Un poema de la vertiente creacionista de Gerardo Diego: “Nocturno”Cuando ya se ha instalado en el mundo literario el nuevo arte vanguardista, Gerardo Diego, máximo representante del Creacionismo español, publica Manual de espumas (Madrid, Cuadernos literarios, 1924), libro adscrito a este movimiento. Recordemos que el Creacionismo proclama la total autonomía del poema, el cual no ha de imitar o reflejar a la naturaleza en sus apariencias, sino atender a sus propios impulsos y a su lógica interna.
El poeta chileno Vicente Huidobro recoge con toda claridad el fundamento de la estética creacionista en su poema “Arte poética”, incluido en su libro El espejo del agua (1916), del que extraemos los versos finales: “¡Poetas! ¿Por qué ensalzar la rosa? / A través del poema podéis hacerla florecer. // Todo lo que existe bajo el sol / vive solo para nosotros. // El poeta es un pequeño dios”. Poema completo: https://www.poesi.as/vh0001.htm [Este es el mensaje: el poeta es un pequeño dios que no debe imitar a la naturaleza, sino crear mundos nuevos]. Y en una conferencia pronunciada en el Ateneo de Buenos Aires, en junio de 1916, Huidobro acuñó la siguiente frase: “La primera condición del poeta es crear, la segunda crear y la tercera crear”. A esa conferencia se refería en su Manifiesto del Creacionisno, publicado en París en 1925 -para contreponerlo con el Primer manifiesto del surrealismo (1924), publicado por André Breton-. Reproducimos la última parte del texto de Huidobro: Cuando escribo: “El pájaro anida en el arco iris”, os presento un hecho nuevo, algo que jamás habéis visto, que jamás veréis, y que sin embargo os gustaría mucho ver. Un poeta debe decir aquellas cosas que nunca se dirían sin él. Los poemas creados adquieren proporciones cosmogónicas; os dan a cada instante el verdadero sublime, este sublime del que los textos nos presentan ejemplos tan poco convincentes. Y no se trata del sublime excitante y grandioso, sino de un sublime sin pretensión, sin terror, que no desea agobiar ni aplastar al lector: un sublime de bolsillo. El poema creacionista se compone de imágenes creadas, de situaciones creadas, de conceptos creados; no escatima ningún elemento de la poesía tradicional, salvo que en él dichos elementos son íntegramente inventados, sin preocuparse en absoluto de la realidad ni de la veracidad anteriores al acto de realización.
Este es el ámbito de referencia estético al que pertenece el libro de Diego Manual de espumas, libro escrito tras un viaje a París en 1922, invitado por Vicente Huidobro, en el que entró en contacto con personalidades del movimiento vanguardista. La obra se compone de 30 poemas, 25 de los cuales se escribieron en la primavera de 1922, y con ellos busca crear belleza por sí misma a través de la palabra; y, desde luego, lo logra, pues basta con leer poemas como los titulados “Hotel”, “Cuadro”, “Mirador”, “Canción de cuna”, “Vendimia”, “Nieve”, “Nubes”…
Situados ya en el contexto estético de Manual de espumas, elegimos para su comentario el poema titulado “Nocturno”.
Nocturno
A Manuel Machado
Están todas
También las que se encienden en las noches de moda
Nace del cielo tanto humo
que ha oxidado mis ojos
Son sensibles al tacto las estrellas
No sé escribir a máquina sin ellas
Ellas lo saben todo
Graduar el mar febril
y refrescar mi sangre con su nieve infantil
La noche ha abierto el piano
y yo las digo adiós con la mano
Gerardo Diego: Manual de espumas. Versos humanos.Madrid. Editorial Cátedra, 1995. Colección LetrasHispánicas, núm. 245, pág. 115.
Hemos elegido la edición de Cátedra porque, junto a Manual de espumas, se ofrece en la misma edición Versos humanos. Se combinan, así, expresiones de raíz vanguardista -poesía originalísima, al margen de toda lógica y de cualquier referencia a la realidad inmediata- con las formas poéticas más tradicionales. El propio Diego, al frente de la Primera antología de sus versos, publicada por Espasa-Calpe en 1941, escribía: “Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela -nueva- para mi uso particular e intransferible.” Con el poema “Nocturno” Diego hace realidad su afirmación: “Creer lo que no vimos dicen que es la Fe; crear lo que nunca veremos, esto es la Poesía”. Nos encontramos con una poesía de irregularidad métrica, en la que no hay puntuación -lo cual no impide una cabal lectura-, y en la que aparecen audaces metáforas totalmente irracionales, pero de sugestiva plasticidad. De entrada, el poema posee una fuerte heterometría: 11 versos en total, de los cuales: el 1 es tetrasílabo; el 4, el 7, el 8 y el 10, heptasílabos; el 3, octosílabo (único verso blanco del conjunto); el 11, decasílabo; el 5 y el 6, endecasílabos, ambos con ritmo enfático; y el 2 y el 9, alejandrinos. Y la distribución de rimas ni parece tan caprichosa: el verso 1 y el 2 riman en sonante /ó-a/ (“todas/moda”), y aunque entre ellos media un espacio en blanco, formarían un pareado; los versos 4 y 7 riman en asonante /ó-o/ (“ojos/todo”); y el resto del poema está distribuido en tres pareados con distintas rimas consonantes: /-éllas/ (versos 5 y 6: “estrellas/ellas”); /-íl/ (versos 8 y 9: “febril/infantil”); /-áno/ (versos 10 y 11 (“piano/mano”). Este tipo de estructura poemática es, cuanto menos, original, pero en cierto modo ayuda a suplir los inexistentes signos de puntuación, una concesión gratuita de Diego a las modas de la época.
