Los comienzos poéticos de Josefina de la Torre. I.Josefina de la Torre Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1907-Madrid, 2002). nacida en una familia dedicada a las artes (su hermano Claudio fue dos veces Premio Nacional de literatura: en 1924 por la novela En la vida del señor Alegre y, en 1950, por la comedia El río que nace en junio; su influencia sobre Josefina fue de gran importancia para su iniciación en el mundo de la literatura y también de la representación teatral) fue una mujer polifacética: poetisa -junto con Ernestina de Champourcín fue la única mujer incluida por Gerardo Diego en su famosa Antología de la poesía española Contemporáneos), de 1934-, novelista, cantante lírica, actriz (también de doblaje), columnista cinematográfica…; y una de las mujeres del 27 que forma parte de la nómina de “las sinsombrero”.
Y nos vamos a centrar en el inicio de su andadura poética, porque su afición por escribir poesía surge en ella desde niña (puede resultar anecdótico al respecto que, con solo 14 años, compuso un poema en homenaje a Benito Pérez Galdós). Su primera obra aparece en la malagueña Litoral, en 1927, con apenas 20 años, y lo prologa Pedro Salinas: Versos y estampas, donde evoca, en versos de arte menor y en poemas en prosa influenciados por Juan Ramón Jiménez, su infancia isleña. Y de esta obra elegimos para su comentario el poema titulado “Toda mi ilusión”.
Toda mi ilusión
Toda mi ilusión la he puesto
en la espera de un mañana. ¿Cómo vendrás? ¿Adornado de blanca flor de retama o de flor de pensamiento que de luto se engalana? ¿Vendrás con rojas miradas o con pálidas miradas? ¿Tendrás voz, tendrás sonrisa, o no me guardarás nada? ¡Mañana, horizonte en niebla, fiel timón de mi fragata: hace tiempo que me llegas con las velas desplegadas!
Josefina de la Torre: Versos y estampas.Málaga, Litoral, 1927.
El poema se compone de 14 versos octosílabos con rima asonante /á-a/ en los versos pares. Es, pues, un romance, muy bien estructurado desde una perspectiva sintáctica: tras dos versos enunciativos (1-2) en los que la poetisa afirma su esperanza ilusionada ante el futuro, surge la incertidumbre que pueda depararle, lo cual expresa mediante cuatro oraciones interrogativa directas, en delicado lenguaje metafórico (versos 3, 3-6, 7-8 y 9-10; es decir, que el “mañana” es un enigma que suscita preguntas contradictorias sin respuesta y crea un cierto estado de ansiedad); no obstante, el poema concluye con una oración exclamativa en la que los avatares del destino se afrontan con firme optimismo (la poetisa escribe en el entorno vital de su veintena de años). En efecto, los versos 1-2 reafirman el título del poema: toda la ilusión de la poetisa -sus anhelos vitales- se depositan en el futuro que está por llegar; pero esa espera del mañana suscita dudas que sumergen a la poetisa en un estado de incertidumbre. Y surgen las preguntas (versos 3-10). Y el yo poético se dirige al “mañana”, al que inquiere directamente, y de ahí el empleo de la segunda persona verbal del futuro: “vendrás” (versos 3 y 7), “tendrás” (verso 9), “guardarás” (verso 10). De esta forma, el “mañana” adquiere la apariencia de un personaje real que hace más intenso el aparente diálogo, y la tensión emocional ante lo desconocido se acrecienta. Y en la segunda de las preguntas, el lenguaje de las flores, con su colorido, le sirve a la poetisa para plantear la disyuntiva entre un futuro sencillo y placentero (la flor blanca de la retama se distingue de la común, que es de flores amarillas), y un futuro doloroso (las manchas oscuras del pensamiento se asocian tradicionalmente con la tristeza): Se introduce, así, un contraste cromático para plantear dos posibles alternativas antagónicas ante el porvenir: o bien “el mañana” vendrá “adornado / de blanca flor de retama” (adviértase el encabalgamiento, que hemos subrayado), o bien vendrá “[adornado] de flor de pensamiento / que de luto se engalana? (y ahora el encabalgamiento, también subrayado, es oracional). El leve hipérbaton “de luto se engalana” hace más expresivo el oxímoron (por un lado, “engalanar” tiene el mismo significado que “embellecer”; y, por otro, el luto es un signo exterior de pena o duelo por la muerte de una persona, e implica el empleo del color negro). Por otro lado, la disyuntiva se sustenta estilísticamente en una construcción paralelística, según el esquema: “participio verbal con valor adjetival (A)+preposición (B)+adjetivo (C)+nombre (D)+preposición (E)+nombre (F)”:
“Adornado (A1)+de (B1)+blanca (C1)+flor (D1)+de (E1)+retama (F1)”. “[adornado] (A2)+de (B2)+ [luto: negra] (C2)+flor (D2)+ de (E2)+pensamiento (E2).
