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Antonio Santos

Austero en el gesto. Generoso en el esfuerzo. Íntimo en las pasiones. Afable en lo personal. Delibes, bajo la lupa de Jesús Marchamalo, es un hombre en bicicleta. Desde los seis años, cuando aprendió a montar en ella. Hasta después de su muerte, cuando su familia, en pleno, le recuerda cada verano en esa épica y nostálgica carrera de cien kilómetros que separa Sedano de Molledo de Portolín.

Zweig, buen lector, mal deportista y estudiante —como nos apunta Jesús Marchamalo en "Stefan Zwwig, la tinta violeta", la última entrega de la colección sobre autores universales que comparte con el ilustrador Antonio Santos y publica Nórdica libros. Zweig— fue, por encima de todo, un hombre que siempre persiguió la libertad.

El libro toma su idea de una foto de Karen Blixen con Marilyn Monroe tomada en Nueva York en febrero de 1959. Marilyn esplendorosa, inmensamente rubia, con un elegante, carnal, vestido negro escotado como un escaparate y una estola de piel sobre los hombros. La baronesa, sentada a su lado sobre un descalzador, minúscula, los ojos negros, vivos, perfilados de khol y una sonrisa exánime.

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«La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas, el mar». En esta frase atribuida a la protagonista de "El bolso de Blixen", y que a modo de corolario está impresa en la contraportada del nuevo librito de Nórdica Libros, ya se nos revela la esencia de la escritora danesa y la última intención que, tanto de Jesús Marchamalo como de Antonio Santos, han tenido a la hora de retratar el espíritu de este alma indómita que representa Karen Blixen —Isak Dinesen para el mundo de la literatura—.