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"Réquiem habanero por Fidel" de J. J. Armas Marcelo

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h
Actualizado el: 31/07/2026 19:50h
'Réquiem habanero por Fidel' de J. J. Armas Marcelo

La complejidad de lo cubano a menudo resulta difícil de expresar. Quizás por esta razón, J. J. Armas Marcelo nos narra el desenlace del Régimen y de la Revolución a través de las palabras de uno de los coroneles de Fidel Castro, quien se encuentra en un punto intermedio entre el afecto y el resentimiento, así como entre la claridad y la confusión.

Una llamada de su ex llega al coronel Walter Cepeda informándole que Fidel ha fallecido, que la noticia es conocida por todos fuera de Cuba, y que debe estar listo. Aunque Walter se resiste a aceptar la noticia, convencido de que Fidel es inmortal, comienza a reflexionar sobre su vida y los acontecimientos en la isla desde el triunfo de la revolución. A medida que repasa lo que ha vivido y lo que ha hecho, empieza a cuestionar la inmortalidad del líder, mientras escucha el ruido de camiones militares y el ladrido de la perra del vecino, preparándose para lo inevitable.

Así, se exploran algunos de los episodios más oscuros de la historia revolucionaria. Desde el relato sobre el Che y el rumor acerca de una confrontación con los hermanos Castro, donde se dice que recibió cinco disparos, hasta la trágica historia de Padilla y la del general Ochoa junto a los De la Guardia, quienes fueron fusilados. También se menciona la campaña en Angola, el control ejercido por Raúl y la presencia de Fidel. Se narran las vivencias de aquellos que ostentaron el poder y que ahora se dedican a limpiar estatuas en la Plaza de la Revolución. Un ejemplo es Walter, quien tras haber sido oficial de Seguridad, ahora conduce un Mercedes llevando turistas a la playa o buscando inversiones. En Cuba, parece que la única distinción radica entre los que están y los que se han ido; entre aquellos que desean marcharse y los que no pueden hacerlo; entre quienes luchan por permanecer y los que no lograron resistir.

La novela presenta una variedad de personajes y relatos sobre la Revolución, incluyendo figuras históricas. Manuel Vázquez Montalbán, por ejemplo, busca información para su obra “Y Dios entró en La Habana”. También se menciona a Silvio y su hijo liberado, así como a Eliseo Alberto, cuya notable obra “Informe contra mí mismo” ha evocado en ocasiones la novela de Armas Marcelo.

Entre los recuerdos personales, también se entrelazan las memorias políticas: el hermano que emigró a Miami, la mujer que constantemente le llama (¡Gualtel!) desde un móvil que su hija, Isis, le obsequió, o Belinda, conocida como Bel, una bailarina del Tropicana que busca su camino en Barcelona. Todo parece indicar que la Revolución ha arruinado no solo la vida pública, sino también las relaciones personales; como si nada hubiera sobrevivido a la lucha, como si en Cuba no hubiera sido posible nada al final, tras haber estado colmados de esperanza y haber vivido con tanto sacrificio, culminando en el desencanto.

La voz del narrador es lo que realmente prevalece en la novela, más allá de lo que se relata. La complejidad de su estructura plantea dudas al inicio de la lectura sobre si será posible sostenerla, pero es precisamente esta característica la que define la obra y te atrapa hasta el final, impidiendo que la abandones. A pesar de lo doloroso y abrumador de los temas tratados, hay momentos de gran diversión, impregnados de ese humor caribeño y esa forma particular de ver la vida, así como una dignidad que ha permitido a las personas resistir en su lugar, con la esperanza de que les brinde salvación tras la muerte de Fidel y el eventual cierre de esta etapa. “Y si hay que hundir la isla antes de aquí vuelva el capitalismo imperialista, se hace y más nada”.

La novela escrita por Juancho Armas Marcelo resulta ser impresionante, con una comprensión perfecta de Cuba. Está repleta de matices, reflexiones y humanidad, así como de un profundo amor por la isla, desesperación y humor. Su construcción es fantástica y su profundidad refleja el aire cubano. No se debe dejar pasar esta obra; es recomendable leerla ahora, antes de que el tiempo le otorgue la razón.

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