El poema -que presenta una noche estrellada de la que no emana sosiego- podría dividirse, estructuralmente, en tres partes, que nos van a ayudar a descifrar su contenido: versos 1-4, versos 5-9 y versos 10 y 11. Versos 1-4. El poema se inicia de manera abrupta: “Están todas”; pero hasta el verso 5 no sabemos que el poeta está hablando de “las estrellas”, aunque el verso 2 parece sugerirlo: “También las que se encienden en las noches de moda”. Noz encontramos, pues, ante un luminoso cielo nocturno, totalmente, despejado, en el que refulgen las estrellas y ponen una nota de luz en la orcuiridad de la noche. Pero solo apatentemente. Porque en este verso 2, el poeta introduce, como si de estrellas urbanas se tratara -y ahí redica el fundamento del símil- la luminosidad “artificial” que es propia de las modernas urbes, con sus resplandecientes carteles publicitarios, así como con la iluminación de los eastablecimientos nocturnos, tan bollantes en los años 20 (son esas “noches de moda”). Los versos 3 y 4 sitúan al poeta ante las molestias que se derivan de la contaminación urbana: “Nace del cielo tanto humo / que ha oxidado mis ojos”. El humo parece brotar del cielo, cuando en realidad procede de la contaminación del aire generada en las ciudades por el tráfico de vehículos, las calefacckones domésticas, las chimeneas de las fábricas…; en definitiva, Diego se está refiriendo a lo que en la actualidad se conoce con el slmbre de “esmog”, término que hace referencia a la ‘niebla mezclada con humo y partículas en suspensión, propia de las ciudades industriales’. Y ese es el humo que “ha oxidado sus ojos”, es decir, los ha irritrado, enrojeciéndolos e incluso dejándolos pitañosos. Sea como fuere, el verbo “oxidar” no resulta el más idóneo para un contexto poético, pero en el que nos ocupa no hay duda de que aporta una gran fuerza expresiva. Versos 5-9. Mediante imágenes sensoriales, el poeta acerca las estrellas a su ámbito personal, hasta el extremo de que parecen convertirse en las teclas de la máquina con la que redacta sus poemas, guiados por su luz. Esta irrupcuión tecnológica (la máquina de escribir) es muy propia de la sensibilidad vanguardista. La estrellas se han convertido nada menos que en las depsitarias de su inspiración creadora, sometidas por tanto a un proceso de máxima humanización, por lo que Diego no incurre en una poesía que pudiéramos considerar “deshumanizada”. Más aún: a las estrellas se les otorga la potestad divina de poseer conocimientos universales (“Ellas lo saben todo”), la capacidad para serenar el agitado mundo excterior (metafóricamente: “Graduar el mar febril [‘impetuoso’]”, así como la prerrogativa “terapéutica” de refrenar la efervescencia vital -la intensidad de los propios sentimienros- con una luminosidad que evoca la nívea inocencia de la infancia. Versos 10 y 11. El poema llega a su clímax final: “La noche abre el piano” -no es casual que el teclado del piano, con sus teclas blancas y negras se compare con la oscuridad de la noche, que contrasta con la luminosidad de las estrellas-; es decir, que como si de un éxtasis musical se tratara -no olvidemos que Diego es un excdlente pianista-, el poeta ha puesto en marcha la “inspiración cradora” motivado por la compañía luciente de las estrellas, tras de lo cual se despide de ellas con un leve saludo de su mano. Cerramos este comentario con una reflexión de índole editorial. A pesar de que Manual de espumas: es un libro de gran interés literario, no ha tenido, desde su publicación inicial, tantas ediciones como cabría esperar: la de Milagros Arizmendi Martínez, en Cátedra; y las tres ocasiones en que se ha reunido la poesía completa de Diego, ordenada por el propio autor y editada por Francisco Javier Díez de Revenga (en Alfaguara). Añadamos también la edición de su Poesía completa en Pre-Textos. Por eso celebramos la nueva edición que ha corrido a cargo de poeta, filólogo y critico Juan Marqués, publicada en Madrid, en 2024, con motivo del centenario de la obra (Editorial Papeles mínimos-Fundación Gerardo Diego). Varios son los poetas que cuentan con un poema titulado “Nocturno”. Por citar algunos: Juan Ramón Jiménez (en Arias tristes) https://trianarts.com/mi-recuerdo-a-juan-ramon-jimenez-nocturno/#sthash.75aSI12M.dpbs Rubén Darío (en Cantos de vida y esperanza) https://ciudadseva.com/secciones/nocturno-de-ruben-dario/ Rafael Alberti (en De un momento a otro) https://trianarts.com/recordando-a-rafael-alberti-nocturno/#sthash.j3uRv6wr.dpbs Luis Alberto de Cuenca (en La vida en llamas) https://www.archiletras.com/poemassentidos/nocturno-de-luis-alberto-de-cuenca/ Y si incorporamos sus poemas en este artículo es con la finalidad de poder apreciar en toda su entidad lo que significa el creacionismo y su impronta en Gerardo Diego. Puedes comprar su obra en:
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