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Liebre en la nieve
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Liebre en la nieve

SI NIEVA ¡NOS VAMOS DE LIEBRES…!

Decía la presi de la CAM, que encontrarse con un ex novio en Madrid era casi imposible. Pues nos encontramos a uno suyo con un snowboard en la Puerta de Alcalá. Ahora, ha nevado, pero a los madrileños no nos ha afectado tanto como a los del norte de la comunidad y de otras limítrofes. Mucha baliza, pero con la nieve no sé ve y cada vez que lo hace se forman unos atascos de cuidado. No se puede estar en misa y repicando. O como dice Azucena del Valle en el artículo "Si nieva, ¡nos vamos de liebres...!" Quien mucho abarca, poco aprieta, como el Gobierno con el decreto Ómnibus.

- ¡Ay, Vani! Todavía me acuerdo de cuando nevaba…

- ¿Te refieres a la Filomena? Menudo desastre se montó en Madrid con esa tromba blanca que dejó la ciudad sumida en un caos inimaginable de árboles destrozados, calles intransitables, piernas rotas por los trompazos de los atrevidos que iban a comprar papel higiénico…

- No tía, lo del papel toilette fue con la pandemia. Aquí hubo gilis que incluso sacaron los esquís por la Gran Vía, Serrano o Alcalá, otros practicaban snowboard y hasta con un trineo salió otro. Seguro que eran los que se pueden pagar vacaciones en Val d’Isère, Tignes, Saint Anton, Courchevel, Zermatt, Verbier, Chamonix, Cortina d’Ampezzo, Val Thorens o Kitzbühel y querían molar por la capi. ¡Porca Miseria!

- No te rayes, colega, uno de los pavos del snowboard era el estilista y peluquero Jairo Alonso, por entonces novio de Díaz Ayuso, que desobedeció las recomendaciones de la presi de la Comunidad sobre actuar con responsabilidad y esas cosas.

- A ese le cayó una colleja a lo Macron al llegar a casa, seguro, seguro. ¡Ya te digo, con el genio que se calza la moza! Mira que, la pobre, donde pone el ojo… ¡la caga! Y cuando menos se espera, salta la liebre.

- La nieve me hace recordar los dulces días de la tierna infancia, cuando caía inmisericorde cubriendo con su frío manto las tierras castellanas. Entonces las quitanieves eran tas escasas que, si tenías la suerte de que te pillara el temporal en el pueblo, tardaban en despejar las carreteras una semana y, con suerte, ese tiempo que estabas sin volver al colegio y ver la cara a las sores del internado porque no pasaba el coche de línea. ¡Pura vida!

- ¡Que bien, Puri! A jugar con el trineo todo el día.

- ¡Calla, loca! En aquellos tiempos no había esas moderneces y nos conformábamos con plantar el trasero en una bolsa de plástico y deslizarnos por las pendientes, tirarnos bolas y hacer un muñeco tripón. Y mi padre, a liebres con su amigo, siguiendo el rastro que dejaban en la nieve y aprovechando que estaban menos activas. ¿Qué los pillaba la benemérita? Pues una pá la saca y otra pá el enemigo. Eran otros tiempos…

- ¿Y dices que siguiendo las huellas en lo blanco se caza mejor? Tendremos que decir a La Unidad Central Operativa (UCO) que por el rastro se da con la liebre.

- Tía, ellos son expertos investigadores que lo saben todo y no les venden gato por liebre, porque son más listos que los ratones coloraos.

- Para tonto y trapacero, Sánchez, que le tumbaron el Decreto Ómnibus en el Pleno del Congreso al querer meter en el mismo saco la prórroga de la suspensión de los desahucios para colectivos vulnerables y medidas como la congelación de las cuotas de los trabajadores autónomos, con la subida de las pensiones. Si fuera más culto y conociera el refranero español, sabría que galgo que va tras dos liebres, sin ninguna vuelve. Lo ha vuelto a hacer, porque no piensa en tu abuelo.

- Eso lo ha dicho él, tía, para poner la mierda en los otros y no decir que se equivocó el trilero.

- Le presta jugar al despiste, colega, pero al mejor cazador se le va la liebre. No se deben mezclar pensiones con okupaciones, dicen sus amiguitos de Junts. Te han pillado Pedrito con el reloj. Resulta que grabó el bodrio -perdón, vídeo- antes de la votación. Tendrá que dimitir a alguno de sus colaboradores, porque esas cagadas… dejan huella en la nieve.

- Y a rebuznas en las redes toda la chiquipandi, porque después de la liebre ida, palos en la cama. Y lo malo es la cantidad de personas inteligentes, supuestamente, que se dejan guiar más por las emociones que por la razón. Es tan difícil cambiar de bando político como de equipo de futbol. Alguien me dijo un día, que el malabarista es capaz de mearnos en la cara y convencernos de que está lloviendo. Doy fe de que se cumple la máxima.

- Pues es fácil que le acabe pasando como al galgo del tío Facundo, que se le salió el collar por el rabo de tanto como se estiró.

- Tía, esto es una aburrición. A estas alturas estoy harta de todos. Los listos y los tolis, los de la supremacía moral que te dan lecciones a diario y los que esperan su momento, agazapados como liebres. A veces, caza quien no amenaza, como los del norte, aprovechando eso de que mientras unos golpean la mata, otros cogen la caza.

- Joder, cómo nos divertíamos cuando no hablábamos de política. Ahora cogemos carrerilla como expertos de tertulia sin tener ni puta idea; como la mayoría de los opinadores. Nos lo ponen a güevo, pero es un coñazo.

- Y cogiendo malos hábitos, porque todo se pega. Como decía Konrad Adenauer, En política lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno.

- Pues yo prefiero a Groucho Marx en vez de al canciller alemán: La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

- ¡Ahí me has dao, tía! Solo nos falta que el sacristán -que dice mi fisio Fernando-, haga como el galgo de Lucas, que cuando sale la liebre se pone a mear…

- ¡Ahí lo dejo!

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