.

En el Reino Unido, la Guerra Civil española no es bien conocida, incluso a veces se ve como una aventura romántica eclipsada por la sombra de la segunda guerra mundial. Yo no era diferente: no sabía casi nada acerca de la guerra en mi primera visita a España, pero pronto descubrí muchas cosas. Muy pronto. Cuanto más hablaba con la gente, más me daba cuenta de la amarga herencia de esa guerra. Cuando mis padres hablaban de la Guerra Mundial, era como un parte del pasado. Los alemanes eran un enemigo luego, ya no lo eran. Pero en España, las conversaciones cotidianas recurrirían con frecuencia a temas políticas y casi siempre de la guerra. Fue la brutalidad de la guerra y el comportamiento rencoroso y la cruel persistencia de los vencedores lo que primero me dio ganas de escribir sobre ella.

Posteriormente, en mis visitas a Euskadi, vi cómo el legado de Franco se había quedado en las calles, se notaba en la represión de las manifestaciones por parte de la policía y de la Guardia Civil. Me quedé muy sorprendido. Igualmente chocante fue la indiferencia oficial a esta violencia. Y otra vez la injusticia. Recuerdo una manifestación en Tudela cuando una joven, Gladys del Estal, fue asesinada a tiros por un guardia civil. Posteriormente, el guardia cumplió una corta estancia en la cárcel que ni siquiera terminó. Su sentencia tenía la misma duración que la de alguien que había sido detenido por la colocación de una pancarta en protesta contra el asesinato.

La injusticia flagrante de la muerte de esa mujer me causó una fuerte impresión. Mirándolo en retrospectiva, me doy cuenta de que a veces un incidente puede tener un impacto mucho mayor que otros parecidos. Tal vez es el shock de lo desconocido, no lo sé. Tal vez tenemos que considerar las cosas a pequeña escala para apreciar plenamente el horror de esos actos. O tal vez es el hecho de que una sucesión interminable de eventos horribles tiene un efecto adormecedor.

Este efecto de casos singulares para ilustrar un fenómeno más amplio es la razón por la que he elegido incluir determinados incidentes de la vida real en mi novela. Como mi novela no pretendía documentar con fidelidad los acontecimientos de la Guerra sino una obra de ficción, los he usado con cuidado.

Cuando he hablado con lectores del libro, muchas personas me han dicho que era la primera vez que leían determinadas cosas acerca de la Guerra Civil Española. Algunas personas me han acusado de exageración pero, al enterase de que algunas escenas eran fieles a los acontecimientos históricos, se han sentido ultrajados. Por ejemplo, la matanza de las 'Trece Rosas Rojas' en Madrid en 1939 (aunque hubo muchas más de trece ejecuciones ese día) nunca deja de producir un impacto emocional cuando hablo de esto con lectores ingleses. «Es injusto», me dicen.

A fin de cuentas de hecho, estoy escribiendo ficción, no historia, así que la cantidad de material histórico que utilizo tiene que ser afinado para encajar con el resto del libro.

¿Y de la dictadura?
La idea de vivir bajo una dictadura era horrenda para mí, y al mismo tiempo ejerce una extraña fascinación. Por un lado, me encantó estar en España, disfrutar de su cultura y conocer a su gente. Por el otro, en el fondo, siempre estaba la sombra de la Guerra Civil. Y tengo que confesar que la imagen de una vida entre las sombras ha tenido una gran influencia en mi manera de escribir. No hay mucha luz en este libro.

Una de las cosas que yo estaba decidido a incluir en mi novela era la absoluta corrupción de la dictadura: la forma en que los generales fueron recompensados por ganar la guerra, su coexistencia hipócrita con la Iglesia católica, la represión de los derechos y libertades fundamentales y la política vil de perseguir a la gente durante años por «crímenes» tras el fin de la guerra. Las políticas de una memoria implacable y despiadada.


¿Qué es lo que más le atrajo de la Transición española?
Naturalmente, la disolución de una dictadura militar inflexible después de cuarenta años fue un gran hito en la historia española. No obstante, la transición no estuvo exenta de problemas - 'La Transición Sangrienta' como escribió Mariano Sánchez Soler.

El Franquismo podría haber comenzado a disolverse el día que Franco murió, pero las estructuras de la dictadura permanecieron intactas durante mucho tiempo, sin duda, lo que complica el proceso, ya que no todos los que se beneficiaron de la dictadura estaban comprometidos con un gobierno democrático.

