La presente obra es una novela histórica sobre el Cerco de Zamora, la gran urbe del Reino de León. Comenzaré con el Romance, sensu stricto, sobre dicho hecho histórico: “¡Allá en tierra leonesa, un rincón se me olvidaba, Zamora lleva por nombre, Zamora la bien cercada, de un lado la cerca el Duero, del otro Peña Tajada…!”. Tras la muerte de la Reina Sancha I de León y de su regio-esposo-consorte Fernando I “Magno” de León, aquella como propietaria o a la que pertenece el global de la Corona de León, con sus territorios dependientes (Castilla/Burgos y Galicia) decide la división de ellas entre sus hijos, ya que su esposo solo fue Conde de Burgos. Aquí va el testamento donde Fernando reconoce a su esposa como propietaria y siendo ella la que divide las tierras. Considero estrictamente necesario la presentación de una serie de textos explicativos medievales sobre Zamora, su Cerco y su Reino de León. Comenzaré con el testamento: “Fredenandus annos viginti septem regnavit: qui in vita sua cum uxore sua nomine Sancia, Regis Adefonsi filia, ad quam Regnum pertinebat, ipsum Regnum inter tres filios ejus, Sancium scilicet, Adefonsum, Garseam, divisit; et Sancio primogenito totam Castellam cum Asturiis Sanctae Julianae, et cum Caessaraugusta civitate, et cum omnibus suis appendentiis, (quae tunc Sarraceni obtinebant, unde tunc temporis ipsi Mauri tributum anuatim illi serviendo reddebant) in propium rediit. Adefonso vero Legionem cum Asturiis, et Regno Toletano, (quos tunc similiter Sarraceni obtinebant, sed tributum illi annuatim inde reddebant) tribuit.”. Asimismo, el texto explicativo prístinamente de la Historia Legionense o Crónica Silense sobre dicho Cerco: “Entre tanto, los zamoranos permanecieron inmóviles en medio de aquella tempestad. Sin duda estos zamoranos, cuyas defensas habían sido fortificadas con el auxilio del rey Alfonso, al no soportar la derrota de su señor, mataron mediante la astucia al rey Sancho mientras les asediaba gracias al envío de un caballero de gran audacia. En efecto, el rey, inesperadamente atravesado por la espalda con una lanza por él, perdió la vida junto con su sangre. El mismo que lo abatió tan audazmente, según se había planeado, montado en un rapidísimo caballo fue recibido incólume por los ciudadanos, una vez abiertas las puertas de la ciudad. Y, muerto el rey, hubieras podido ver cuánta dispersión y cuanta tristeza hubo en vez de tanta audacia y tanta alegría en aquel ejército tan grande y tan excelente”. En la Chronica del Cid, publicada/edición en el año 1512, se puede leer, sobre el Portillo de la Lealtad-2010: “E después que la Villa fue andada en derredor toda, ovo el Rey de descender en ribera de Duero; e andando asolazándose, el Rey traya en la mano un venablo pequeño dorado, como lo trayan los Reyes, onde él venia, e diógele a Vellido que gelotoviesse. E el Rey apartóse a solazarse, e a fazer lo que los omes non pueden escusar; e Vellido Dolfos, quandovido al Rey de aquella guisa, tiróle el venablo, e dióle por las espaldas, e salióle de la otra parte por los pechos; e desque lo ovo ferido; bolvió las riendas alcavallo, e fuese quanto pudo para aquel postigo que él mostrara al Rey”. Y, por supuesto, en la Crónica de España de Lucas de Tui/El Tudense, del siglo XIII, edición de 1926 de Julio Puyol se cita el patriótico hecho legionense: “Mas los çamoranos, no podiendo sofrir el destierro de su señor el rey Alfonso, en ese tiempo porfiaron muy non vencidos, y alçaron sobre sí príncipe a Arias Gonçalez, que auía criado a essa Vrraca, así como la noble Urraca auia establecido. Y mientras quel rey Sancho estudiese en essa çerca, salió de essa çibdad vn cauallero de gran osadia, que auia nombre Vellido Arnolfo, que ferio, sin sospecha, de traues a esse rey Sancho con vna lança, el qual rey, llagado con la lança por el pecho, derramó juntamente la vida con la sangre; fuió (huyó) ese cauallero que tan osadamente le ferió, e con arrebatado correr de cauallo se metió en Çamora”. Finalizaré con un Diploma del propio Rey Sancho II “el Fuerte” de León y I de Castilla, donde reconoce la regia preeminencia de su hermano Alfonso VI de León: “Imperante el príncipe Sancho en Burgos, y mi hermano el emperador Alfonso en León”. Está claro que Nieves Muñoz, historiadora y enfermera o viceversa, cumple el axioma del profesor-doctor en Medicina, José de Letamendi y Manjarrés (1928/Barcelona-1897/Madrid. Académico y antropólogo): “El Médico que solo Medicina sabe, ni Medicina sabe; y; el Médico que a la vez no es un Filósofo o un Humanista, no es ni siquiera Médico”. Tras este prólogo ingente pero que modestamente estimo necesario, indicaré que, la acción nos sitúa en ese momento histórico del Medioevo en el que Sancho II ha derrotado, por segunda intención, ya que de forma primigenia fue derrotado y debió huir de Golpejara, y una vez revertida la concusión bélica contra su hermano