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Como ánades

Siempre pensamos que tendremos una vez más para repetir aquello con lo que disfrutamos o nos hizo felices. Con el simple apretón de una mano que nunca olvidaremos. Con ese último beso de despedida. O con la sonrisa de la persona que amamos. Sin embargo, el mundo no entiende de otras repeticiones que aquellas que, poco a poco, nos sumergen en el olvido, o nos dejan a la intemperie de los afectos.

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