www.todoliteratura.es

"La soledad que nos habita", de Paloma Fernández Gomá. Traducción al árabe, Salma Moutaouakkil

Ediciones Diwan Mayrit, Madrid, 2024
jueves 11 de abril de 2024, 07:46h
La soledad que nos habita
La soledad que nos habita
En una esmerada edición bilingüe (español-árabe) ilustrada con una elocuente acuarela de Karima Toufali, se nos entrega esta segunda edición del poemario "La soledad que nos habita" aumentada con esa traducción de la profesora, poeta y traductora Salma Moutaouakkil.

Los edificios más racionalistas, creativos y tipografiados de la literatura, en concreto de la poesía, llevan los cimientos de la soledad. El escritor y prologuista Antonio García Velasco (al que tanto añoramos), fija de hecho un itinerario en el panorama hispano con Góngora, Lope, Villaespesa, los hermanos Machado, Lorca, Hernández, Benedetti, y, desde luego, Paloma Fernández Gomá participa de ese grueso de preocupaciones de la humanidad, entre otras, el paso del tiempo, las amenazas directas a la naturaleza, la atención a la diversidad, la memoria, el contexto del momento -en este caso fue el Covid- y el espacio donde se conjugan compromisos, producciones poéticas y proyectos culturales como es el Estrecho de Gibraltar. Quizá esa defensa de la soledad es una búsqueda de un mundo más justo donde se cuide la libertad y la razón para que la verdad se cuide y condense brillantez. Sin embargo, la sensación de pérdida es tan evidente como la necesidad de rearmar éticamente o realmar a nuestro tiempo: “El hombre ha debilitado el glosario/de su existencia y pretende ser el árbitro/del gran partido del mundo”. Digamos que la poetisa se aproxima al todo de la vida a través de fragmentos de soledad, una mirada, las propias ausencias, el amor o el desamor, un soledad que se viste de corsario, que silencia las palabras, que se desnuda y nos brinda también serenidad, una soledad que podemos encontrar en nuestros pasos y en la ficción, que se percibe con síndromes nítidos y que se oculta con sigilo. Hay en estos poemas unas visibles resonancias de humanismo solidario, movimiento en el que se adscribe nuestra autora. Podría percibirse una exhortación lírica que se desarrolla en estos 29 poemas, que entiende la necesidad de aprehender la Historia como horizonte de solidaridad, como eje emocional donde la soledad configuraría una tabla de salvación, quizá y a veces, pero sobre todo tendría más voluntad de ser elemento transformador. Desde luego, bastaría fijarse en su labor cotidiana para rescatar su dimensión ética o acudir a su obra, especialmente la referida a poesía, para sentir ese pálpito de lo otro con su esclarecedor y sugerente verso no exento de espiritualidad. No pienso solo en reconocimientos críticos sino en un Premio tan relevante como el Premio Mecenas Manuel Altolaguirre de la Literatura Andaluza que recibieron entre otros personas de la talla de Francisco Peralto, Francisco Vélez Nieto, Rafael de Cózar, Antonio Garrido Moraga, La revista Ánfora Nova, entre otros.

Para que no quede duda, suscribo, como la autora en un magnífico poema titulado “La soledad que nos acompaña” se “buscó la justicia entre los desheredados/y forjó el pan de la herencia universal”. La poesía de Paloma Fernández Gomá engendra sueños y razón con un talante cercano a la “generación entusiasta” que encabezara el poeta, impresor y amigo también añorado, Francisco Peralto. A poco que uno se detenga, el yo poético es la mayoría de las veces un “yo colectivo”, un genuino y verdadero “nosotros”que huye de lo arbitrario, las agendas de contactos con listas negras y la literatura convertida no solo en un oscuro objeto del deseo sino en un vulgarizada mercancía de intercambio. Su escritura nos remite siempre a la aventura del pensamiento, o mejor dicho, del pensamiento que se despierte en la imaginación, la aventura del escribir y los catalizadores de lo emocional. Lo apuntó con acierto Virginia Wolf. Necesitamos sentir, lo que sea, pero sobre todo, emocionarnos. Cierto es que en la amplitud humanista solidaria que puede ciertamente perder perspectiva, perfil además de caer en un cierto exceso definitorio, la poesía de Paloma Fernández Gomá permanece fiel a ese binomio de tradición y modernidad, técnica y pasión, sustancialidad y método, un quehacer literario que ejerce con responsabilidad, como otras tareas, sean las de dirigir la revista Dos orillas, rubricar el arte de la columna de opinión o la crítica literaria, coordinar sus tareas de correspondiente, gestora o delegada en La Academia de Nobles Artes de Antequera o Asociación Colegial de Escritores o en algunas otras instituciones, nos muestra y demuestra de manera sistemática la seriedad, el rigor y la responsabilidad con la que se enfrenta a lo que llamaremos “deber”. Un crítico tan solvente como Pedro García Cueto nos señala que “Este libro revive el tiempo, nos encuentra con nuestras sombras. Paloma Fernández Gomá vive en los poemas y nos abraza en cada verso, ya somos suyos en el lenguaje transparente de su voz interior”.

En efecto, establece este pacto tácito, elegante y denso con lectores y lectoras, invocando un talante de pureza en el gesto, el acto, la búsqueda. Ratifica a la vez, el ritmo o latido versal y una cierta melancolía que podemos codificar en aromas, sonidos, imágenes; una memoria que desea ser soberana en verdades sin estridencia y una poesía que busca las alas de ángeles, los rumores y signos de tiempos en el mar, la condición humana que en buena medida se debate entre el desasosiego y el entusiasmo. En cualquier caso y debe ser muy cierto, como nos escribe la autora que “la razón del tiempo se consume/en parámetros desiguales, no hay estrategia/para los indecisos...”

Puedes comprar del poemario:

https://amzn.to/4amyJQi
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios