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Tony Rham en Eslovenia
Tony Rham en Eslovenia

Entrevista a Tony Rham: "Hoy, la sociedad se ha adueñado tanto de nosotros que se han diluido los motivos por los que se contaban historias, mitos o leyendas en el pasado"

Autor del libro "El buscador de historias"

jueves 18 de julio de 2019, 20:08h
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No fue fácil, pero lo hemos conseguido. Del Snaefellsjokull, allá en Islandia, a las fumarolas del Stromboli, en Italia, siguiendo la ruta del verniano profesor Lindenbrock en su Viaje al Centro de la Tierra. Finalmente, encontramos al “intraterrestre” Tony Rham haciéndose el sueco en el parisino Café de la Paix. No esperamos más para autoinvitarnos a un Pernod bien frío, a la salud de su primera novela, "El buscador de historias".

Tony Rham
Tony Rham

De pronto, un ingeniero informático transborda al mundo del yoga y la meditación, se convierte en un acreditado profesor de pilates…. y le da por la literatura. Su iluminación, ¿fue camino de Sillicon Valley, o a la vuelta de Damasco?

Llevo la literatura en la sangre desde que era un niño, cuando me pasaba horas elaborando mis propios tebeos de la serie Bola de Dragón. A los trece años mi pasatiempo favorito era utilizar el carnet de la biblioteca de mi ciudad para adentrarme en todo tipo de libros: Las colecciones de Barco de vapor, la ciencia de Carl Sagan, la filosofía de Lao Tse y un muy largo etcétera... Mi iluminación con la escritura, creo que precedió a cualquier otra cosa que he hecho en mi vida. Aunque debo reconocer que el descubrimiento de que había nacido para escribir no se reveló con claridad hasta después de mi adolescencia.

¿Cómo surgió la idea de "El buscador de historias"?

Todos somos buscadores de historias. La novela surge de esa esencia. Las sociedades anteriores a la nuestra se reunían para escuchar historias de los hombres sabios, de trovadores, poetas, chamanes. En todas las historias antiguas encontrabas un aprendizaje, nos hacían sentir parte de ellas. Hoy, la sociedad se ha adueñado tanto de nosotros que se han diluido los verdaderos motivos por los que se contaban historias, mitos, cuentos o leyendas en el pasado. La industria del entretenimiento lo ha acaparado todo bajo el dominio de sus propios intereses, pero no debemos permitir que las historias dependan de empresas. Las historias las tenemos que hacer nuestras para que nos transformen; es en ese momento cuando nos convertimos en buscadores de historias. Este libro surge de la necesidad de que los niños no olviden que son buscadores de historias, de que nacen siéndolo, pues es una cualidad que sólo el ser humano tiene en este mundo. A los adultos es más difícil recordarles estas cosas.

Su relato, presuntamente infantil, incluye una enmienda a la totalidad –Y más concretamente a la virtualidad del mundo que nos ocupa y desocupa-. ¿Es grave, doctor?

Es grave, sí. Ya no tenemos tiempo para lo importante, sólo para lo superficial. Si eres escritor novel se valora más tu número de seguidores en las redes sociales que una buena historia, y este es sólo un pequeño ejemplo. Ese tipo de detalles nos avisan de que no vamos por buen camino. Si no encontramos el equilibrio, quizá la imaginación abandone este mundo y nos condene a la decadencia. Nos sobra orgullo y nos falta consciencia.

Decía Camus que todas las revoluciones son metafísicas. La revolución pendiente, ¿pasa por recuperar la infancia perdida –en sus dos formatos (la estrictamente infantil y la de los adultos medianamente adulterados-.?

Camus sabía lo que decía; Todas las revoluciones empiezan en el mundo interior. Tu pregunta, en apariencia sencilla, es muy difícil de responder, porque para recuperar algo primero hay que tenerlo y, hoy en día, estamos presenciando el hecho de que muchos niños ya ni siquiera son infantiles, es más, ¡estamos impidiendo que lo sean! que se embarren cuando llueve, que se caigan, que salgan a que la naturaleza les enseñe su lenguaje. Ahora todo ocurre a través de una pantalla. El momento que vivimos es grave. ¿La revolución pendiente? Eso da para un libro. Recomendaría Origen y presente, de Jean Gebser, Atalanta.