Alfonso VI, Sancho que desea ser rey y emperador de León, olvidando su minimizadora titulación burgalesa, se autocorona en la Pulchra Leonina como Monarca titular de León, y desde ahí hasta Zamora esa será su titulación. Es el momento clave de la lucha por el trono legionense, donde se delinean una serie de personajes de ficción, que bien pudieron existir, y que magníficamente dibujados sostienen todo el entramado de esta magnífica novela-histórica. “El vulgo clama sangre. La furia choca contra las piedras del muro exterior del castillo y salpica los charcos de la rúa del Mercadiello; se mezcla con el barro de esos días de invierno en los que un cielo despejado permite que el sol deshaga las placas de hielo. La música desgranada por las cuerdas de la fídula y el resonar de la piel tensa de la pandereta han enmudecido. En esta ocasión, la familia nómada que ha traído sus canciones no es la protagonista del espectáculo. La mujer posa las manos sobre los hombres de un niño en el que ya se atisban las hechuras del adulto en el que se convertirá. El hombre, que acaricia las cuerdas de su instrumento en un gesto mudo, frunce el ceño ante la algarabía. Son artistas. Admiran la belleza, no el castigo ni la muerte”. Esta novela-histórica puede definirse como coral, donde todos los personajes son destacados y esenciales para el hilo conductor de la obra. Y, por encima de ellos y protegiendo la narración está Zamora Se puede definir la obra con dos palabras, lealtad de todos aquellos que apoyan al Rey Alfonso VI, y traidores los que no aceptan la legislación testamentaria correcta y apoyan a Sancho II de León y de Castilla de forma espuria. El destino de los sitiados zamoranos se forja en el yunque de los venablos del nuevo monarca de León, quien sabe, de forma fehaciente que, si conquista Zamora, la denominada como Semura en el libro, tendrá a la oposición en un puño. Zamora es la posesión indiscutible de la infanta Urraca, volcada en el apoyo hacia su hermano Alfonso VI, pero lo mismo le ocurre a su otra hermana, la infanta Elvira de Toro. Por supuesto que deseo destacar y no me olvido de Ruy Díaz de Vivar, el Cid Campeador que forma parte de la trama vivencial del libro. Página-459 Sancho II no es Rey de Castilla, es ¡de León! Los personajes inventados sí presentan un cariz historiográfico, y los históricos secundarios son magníficos; verbigracia la médica hebrea Judit siempre diligente con los pacientes. Midueña es la criazona/servidumbre definida por la pertenencia de la Infanta Urraca y debe casarse con Petro. Eylo es la condesa legionense que se casa con el dux Pedro Ansúrez, el magnate por antonomasia de la curia regia de Alfonso VI de León, y tal es su predicamento curial que acompañara al monarca a su destierro en la taifa de Toledo. Álvar Fáñez de Minaya, podría ser pariente de Rodrigo Díaz de Vivar, pero muy vinculado, siempre, a la monarquía de León, y morirá en Segovia una noche asesinado por enemigos de la Reina Urraca I de León, Imperatrix Legionis. Vellido Adolfo estuvo muy honrado en la corte-curia regia (hasta 1075 en que falleció) de Alfonso VI, ¡nada de traidor!, y su hijo, Pelayo Vellitiz sería Mayordomo (1079 a 1086) del monarca de León, y luego tenente de Zamora y de Coria. La prosa de Nieves Muñoz es de una importante riqueza, descarnada y hermosa a la vez. «Es ésta una leyenda, un romance, una historia legada por el tiempo. ‘Zamora, la bien cercada’, entonarán los juglares. Pues ya sitian la ciudad el rey Sancho y sus mesnadas, prestos para la cabalgada. Y con él, sus mejores hombres; entre ellos, el Campeador y un joven Álvar Fáñez que busca aún su destino. Intramuros de esa fortaleza bañada por el Duero, la decisión está tomada: no cabe la rendición. Así lo manda la infanta Urraca, siempre fiel a su hermano Alfonso. El destino de Semura y sus habitantes se forja, así. Día a día, bajo el constante aleteo de los monstruos que sobrevuelan los bosques y se esconden tras las piedras. Pronto, el hambre, el miedo y la enfermedad se hacen más fuertes. Sin embargo, y pese a todo, queda la fortaleza de espíritu, el honor, el amor y la esperanza. Y a todo ello se aferra la galena judía Judit, siempre atenta con los pacientes, aun cuando pueda despertar la ira del Señor; Midueña, criazona de la infanta obligada a desposarse con Petro; también Elka, joven juglar sin voz que habla con el viento, y Marina, la niña de enmarañados rizos oscuros que no se doblega por nada. Ellos y muchos más serán las letras en esta historia. Todo empieza un día de justicia… y entonces nacerá la leyenda». Congratulaciones para la autora de un servidor, doctor en medicina. ¡Obra destacada y necesaria para un hecho histórico de gran valor! «Hunc praeterea maturae aetatis esse decet, et non solum officio, seos etiam morum gravitate reverendum». Puedes comprar el libro en:
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