Egoístamente, sin duda, como escritor, lo que me parece interesante de la transición (poniendo a un lado la necesidad evidente de un cambio tras la Dictadura), es la intriga, la conspiración y el complejo mosaico de grupos involucrados en la violencia y el subterfugio de la época. GAL, GRAPO, ETA, los mercenarios y los fanáticos extranjeros, el 23F, los vínculos entre el gobierno y el terror patrocinado por el estado de los GAL, los asesinatos de ETA. Todas estas cosas proporcionan un terreno fértil para el novelista. Los escritores de hablar inglesa se han concentrado mucho en la guerra fría pero para mí hay muchas cosas más interesantes en esos años de la transición para un escritor.

¿Qué opina acerca de nuestra memoria histórica?
El tema de la memoria histórica ha influido mucho en mi forma de escribir. He estudiado las obras de Michel Foucault durante muchos años, y han tenido en mí una profunda influencia. En cuanto a la memoria histórica, yo diría que el trabajo de tanta gente en este campo es, sin duda, de gran importancia, sobre todo para resaltar el hecho de que Franco intentó dar forma y controlar la comprensión colectiva de toda la nación. Y el control empieza por el lenguaje: la guerra se convirtió en una «cruzada». Los republicanos pasaron a ser los «rojos». La guerra fue construida con palabras que negaron completamente las experiencias de los que habían plantado cara a Franco y sus aliados nazis e italianos. El régimen franquista quería una memoria colectiva que perpetuase el odio y división de la guerra. Una memoria prescrita para informar el pensamiento público.

En cuanto a la memoria histórica de hoy, yo diría que, en mi opinión, la herida abierta de la Guerra Civil debería haberse abordado de inmediato después de que Franco se muriera en vez de hacer un intento de «olvidar» oficialmente.

Las cosas malas no se olvidan fácilmente. Sabemos por el trabajo que se ha realizado con las víctimas de la delincuencia sexual que las víctimas de un crimen necesitan tiempo para llegar a través de sus experiencias. Sabemos, por ejemplo, que las víctimas de violación y otros delitos sexuales han sufrido en el pasado debido a su tratamiento por parte del sistema de justicia penal cuando las autoridades no se han escuchado sus voces y se les han negado sus experiencias y recuerdos.

Las cosas malas necesitan tiempo para sanar. Gente necesitan tiempo y espacio para lidiar con lo que les sucedió. Sabemos por la obra de Freud cómo los recuerdos dañinos nos pueden perseguir a pesar de que no somos conscientes de ello. No es posible instruir a la gente a olvidar cosas que les han afectado profundamente. Pensando en eso, me pregunto si el Pacto del Olvido no se introdujo demasiado rápido. Por cuarenta años, las víctimas de la Dictadura no pudieron expresar sus recuerdos o sentimientos y luego, de repente, hay que olvidarlo todo. No ha sido posible para ellos recuperar los restos de sus seres queridos aunque en muchos casos su ubicación era conocida. No es posible decir «olvidadlo y listo». Y no es justo. Lo del pacto del olvido me parece una cosa que ha beneficiado a un grupo de la sociedad mucho más que al otro.

Pero ya ha pasado mucho tiempo. Me acuerdo de una frase de Mariano Sánchez Soler en la que él se refiere a las víctimas de la violencia política, pero sus palabras se aplican a las víctimas de cualquier tipo de violencia: «mueren dos veces, una por su asesinato y otra vez por el olvido».

¿Cómo definiría a Leopoldo Guzmán?
Guzmán es a la vez monstruoso y encantador, a pesar de que su encanto lo reserva solo a las mujeres o las personas más poderosas que él. Es leal a Franco, aunque en su manera: su cinismo es ilimitado. Él ve las privaciones que sufren otras personas, obligadas a comprar alimentos a precios extremos en el estraperlo. Él ve su ropa raída, su calzado de mala calidad y los odia por ello. Los odia porque le recuerdan que solo hay una corta distancia entre él y ellos.

Guzmán sabe que un día podría caer y no habría ninguna apelación: estaría en la calle y punto. Hace su trabajo y no le importa lo brutal que sea, porque eso es todo lo que sabe hacer y lo hace bien, muy bien. Y cada vez que ve una oportunidad de obtener un poco más para sí mismo (un soborno o algunos bienes robados) él toma esa oportunidad con las dos manos. Es adaptativo, un superviviente. Un hombre que sabe que si las personas deben ser subyugadas es mejor estar en el lado de quien domina.

La guerra y la posguerra han dado a Leopoldo Guzmán muchas oportunidades. Tiene la intención de aprovecharlas mientras pueda.