No le oculto que he leído su relato en estado de trance. De pronto me veía en la caverna de Platón, un cohete verniano me proyectaba del centro a la corteza terrestre, allá casi me doy de bruces con el Micromegas de Voltaire… y esto solo es el comienzo. ¿Es el suyo un libro en clave?

Mi libro es un libro actual que dice cosas antiguas, esa es su esencia, si se sabe esto deja de ser un libro en clave. C. G. Jung hablaba de hasta cuatro niveles de lectura en un verdadero texto artístico. Yo creo que hay todavía más, y esa es la clave. Si el libro es original es por la forma en que lo cuento, actual, no por los temas universales que se abordan. Como bien dices, ya otros han hablado de ellos: filósofos, magos, alquimistas, poetas... Me ilusiona es que mi primera novela publicada haya nacido dirigida a los niños, aunque no sólo a ellos.

Resuélvame qué significa el nombre de Cidonia. Y no recurra a los mitos de Agartha y Shambala. Ya están pillados.

Cidonia es un viejo nombre de la diosa Palas Atenea, la diosa de la sabiduría. Aunque el término también está relacionado con una ciudad de la Creta minoica que veneraba a esta diosa en su modo más guerrero. Se dice que fue fundada por Cidón, hijo del mismísimo Hermes. En mi novela, Cidonia es el lejano país intraterrestre de donde viene el buscador de historias. No es casualidad, por supuesto. Es un país milenario con una sociedad que cree saberlo todo hasta que se da cuenta de que se está muriendo de hambre por un hecho al que nosotros no le damos ninguna importancia, la capacidad de imaginar historias.

El momento que vivimos es grave. ¿La revolución pendiente? Eso da para un libro

¿Quién se oculta bajo la piel de Mateo?

Mateo es un buscador de historias que viene de un lugar donde desde hace tiempo se sabía mucho pero, de tanto que creían saber, se estaban olvidando de lo importante. Este es un grave problema si el alimento principal de tu civilización son las historias... Bajo la piel de Mateo se puede poner cualquier persona que despierte a la belleza del mundo y tenga la osadía de saber que no sabe nada. Hay que ascender la montaña para buscar nuestras propias respuestas.

¿También fue usted un Cele avant la lettre?

Totalmente. Cele es un niño que vive en un mundo que comprende pero en el que no encaja. Sigo siendo un Cele; aunque ya en la mitad de la treintena, creo que es muy saludable.

En su estupendo prólogo, Carmen Amoraga incluye una cita de Emily Dickinson: “Para viajar no hay mejor nave que la imaginación”. ¿Viaja usted mucho?

Carmen fue muy generosa. En cuanto al término viajar, si lo utilizamos en su versión imaginal, he viajado tanto como el que más, habré dado ya varias vueltas a la galaxia, calculo. Pero para las personas adultas que han secado su imaginación esto es muy complicado de entender a la luz de la razón.

Sigue otra de Gioconda Belli: “Quien no tiene ojos para soñar, no ve los sueños ni de día ni de noche”. ¿Se sueña mejor cuando se lee? No me responda todavía. También yo soy de los que piensa que hemos delegado en las pantallas la onerosa tarea de imaginar.

Las pantallas están aletargando la imaginación de nuestros hijos, y ese es el camino de una decadencia intelectual de consecuencias imprevisibles, de un empobrecimiento en la calidad de su imaginación, por lo tanto, de sus ideas y, en definitiva, del mundo que les rodea y del que serán responsables algún día. Todo se empobrece si permitimos que se deje de imaginar y nos sentamos delante de una pantalla. La lectura alimenta una forma de imaginación abstracta y simbólica que sólo es capaz de alcanzar el ser humano. Observar una pantalla y ver lo que ocurre en ella de forma pasiva lo puede hacer un gorila sin muchos problemas.

