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“La vida que viene” de Guillermo Blanes del Águila

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h
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Por Javier Velasco Oliaga

El pasado mes de julio se publicó la novela La vida que viene del escritor malagueño Guillermo Blanes del Águila. Es su primera novela, después de abandonar la escritura durante algunos años para dedicarse profesionalmente al mundo del marketing del automóvil. Comenzó escribiendo poesía, con la que ganó algunos premios, y eso se nota en la páginas de su nuevo libro.


Malagueño, nacido hace 50 años, dio sus primeros pasos como escritor como poeta y articulista. En La vida que viene escribe varios poemas donde se le nota el gusto por esa rama de las letras, pero su prosa también está influenciada por esos primeros pasos suyos literarios y podríamos decir, sin género de dudas, que tiene un estilo de prosa poética muy elaborado y culto.

Tomás Quintero, periodista, trabaja como columnista en el periódico segoviano La Difusión. Desde su columna ha denunciado a una presunta secta como culpable de las desapariciones de varias personas. Por este motivo es amenazado y es perseguido para que abandone esas investigaciones que venía realizando. Él se debate entre resolver el enigma que envuelve a ese misterio o abandonarlas, porque no quiere que su familia se vea perjudicada y más después de la tragedia que les ha sucedido: la muerte fulminante de su hija pequeña.

Con la colaboración de varios personajes, el director del periódico donde trabaja, unos militares retirados, un médico amigo de un escritor recientemente fallecido que le proporciona una prueba fundamental, el dueño de una juguetería de la ciudad ubicada en un edificio donde están los restos de una misteriosa abadía, una anciana víctima de la secta diabólica que le ha amenazado, un enterrador de aspecto siniestro pero de buen corazón, un sacerdote de la iglesia de la Vera Cruz, el inspector Palmero, jefe de la policía de su ciudad, y… una enigmática mujer que aparece y desaparece a su antojo ayudando al protagonista en momentos precisos, va dando las pasos para desentrañar un complejo argumento donde las pruebas están a los dos lados de la realidad y en la búsqueda de la inmortalidad y la vida eterna.

Con estos personajes y con unas tramas que van desarrollándose en el libro sinuosamente como los meandros de un río pero a la vez torrencialmente como las cataratas del mismo, Guillermo Blanes ha pergeñado una novela con múltiples y valiosos elementos que le dan a la obra un valor intrínseco de mucha fuerza.

La novela está escrita en tercera persona con un narrador omnisciente que está al tanto de todas las tramas y que anticipa, en algunas ocasiones, por dónde van a ir los tiros de la novela. Ésta es un compendio de distintos géneros sabiamente manejados utilizando una prosa poética plagada de metáforas como “los pocos granos de arena que le quedan al reloj de mi vida” (pág. 34) que realzan la fuerza de una escritura culta, en ocasiones tan culta que alguno de los protagonistas, como la portera o el enterrador, parecen personas de elevados estudios por la forma que tienen de expresarse. Si esto se hubiera limado, se daría una mayor verisimilitud a ciertos personajes.

La obra bebe de la novela negra o policíaca en la trama detectivesca en la búsqueda de los culpables de las desapariciones y asesinatos que se han cometido, bebe de la novela fantástica en ciertos pasajes donde se relatan experiencias cercanas a la muerte o en la aparición de personajes mágicos o extraños con ciertos poderes de superhéroes o de supertirazos y, también, bebe de la novela gótica, con extrañas edificaciones, antiguas abadías, pasadizos secretos, puertas cerradas desde tiempos inmemoriales, etc. Estos diferentes estilos dentro de una misma novela la confieren una originalidad abrumadora que hacen de la narración que no puedas en ningún momento dejar de leer, porque el misterio y la sorpresa pueden estar detrás de una puerta o al dar la vuelta a una página.

Los pequeños puntos negativos de la obra son más temas formales que otra cosa. Aunque el libro está bien editado, con poquísimos fallos tipográficos, y con una portada sugerente y misteriosa, la letra del libro, demasiado pequeña, en ocasiones cansa al lector atento; la contraportada tiene el mismo defecto, ¡casi hay que utilizar una lupa para leerla!, y la distribución está siendo francamente mala, con problemas para conseguir ejemplares. Tras una magnífica presentación en un local de Málaga, la editorial no fue capaz de suministrar los ejemplares que se le pidieron. Subsanando estos errores el libro puede ser, desde luego, una de las grandes sorpresas del próximo otoño.

Guillermo Blanes ha escrito un muy espléndido texto. Su prosa poética y fantástica puede que guarde algún paralelismo con algún autor de renombre, pero la profundidad que imprime a su escritura hace que se diferencie de todos con un estilo audaz pero cargado de solidez. Sus descripciones de lugares, el color o la oscuridad con que las imprime, son realmente mágicas. Las que realiza de Segovia demuestran un buen conocimiento del alma de piedra de la ciudad. Los protagonistas no se salvan de sus aceradas descripciones tanto físicas como psicológicas o mentales, tanto es así que hacen que nos anticipemos a sus formas de pensar. Es por ello un libro con una prosa majestuosa, en el que tan importante es lo que dice como la manera en la que lo dice. El lector avezado no puede dejar de leer un libro tan rico, tanto en el fondo como en la forma.

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