Y a Ana María Galíndez?
Galíndez es un personaje complejo, casi la imagen invertida de Guzmán. Él es duro, violento y homófobo. Galíndez es agradable, razonable y gay. Tras la muerte de su padre, fue acosada por sus compañeros de escuela. Su tía Carmen la apuntó a clases de artes marciales, algo que hace de Galíndez una persona con quien es mejor no meterse.

Sin embargo, bajo presión, Galíndez empieza a hacer cosas que normalmente no haría. Ella sigue las normas, pero si eso no funciona, las tira a la basura y sigue sus instintos.

Galíndez quiere hacer un buen trabajo en la Guardia Civil, y no solo porque su padre fuera un oficial de la Benemérita muy querido por todos. Ella odia el hecho de ser siempre «la hija de Miguel» y no «la forense». No ayuda que el mejor amigo de su padre, el general Ramiro Ortiz, sea el segundo hombre más poderoso de la Guardia Civil. Ramiro piensa en ella como en una niña y Galíndez tiene que asegurarse de que la gente no crea que ella tiene una vida fácil gracias a él.

Después de doctorarse como investigadora forense, Galíndez llegó a la Guardia Civil y se le asignaron de inmediato los trabajos que implican fosas de la guerra. Su especialidad son los perfiles psicológicos, y ella está desesperada por un cambio. Mientras tanto, debe hacer frente a las tareas que se le han asignado y seguir adelante con el trabajo.

Ana María es además amnésica: el recuerdo de su infancia se perdió cuando, a la edad de ocho años, vio morir a su padre en un atentado de la ETA con coche bomba. A pesar de su amnesia, ha podido seguir con su vida sin problema hasta ahora.

Sin embargo, empiezan a aparecer síntomas que sugieren que su condición está empeorando. Si Galíndez lo menciona, quizás tendrá que salir de la Guardia. Por eso no dice nada, sobre todo porque ya está investigando un nuevo caso. El asesinato de quince personas en una mina abandonada. Y se conoce el nombre del asesino. Un tal Leopoldo Guzmán.

En la vida de Galindez, el enlace entre la memoria y el pasado nunca está muy lejos.

¿Cómo ha afectado su formación en criminología a su forma de escribir?
En dos maneras. Una es que estudiar para un doctorado y trabajar como investigador en el sistema de justicia penal, así como dar conferencias sobre el tema, me dio una energía enorme para la escritura. Sé todo lo necesario acerca de escribir informes, resúmenes de un informe o documentos. ¡Así que escribir ficción fue un cambio agradable!
En segundo lugar, una parte importante del análisis en criminología es el examen de la relación entre el comportamiento individual y el de la sociedad en la que vive el individuo. Estas preguntas también son aplicables a las dictaduras. Pero al hacerlo, también se plantea la cuestión de qué constituye un delito. Si está prohibida la libertad de expresión, entonces alguien que rompe esa ley o norma es técnicamente un delincuente a pesar de que en otros lugares no sería considerado de esa manera en absoluto.

La transgresión es una cosa diferente según quién la define. ¿Y quién que puede decidir estas cosas? El que tiene poder.
¿Es un hombre como Guzmán un patriota o un asesino? Obedece órdenes como un buen soldado. Pero si esas órdenes son para matar a alguien, ¿quién es el asesino?
Como observa la doctora Galindez: tantas preguntas, tan pocas respuestas.

¿Cómo definiría la ambientación que le da a esta novela?
Tal vez como posguerra noir: Una sociedad empobrecida, un largo invierno. Una sociedad donde se raciona la comida y nunca hay suficiente para todos. La gente tiene hambre y frío, mira a través de las ventanas de los restaurantes donde los miembros del régimen comen bien. Todo está sucio, o roto. Las escaleras huelen a humedad y a comida de ayer. Los montones de nieve ensucian el borde de la carretera.

Es una vida de constante terror; la gente tiene miedo, siempre están preocupados de que puedan escucharlos decir algo equivocado. Y tienen razón, porque hay gente escuchándolos de las sombras. Cuando se van a la cama por la noche, se asustan cada vez que oyen el ruido de unas botas bajo una ventana.

Una noche quizás sean las botas de Guzmán.

¿Definiría su novela más como novela histórica o como novela negra?
Una novela negra, seguro. Yo no soy un historiador, sino alguien interesado en la historia española.
Varias personas me han dicho que el libro ha abierto su apetito para conocer más acerca de la Guerra Civil, los cual es genial para mí. Espero que lo hagan. Otros me dijeron que lo disfrutaron como un thriller complejo con algunos personajes interesantes y que a ellos no les interesa mucho la historia. Leemos todos de maneras diferentes. Me alegro de que lo hayan disfrutado. Ojalá que los lectores en España puedan disfrutar de ella también.

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