O sea, que Cidonia, más que dentro de la Tierra, queda justo entre la aorta y la mitral, en el corazón de nosotros mismos. ¿Anima mundi o electrocardiograma en prosa?

En tu pregunta se encuentra la respuesta. Cidonia es algo más que un país intraterrestre, pero eso lo tienen que descubrir los lectores. En una rama del sufismo que florece alrededor del siglo XII y que proviene en sus orígenes de Platón y su academia se describe el órgano de la imaginación y de esta como pasarela a otros mundos; Ahí lo dejo para los curiosos. Mi próximo proyecto, en el que llevo trabajando ya tres años, entra de lleno en esos otros mundos.

Junto con los dibujos de Teresa Cebrián, incluye un cuadernillo con ilustraciones de la misma autora para colorear. ¿Y qué más?

Teresa, una de las mejores ilustradoras para niños que conozco, se implicó en el proyecto desde el principio. La novela, que está pensada para niños de entre 9 y 99 años, viene acompaña por un gran cuadernillo para colorear para los más pequeños de la casa. Nos pareció una idea interesante para familias en las que hay personitas de diferentes edades. Mientras el peque de cuatro años pinta la historia de Mateo y Cele, el de cuarenta la está leyendo.

Permítame ser absolutamente obsceno, aunque haya niños delante. ¿Cómo se explica que un relato como éste no haya encontrado editor y haya tenido que autopublicárselo?

Me he hecho la pregunta en varias ocasiones, y la única respuesta es que no ha llegado su momento de salir a la luz. Hace varios años una gran editorial estuvo a punto de publicarlo. Pasó la prueba del informe de lectura, el filtro del editor, incluso hablé con él y se plantearon algunas pequeñas revisiones. Cuando llegó a la mesa comercial se desechó el proyecto. La respuesta fue que no soy un autor conocido. Tampoco tengo redes sociales donde decenas de miles de personas sigan mis pasos. La autopublicación en Amazon no pretende más que compartir el relato con los amigos y con los que quieren disfrutar de él y llevan tiempo preguntándome. Es un quitarse la espina después de varios años de negativas. Si alguna editorial seria estuviera interesada estaría encantado de hablar con ella.

El panorama editorial, a su juicio, ¿es como para embarcarse en la nave Ouroboros-54 y desaparecer, como poco, en los submundos siderales de Cidonia?

Hay un problema de fondo en el sector, pero no soy quien para dar soluciones, yo sólo escribo. Lo que está claro es que algo no funciona bien cuando se busca inundar la mesa de novedades, el gran pelotazo o se contacta con influencers por el mero hecho de serlo y se les pide cualquier cosa para que sea publicada. Estoy convencido de que más de la mitad de las ediciones de libros de este país son prescindibles y no añaden nada nuevo al panorama literario.

Suponga que soy un gafapasta con atribuciones de editor. Lo que tenga que decirme, dígamelo a la cara. No se corte. Al fin y al cabo, las bofetadas se las va a llevar él.

Los editores hacen lo que pueden, más si cabe cuando se les ha quitado el poder. En España tenemos muy buenos editores, lo he podido vivir en primera persona con editores como Jacobo Siruela e Inka Martí en Atalanta o Juan Casamayor en Páginas de espuma. Además, son profesionales con una gran responsabilidad; tienen la misión de pulir los textos de los escritores como el orfebre que pule un diamante para convertirlos en libros que se puedan vender. Lo que es triste es que ya no tengan el control. Mandan los números, los comerciales. De acuerdo, una editorial no es una ONG, pero deberíamos encontrar el equilibrio entre lo artístico y el aparato comercial de una editorial.

Muy bien, ya se ha quedado a gusto. ¿Y también con ganas de lanzarse a una nueva aventura?

En estos momentos estoy trabajando en una tetralogía juvenil que protagoniza una niña alquimista y en un guión de serie de televisión. La imaginación es muy generosa conmigo en este sentido, siempre lo ha sido. En mi cajón esperan más de una veintena de ideas que esperan ser desarrolladas y que me parecen maravillosas.

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