Hemos puesto entre corchetes los elementos elididos. Y no debe pasar desapercibido el hecho de que la interrogación se inicia con el participio con valor adjetivo “adornado” -referido al “mañana”-, y se cierra con el presente de indicativo del verbo “engalanar” con valor pronominal; y aunque “adornado” y “engalanar” tienen una base significativa similar, el verbo “engalanar”, por el contexto en que aquí se utiliza, desarrolla connotaciones fúnebres: “[un mañana] que de luto se engalana”. Los versos 7-8 plantean, nuevamente, una interrogación -la tercera- que incluye una disyuntiva ante la incertidumbre del mañana; y, de nuevo, el contraste de colores, pero ahora aplicado a las “miradas” (“rojas” o “pálidas”): el color rojo se asocia con la vitalidad y la alegría; en cambio, el color pálido se asocia con la fragilidad y la falta de energía. No resulta frecuente en poesía la aplicación de estas tonalidades cromáticas a las “miradas”, y de ahí su mayor originalidad para afrontar las expectativas de un futuro halagüeño o desfavorable. Y otra vez la construcción paralelística, en este caso “verbo (A)+preposición (B)+adjetivo (C)+nombre (D)”:
“¿Vendrás (A1)+con (B1)+ rojas (C1)+miradas D1)”, “[vendrás] (A2)+con (B2)+ pálidas (C2)+miradas? (D2).
Además, en estos dos versos ha empleado la poetisa el artificio retórico denominado epífora (o conversión), al emplear la misma palabra -“miradas”- a final de verso. En la cuarta interrogación se abandona el paralelismo y el juego cromático, pero ser vuelve a plantear la disyuntiva ante el futuro con alternativas opuesta: “voz/sonrisa”, frente a “nada” (versos 9-10); es decir el gesto alegre y gozoso; o, por el contrario, el nihilismo existencial. La reiteración del futuro verbal (“tendrás/tendrás/guardarás”) le da a estros dos octosílabos (versos 9-10) una especial sonoridad. En los cuatro versos finales (11-14), de carácter exclamativo y enmarcados en los correspondientes signos ortográficos (no olvidemos que la figura retórica de la exclamación sirve para expresar, en forma exclamativa un movimiento del ánimo o una consideración de la mente), la poetisa recurre a una imagen marinera que se inscribe en el entorno geográfico en el que vive, y con el léxico apropiado (“horizonte en niebla”, “timón”, “fragata”, “velas desplegadas”) que le sirve para mostrar su habilidad metafórica: aunque la poetisa, de cara al futuro, navega por un mar sin visibilidad (“horizonte en niebla”), es dueña de su propio destino (está al mando del timón de su fragata) y, por tanto, avanza (hacia el mañana) “con las velas desplegadas”, sin que nada detenga su proyecto vital. Y en ese futuro prometedor pone “toda su ilusión”. Sin duda, el lenguaje lírico empleado ha embellecido un mensaje que se resume en muy pocas palabras: la poetisa, aunque se muestra inquieta por lo impredecible del futuro, lo afronta con la fortaleza que le da la seguridad en sí misma. Puedes comprar su obra en:
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