CONTRALUZ (Grupo Anaya), acaba de publicar la última novela de la escritora madrileña Paloma Bravo, Polis y cacos. Un relato colectivo que remueve y conmueve, que te retrotrae a un grupo secundario formal que, con seguridad, marcó la vida de casi todos nosotros: el colegio.
Polis y cacos, es un juego que fomenta el trabajo en equipo. Unos intentan escapar y otros atrapar. Exige buena forma física, utilizar estrategias, coordinación y comunicación entre los participantes. ¿Estarían dispuestos a jugar ahora los cuarentones medio calvos en los que se han convertido el grupo de chavales de aquel colegio elitista? ¿mujeres recauchutadas y elegantes que no se han vuelto a ver? El pasado llega de la mano de la que fue la más guapa de toda la clase. La más cruel también. La más bruja. Intenta reunir a los entonces niños con los que compartió clase desde los tres años. Y jugar a Polis y Cacos.
Paloma Bravo, con una prosa ágil, inteligente y certera nos devuelve a una etapa en la que pertenecer al grupo, ser aceptados y queridos, era fundamental para sobrevivir en un entorno basado en relaciones formales, impersonales, asumiendo tareas comunes y el rol que el propio grupo te asignaba. Es un periodo en el que se aprende a ser tolerantes, a respetar, compañerismo, a actuar con responsabilidad, a tener sentido de la equidad. En definitiva, a interiorizar creencias y valores que definirán el adulto en el que se van a convertir. El grupo que conforma nuestra identidad.
Pero la realidad no siempre discurre por los cauces correctos, como pone de manifiesto la autora. Para muchos niños, los raros, la escuela acaba convirtiéndose en un espacio que supone terror, pánico, humillaciones, porque los papeles se reparten desde el principio y será difícil quitarse la etiqueta. Los líderes fuertes, guapos, listos, serán los que deciden a quién eligen y a quién excluyen, creando también una mayoría silenciosa y cómplice que mira, pero no ve; que escucha, pero no oye; que asiste impasible a los abusos sin intervenir… porque tampoco ellos son capaces de salir del miedo.
Y aparecen sentimientos negativos dañinos, destructivos: es la envidia de los inseguros, de los que no destacan, de los no elegidos. Ansias de pertenecer, aunque sea a los malos. Elegir y ser elegidos. Se trata del ejército de los ignorados.
En el grupo se diluye la culpa, se desactivan los controles morales, llegando a producirse muchos comportamientos crueles, que se realizan en manada, que raramente serían cometidos de manera aislada por las mismas personas. Los sujetos se convierten en meros espectadores creyendo que alguien va a actuar… Se olvida la responsabilidad, el compañerismo, se pierde la identidad individual. Pero, el pecado en grupo no exime de la penitencia individual. Nuestros referentes ya no están en la familia, sino en el grupo al que queremos pertenecer y se justifica la crueldad contra los más vulnerables. Y el colegio se convierte en un lugar de víctimas.
Paloma Bravo sitúa la acción en un colegio elitista. En una etapa en la que, poseer dinero, -creían-, garantizaba el respeto y el éxito futuro. Un lugar en el que, los hijos, cumplirían las expectativas de los padres y harían aun más próspera la empresa familiar. Y esos niños se acostumbraron a recibir sin merecer, sin trabajar, esperando que, por ser quienes eran, todo les fuera concedido.
Y parecía que, también, los pobres que se esforzaran -los becados-, podrían ser iguales a los que tenían todo. Pero suponía demostrar que eran más trabajadores, más inteligentes, más fuertes, para ser aceptados, como el hijo del cocinero o la hija del profesor, porque los uniformes no evitan la discriminación.
¿En qué se han convertido aquellos niños y niñas que pasaron juntos tantos años? ¿Quiénes han triunfado sin renunciar a los principios que les hicieron más fuertes sin que el grupo se diera cuenta? ¿Quiénes siguen mirando en vez de haciendo y culpando al sistema de su propia mediocridad? Posiblemente, lo que son es lo que han hecho con lo que eran.
No se trata de revisar el pasado para anclarte en la culpa del daño que pudiste hacer solo por mirar sin actuar cuando algo no era correcto; se trata de aprender y avanzar, como decía el profesor de filosofía.
Paloma Bravo ha escrito una novela excelente, sólida, precisa, directa, y muy actual. Sería maravilloso poder afirmar que en los colegios se han erradicado la crueldad, los abusos, las injusticias, las humillaciones… pero no es cierto. Sigue habiendo raros que sufren, que son marcados por su procedencia, aspecto, físico, nivel económico… ¿En qué se convertirán? ¿fracasarán o la crisálida se convertirá en mariposa?
¿Cuántos de nosotros nos atreveríamos hoy a jugar a POLIS Y CACOS con los compañeros -no amigos-, de colegio? Tal vez, si el pasado fue un fracaso, el presente no sea suficiente, y comparar los logros duela.
Paloma Bravo es autora de La novia de papá, Los cuentos del Koala, Solos, Las incorrectas, Una historia de amores y Sin filtros. Polis y cacos es su última novela publicada. Ha estrenado obras de teatro en Madrid y Nueva York, y Solos ha sido adaptada a la gran pantalla. Su estilo es irónico, conciso, directo, entre la verdad y la carcajada. Por debajo, siempre empatía, ternura y una profunda inteligencia.
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