El teólogo y filósofo Paul Tillich advirtió que “la profundidad es la dimensión perdida de nuestro tiempo”. La frase no solo conserva vigencia: parece haberse vuelto diagnóstico cotidiano. En una época marcada por la inmediatez, la sobreabundancia de información y la velocidad con que circulan las opiniones, la reflexión pausada tiende a diluirse, desplazada por la urgencia de reaccionar antes que comprender.
La irrupción de las redes sociales ha sido decisiva en este escenario. Por una parte, han contribuido a democratizar el acceso a la información, permitiendo romper cercos informativos y cuestionar narrativas dominantes que, durante décadas, moldearon a audiencias muchas veces pasivas. Han abierto grietas en estructuras de poder comunicacional que parecían inamovibles, ofreciendo visibilidad a voces históricamente marginadas.
Pero, al mismo tiempo, ese mismo ecosistema ha propiciado la proliferación de discursos superficiales, desinformación y opiniones carentes de fundamento. La ausencia de filtros rigurosos y la lógica de la viralización favorecen no necesariamente lo verdadero, sino lo inmediato, lo emocional o lo polémico. En ese sentido, como advirtió con agudeza Umberto Eco, “las redes sociales le dan el derecho a opinar a legiones de idiotas…”, recordándonos que la ampliación de la voz pública no siempre viene acompañada de una mayor calidad del debate.
Estamos, entonces, ante el anverso y reverso de una misma moneda: una herramienta que puede emancipar o empobrecer, según el uso que hagamos de ella. De ahí la urgencia de recuperar espacios donde la palabra no sea solo reacción, sino pensamiento; donde la conversación no se reduzca al intercambio fugaz, sino que se abra a la escucha, al matiz y a la complejidad.
Este proyecto nace precisamente desde esa necesidad: reinstalar la profundidad como valor, promover instancias de reflexión crítica y sostener diálogos que no teman a la diferencia. En una sociedad cada vez más fragmentada y atomizada, se vuelve imprescindible construir lugares comunes —no homogéneos, sino diversos— donde la inclusión, el respeto y la pluralidad de ideas no sean consignas, sino prácticas vivas que orienten el encuentro y la construcción colectiva.
Luis Benítez: ¿Cuáles son los principios rectores de la revista Tres Orillas?
Mario Meléndez: Tres Orillas es una revista electrónica de poesía, literatura y ciudad que conecta lectores con la mejor poesía contemporánea en español, inglés y chino, además de voces universales en traducción. Nuestra misión es crear puentes culturales entre las tradiciones poéticas que conviven en el presente, explorando cómo las ciudades y sus geografías estructuran la voz poética. Sostenemos este proyecto mediante una rigurosidad estética, independencia editorial y la convicción de que la gran poesía nace del diálogo entre lugares, lenguas y tiempos.
Cruza orillas. Lee el mundo.
¿Cómo es su estructura y por qué medios llega a sus lectores, cómo se accede a ella, cuál es su periodicidad?
Se accede a ella en www.tresorillas.com. La idea es, como siempre, publicar lo mejor de la poesía latinoamericana y universal, sin descuidar por supuesto el encuentro necesario y vital con los nuevos creadores. Está enfocada principalmente sobre aquellas lenguas que tienen más hablantes, es decir, el chino, el inglés y el español. Por eso la sección Tres lenguas es como la más visible. Cada 10 días aparecen ocho nuevos autores de distintas partes del mundo. Publicamos un post diario de lunes a viernes, que las redes sociales, principalmente Facebook e Instagram, ayudan a multiplicar. La revista cuenta con diversas secciones como la ya citada Poesía en Tres Lenguas, Poesía Latinoamericana, Poesía Inglesa, Poesía China, Poesía Universal, Poesía Española, Entrevistas, Ensayos, Poetas, Nosotros, Sitios Amigos, y otras interesantes secciones que irán apareciendo con el correr de los días.
¿Quiénes integran el resto del equipo y por qué razones fueron incluidos en él?
Aparte de las personas que llevan a adelante este proyecto, que soy yo como editor, la periodista Marcela Meléndez a cargo de las redes sociales y el editor adjunto Daniel Carrasco Medina, la revista cuenta con un prestigioso consejo editorial internacional que garantiza la excelencia y diversidad de nuestro contenido. Este comité está integrado por Zhao Lihong (China), Jeremy Paden (Estados Unidos), Ming Di (China/Estados Unidos), Daniel Calabrese (Argentina/Chile), María Ángeles Pérez López (España), Xi Yueping (China), Enrique Solinas (Argentina), Dulce Chiang (México), Emilio Coco (Italia), Jidi Majia (China), Luis Benítez (Argentina), Mario Bojórquez (México), Virginia López Recio (España), Miao Kegou (China), Eduardo Casar (México), Nieves García Prados (España), Sun Xintang (China) y Fernando Valverde (España). La razón de su inclusión es el prestigio que representan en sus respectivos ámbitos y tradiciones, y la capacidad y generosidad de abrir puentes entre diversas culturas.
¿Qué planes tiene para su desarrollo a mediano y largo plazo?
La revista en su primera semana de existencia recibió visitas de más de 60 países, lo que augura una gran interés y consolidación en el tiempo. Lo que nos permitirá además crear otros proyectos: como una colección de poesía, concursos, festivales, talleres, seminarios, etc. Es verdad que mucho de esto se debe a nuestro trabajo de 6 años realizado previamente con la revista Altazor. Queremos que el principal objetivo de este nuevo proyecto sea la calidad de sus contenidos por un lado y la diversidad y rescate por el otro. En cuanto a lo anterior, tener la posibilidad de publicar autores y trabajos de regiones tan diversas, nos entusiasma y motiva para abrir nuevas secciones integradoras que sean del mayor interés entre un público lector. Que también seamos capaces de proponer nuevos contenidos a una audiencia siempre atenta a este tipo de iniciativas.
Sobre el entrevistado
Mario Meléndez es un poeta chileno nacido en Linares (1971). Entre sus libros figuran: Vuelo subterráneo, El circo de papel, La muerte tiene los días contados, Esperando a Perec, Jardín de escombros y El mago de la soledad. Parte de su obra se ha traducido a diversos idiomas. En 2012 fija su residencia en Italia y al año siguiente recibe la medalla del Presidente de la República Italiana, concedida por la Fondazione Internazionale Don Luigi di Liegro. En 2015 es incluido en la antología El canon abierto. Última poesía en español (Madrid, Visor). En 2017 algunos de sus poemas aparecen traducidos al inglés en la mítica revista Poetry Magazine de Chicago. En 2018 regresa a Chile para asumir como editor general de la Fundación Vicente Huidobro. En 2022, RIL editores publica su obra poética reunida bajo el título Apuntes para una leyenda y la antología Réquiem para frutas suicidas. Es considerado una de las voces más importantes y originales de la nueva poesía latinoamericana.