Federico García Lorca: Un viaje poético a través de CancionesDe la sección X [“Amor”. (Con alas y con flechas)] de Canciones, libro publicado por García Lorca inicialmente en la revista malagueña “Litoral” con el título de Nuevas canciones (1921-1924), ofrecemos comentados tres de los poemas, de los 10 de que se compone: “Eco”, “Preludio” y “Despedida”.
Eco
Ya se ha abierto
la flor de la aurora.
(¿Recuerdas
el fondo de la tarde?)
El nardo de la luna
derrama su olor frío.
(¿Recuerdas
la mirada de agosto?)
Federico García Lorca: Canciones.Alianza Editorial, 1998.
El poema está compuesto por cuatro dípticos de versos heterométricos, el segundo y el cuarto de los cuales forman otras tantas oraciones interrogativas escritas entre paréntesis y conforman un paralelismo rítmico y morfosintáctico: son trisílabos los versos 3 y 7 que mantienen la asonancia /é-a/, y heptasílabos libres los versos 4 y 8. El primero de los dísticos se compone de un tetrasílabo y un hexasílabo, sin rima (/é-o/ y /ó-a/, asonancias que ya no se repiten a lo largo del poema); y el tercero, de dos heptasílabos, igualmente sin rima (/ú-a/ y /í-o/). En los tres primeros dísticos asistimos al transcurso del día: la aurora, la tarde y la luna, un fluir del tiempo expresado con metáforas de alto valor estético. El despuntar del día convierte a la aurora en la apertura de una flor, símil implícito en que el colorido está en alguna forma presente, por la luz sonrosada de la aurora y el cromatismo de cualquier flor; además, la belleza es común tanto a la aurora como a cualquier flor. El segundo díptico coincide con la caída de la tarde, si hacemos semánticamente equivalentes “fondo”/“profundidad”. Y en el tercero, para aludir a la llegada de la noche, se recurre a una triple sinestesia: cromática (el brillo de la luna se compara con la blancura de los nardos), olfativa (los nardos son especialmente olorosos por las noches); y táctil (debido al descenso de la temperatura). El refinamiento esteticista de estos dos versos (5-6) es realmente extraordinario: “El nardo der la luna / derrama su olor frío”. Y es en el cuarto dístico donde se centra la atención del poema: en esa “mirada de agosto”. Porque es el recuerdo de un día de agosto lo que el yo poético quiere evocar en su aparenten diálogo con un tú explícito en el la forma verbal “¿Recuerdas…”? Lo que justifica el título del poema: “Eco”. Es, echando la vista atrás, la reminiscencia de “aquel día de agosto” que quizá perviva o perdure en el tiempo. Y de ahí la insistencia en la pregunta sin respuesta, que deja sumido en la incertidumbre al yo poético. Son los “ecos” de un ayer que los verbos en presente de indicativo actualizan.
Versión musical. Coro Estable Tandil. Iglesia del Santísimo Sacramento, Tandil (Buenos Aires), 2010. Directora: Annele Moroder. (Vídeo: 2:43-4:08). https://www.youtube.com/watch?v=rZoi-rbBzcQ
Preludio
Las alamedas se van,
pero dejan su reflejo.
Las alamedas se van,
pero nos dejan el viento.
El viento está amortajado 5
a lo largo bajo el cielo.
Pero ha dejado flotando
sobre los ríos sus ecos.
El mundo de las luciérnagas
ha invadido mis recuerdos. 10
Y un corazón diminuto
me va brotando en los dedos.
El poema es un romance de doce versos ostosílabos con rima asonante en los pares /é-o/, distribuido tipográficamente en seis dísticos; pero ofrece ciertas peculiaridades sobre el patrón clásico: el verso 1 y el 3, que son el mismo, tienen 7 sílabas y rima aguda /á/ (“Las alamedas se van”), lo que implica que el poeta quiere llamar la atención sobre su contenido. Además, el “vocalismo” logra una grata musicalidad (a-a-a-é-a-e-á). Por otra parte, los versos 5 y 7 tienen rima asonante /á-o/ (por lo que, dentro del romance, y en términos teóricos, formarían junto con los versos 6 y 8 una cuarteta diferenciada, con rimas cruzadas: /á-o/ -versos 5 y 7-, /é-o/, versos 6 y 8). Y puesto que los versos 9 (/é-a/ y 11 (/ú-o/) carecen de rima, también en términos teóricos formarían una copla con los versos 10 y 12, que riman en asonante /é-o/. Estas combinaciones de rimas ayudan a conformar la coherencia estructural del poema. En los cuatro primeros dísticos, la naturaleza es la protagonista; pero en los dos últimos aparece el yo poético, ya por vía de determinante posesivo (verso 10: “ha invadido mis recuerdos”), ya por vía de pronombre personal átono (verso 12: “me va brotando en los dedos”). En cualquier caso, y como plural sociativo, su presencia queda anticipada en el verso 4: “pero nos dejan el viento”. Por otra parte, hay un significativo cambio en el aspecto verbal: del pretérito perfecto del verso 10 -que acerca psicológicamente la acción pasada significada por el verbo al momento presente- (“ha invadido”), se pasa a una perífrasis verbal durativa en presente de indicativo (“va brotando”), lo que indica la continuidad de la acción significada por el verbo en gerundio. Estos cambios morfológicos tienen una significativa trascendencia estilística en el devenir poemático. Los dos primeros dísticos están relacionados por la repetición de un mismo verso (1 y 3), así como por la conjunción “pero” -a principio de cláusula- con valor de contraposición: en efecto, las alamedas desaparecen