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"Sostener la alegría", de Sonia Aldama

Baile del Sol, 2026. 51 págs.
lunes 13 de julio de 2026, 17:16h
Actualizado el: 07/11/2026 23:06h
Sostener la alegría
Sostener la alegría

Cuando vi, por primera vez, el título de este poemario, el cuarto de la autora madrileña Sonia Aldama, en seguida, me vinieron a la mente unas palabras de Mario Benedetti, muy a propósito, creo, a la ocasión: «somos tristeza, por eso la alegría es una hazaña».

Y, quizás, en última instancia, estos poemas sean eso, el heroico intento de sostener la alegría en medio de la desolación, de la decepción y del desgaste del tiempo y de la vida, contra viento y marea, y contra toda esperanza, confiados en el imbatible sentido de «cada cosa que vuelve a la vida cada mañana» y «alegra el aire del nuevo día», como nos conmina la gran Ida Vitale en los versos que la autora cita en el frontis, justo, de la primera sección del libro.

Y es que en las tres secciones del mismo: “La otra frontera”, “La grieta” y, el tercero, “Sostener la alegría”, que da título a la obra entera, el poemario nos lleva a lo esencial: ¿quiénes son los que nos sostienen o, dicho de otro modo, quienes sostienen la alegría para nosotros?

La respuesta, para Sonia Aldama, está clara… Al final, son los más cercanos, los que nos quieren, y a los que queremos, acaso, también nosotros…

Rozo el alivio de abandonarme,

rezo el enigma que posee

la llave que desencadena la sonrisa.

Observo a los colibríes

y veo asombro en sus alas.

Y, así es, rezamos para que nos comprendan y nos sonrían, mientras observamos, distraídos, el asombro en las alas de los colibríes. Y quienes nos comprenden y comprenden esa mirada distraída nuestra al asombro del mundo, esos son los que sostienen nuestra alegría y la alegría del mundo. Lo que, bien mirado, en los tiempos que corren, no es poco.

Así, pues, es, sin duda, el amor el auténtico fundamento de la alegría; ¿el recibido más que el ofrecido? No queda claro en estos versos. Lo que sí lo está es que se esconde tras todo aquello y todos aquellos que nos defienden del horror de los escaparates, del dolor y de la indefensión; de la impotencia, del insomnio, del miedo a los otros y del resentimiento, sí, también de nuestro propio resentimiento y de nuestra rabia. Y del invierno.

La alegría es sentirse amada, desear y ser deseada, acompañar y ser acompañada, esta sería la piedra clave sobre la que se sostiene el torrente de imágenes y de metáforas que componen este poemario.

Cuando el tiempo nos ha vencido, cuando «ya no existen continentes desolados / ni mariposas confusas en el vientre», cuando la magia ha dejado de agitar nuestras entrañas, aún sobreviven o «viven exclamaciones» que, de un modo imprevisto y desconcertante, sostienen aún la alegría, (¿de estar vivos?). Exclamaciones, miradas, caricias, silencios que jamás dejaron de hacerlo.

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