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Volver a casa con un libro bajo el brazo

miércoles 23 de septiembre de 2026, 14:13h
Preámbulos y ausencias
Preámbulos y ausencias

Hay viajes que no solamente se hacen con maletas, sino con versos guardados en el pecho. Eso fue lo que hice a principios de enero de 2004. Agarré el manuscrito de mi primer poemario «Preámbulos y ausencias» y me largué a Bolivia con el corazón alegre y las manos temblando de emoción.

Presenté mi poemario en tres ciudades. En Oruro, la presentación se llevó a cabo en el Instituto de Bellas Artes. El poeta Alberto Guerra (†) me presentó con palabras que parecían pétalos cayendo sobre mi pecho. En la ciudad de Cochabamba, la hermosa ciudad del valle, presenté mi poemario en La Casa del Artista. Un lugar que parecía flotar entre la nostalgia y la fuerza de la palabra. La maestra de ceremonias fue nada menos que Gaby Vallejo Canedo (†), la famosa escritora de voz cálida y presencia luminosa, capaz de hacer que un auditorio entero contenga la respiración. El escritor mexicano Guillermo Razo Cuevas, con un acento marcado de otras latitudes, tomó el micrófono y me presentó como se presenta a un hermano que vuelve de lejos con la maleta llena de poemas. Y cuando pronunció mi nombre, agregó: «... en el color de la sangre de sus venas se destacan los colores de la cantuta, de la bandera boliviana y de la mística Pachamama». *

Santa Cruz, es una ciudad del oriente boliviano en donde el calor no es un castigo sino una caricia espesa, un abrazo que se queda en la piel como el olor del jazmín. En esa bella ciudad, mi poemario fue acogido en la Feria Internacional del Libro en Equipetrol. En aquel territorio donde los libros son ciudades y los lectores ciudadanos de un país sin fronteras mi obra, Preámbulos y ausencias, encontró un amplio escenario. El presentador fue el poeta chuquisaqueño Luis Andrade, cuya voz grave, pausada y profunda supo tejer el contexto perfecto para la lectura de mis poemas. La escritora Blanca Elena Paz también hizo uso de la palabra. Esas tres ciudades se convirtieron en tres fogatas encendidas con un solo corazón latiendo al ritmo de los versos.

Cada presentación fue un reencuentro, un abrazo entre la memoria y el presente. Pero lo más conmovedor fue leer mis poemas ante caras conocidas en mi adolescencia, familiares, amigos y amigas del colegio, periodistas y gente aficionada a la literatura. Esos rostros que el tiempo había transformado conservaban el brillo de aquellos años compartidos. Y al final, entre aplausos y abrazos, el poemario Preámbulos y ausencias ya no era solo mío: era de todo el público. Dejó de ser un libro para convertirse en un puente de recuerdos entre Bolivia y Estocolmo.


* Cantuta: Flor nacional de Bolivia.
Pachamama: Madre Tierra.

Tres poemas de «Preámbulos y ausencias»

Distancia

Cuando empecé a escribir poemas

me di cuenta que estabas lejos

y para creerte cerca

escribía como truco

de viejo mago fracasado

al que nada sale bien

pero se consuela creyéndose bueno.

Jamás pensé dártelos

porque no creí volver a verte

y temía tu incomprensión

o el ridículo estado cursi

en el que puedo caer si me descuido

y dejo que mi pasión

se convierta en metáfora vulgar

del lenguaje falso y rebuscado.

Más tarde recapacité

y decidí dejártelos

no como prueba de mi amor

pues mi amor

no necesita ser probado

sino para que te dieras cuenta

que el universo interior

conserva lo invisible.

Lo que sucede ahora

es que los días amanecen feos

frustrados antes de vivirlos

porque en la distancia

me prenden los recuerdos.

Jardín nocturno

Al jardín bajé descalzo

para escribir un verso que huele a ti

mirar tu cuerpo en la retama

y tus ojos de tigre entre las ramas.

Ver como la hoguera

ilumina tus labios de escarlata

tu silueta miel de abeja

y tus pupilas encendidas.

Al jardín bajé descalzo

para interrumpir el silencio
desvestir la noche de sus prendas
y a tus senos poder besar.

Espejismo

Hace tanto tiempo

que no te veo en altamar

frágil, decorativa y entregada

a las cuatro estaciones del año.

Tanto tiempo

que permaneces cabalgando

en mi caligrafía sin montura

como piel recién levantada

después de haber dormido sueños

en las puertas viejas de viejos barcos.

Han pasado días, meses y años

he vivido rodeado de tu ausencia

el almanaque tiene labios de N y O

y a veces lo sentía inhumano

el decir adiós.

Alejarte con gran velocidad

fue la guillotina de tus deseos

balcón a medio construir

sinfonía inconclusa

en las partituras de Mozart.

Y que ayer

tan sólo ayer

eras:

vid

azúcar

frescura

aldaba de mi vida.

Eras lucero

de la oscura noche

rubí del marcapaso...

O quizá

no ha pasado tanto tiempo

y en este momento

solo estoy imaginando

el espejismo de la vida.

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