bajo el manto de oscuridad que expande la noche, “pero” dejan su rastro en el viento que mueve las ramas de los álamos. Los dos dísticos forman un paralelismo perfecto, tanto desde el punto de vista rítmico, como morfosintáctico, y el único cambio semántico que se produce es la sustitución de “su reflejo” (verso 2) por “el viento” (verso 4), así como la introducción en el verso 4 del pronombre personal átono “nos”. Y gracias a una anadiplosis (la repetición de la palabra “viento” al final del verso 4 y al principio del verso 5), el segundo dístico queda perfectamente enlazado con el tercero; un viento al que se describe metafóricamente: “está amortajado” (verso 5), es decir, envolviéndolo todo como si fuera un sudario que recubre un cuerpo, y de ahí la infrecuente construcción sintáctica del verso 6: “a lo largo bajo el cielo”, lo que es tanto como decir que solo existe viento por doquier. Sin embargo, los ríos han escapado a su influjo y su agua cantarina resuena en el ambiente: “Pero ha dejado flotando sobre los ríos sus ecos”. (hay que entender, pues, que los “ecos” son los murmullos producidos por las corrientes de agua, no de viento). Y es, de nuevo, la conjunción “pero” la que no solo relaciona el tercer dístico con el cuarto, sino la encargada de establecer la oportuna oposición: solo el agua de los ríos resisten el impulso del viento. La llegada de la noche (metafóricamente “el mundo de las luciérnagas”, verso 9) aviva los recuerdos del yo poético (verso 10) que, evidentemente, son de tipo sentimental. La combinación de consonantes nasales y la presencia del fonema /u/ (en las palabras “mundo” y “luciérnagas”, esta última esdrújula en posición final de verso) ayudan a sugerir la densidad de la oscuridad; y la propia contundencia significativa del la forma verbal en pasado próximo “ha invadido” hace que los recuerdos “se apoderen” del yo poético y se actualicen removiendo bruscamente su estado anímico. La conexión de los versos 9-10 con el dístico final se produce por medio de la conjunción copulativa “y” con valor aditivo; y surge así en el yo poético un sentimiento amoroso que va creciendo en intensidad, corporeizado en forma de “corazón diminuto” (verso 11) que unas manos emocionadas saben exteriorizar (verso 12). El dativo de interés representado por el pronombre “me” no lo exige la construcción verbal (“va brotando”), pero aporta un mayor grado de afectividad a la expresión.
Versión musical. Coro Estable Tandil. Iglesia del Santísimo Sacramento, Tandil (Buenos Aires), 2010. Directora: Annele Moroder. (Vídeo: 4:32). https://www.youtube.com/watch?v=rZoi-rbBzcQ
Despedida
Si muero,
dejad el balcón abierto. El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo.) El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento.)
¡Si muero,
dejad el balcón abierto!
Poema compuesto por cuatro dísticos, el cuarto repetición del primero, si bien en este último caso la entonación enunciativa se cambia por la exclamativa. Y salvo el verso primero y el séptimo, que actúan como pie quebrado introduciendo una proposición condicional, los seis restantes son octosílabos. La rima asonante /é-o/ se mantiene en los dísticos inicial y final, y se extiende al resto de los versos pares, mientras que los versos restantes quedan sueltos (verso 3: /á-a/; verso 5: /í-o/). Poemas similares a este hemos leído en Juan Ramón Jiménez (“… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros / cantando;” […]); o en Rafael Alberti (“Si mi voz muriera en tierra / llevadla al nivel del mar / y dejadla en la ribera.” […]); y más adelante compondrá, por ejemplo, Blas de Otero “Si me muero, que sepan que he vivido / luchando por la vida y por la paz.” […]). Poemas que, desde el punto de vista lingüístico, tienen en común la eficacia de las construcciones paralelísticas, esenciales para darles una estructura de “canción” y a la vez introducir un ritmo sosegado; tal y como ocurre en este poema de García Lorca, titulado precisamente “Despedida”. (El fragmento que hemos citado de Juan Ramón Jiménez pertenece al poema titulado “El viaje definitivo”; el de Rafael Alberti está incluido en Marinero en tierra; y el de Blas de Otero que es algo así como su testamento vital- inicia el poema titulado “Campo de amor”). El poema de García Lorca parte de una condición real, ya que el verbo está en indicativo y no en subjuntivo: “Si muero...” (versos 1 y 7). Y con gran nostalgia, el poeta evoca la vida que se observa desde el balcón de su casa, abierto de par en par, pero cuando él ya no pueda verlo: los niños comiendo naranjas (verso 3), los segadores en plena labor (verso 5)… Todo lo que le acompaña, y que seguirá “ahí” cuando el ya no esté para dar testimonio. Y lo más interesante desde el punto de vista estilístico es el valor intemporal de los verbos en presente de indicativo (“come”/“veo”, “siega”/“siento”), así como el presente de imperativo que expresa la voluntad del poeta: “dejad”. No se puede decir más con menos, ni con emoción más contenida. La tristeza contenida es, pues, la nota temática que articula un poema que descansa en el “tempus fugit”. Puedes comprar el libro en:
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