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Este es mi cuerpo

Reseña del poemario "Este es mi cuerpo", de Luisa Miñana. Lastura Ediciones

Este es mi cuerpo, de Luisa Miñana es una asignatura pendiente que suspendí pero que acariciaba como a esas botellas de vino que se guardan para las grandes ocasiones; un poemario que ojeé hace un par de meses pero que me prometí releer con más tiempo.

Todos sabemos que las doctrinas del culto al cuerpo convierten a nuestro organismo en bandera identitaria, pero también, en distintivo de clase, apología del hedonismo y obsesión materialista. Sin embargo, una reflexión comedida y equilibrada sobre nuestro cuerpo como campo de batalla de la mente, el tiempo y la erosión del mundo puede arrojarnos luz acerca del uso que hacemos o hacen de nuestro cuerpo, de la sintaxis de su lenguaje, de la historia de sus heridas. En esta dirección se encuentran las opiniones que Luisa Miñana vierte en "Este es mi cuerpo": la carne como pentagrama de una melodía que trasciende lo físico.

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Este es mi cuerpo

Aves o flores ofrece Susana Benet en la acuarela sutil que da entrada a este poemario. Pétalos o almas sin color que auguran la luz y la sombra difuminándose en nosotros a través de la memoria y el negro. Parecería entonces que el autor de los textos va a imbuirnos en un mundo ascético, austero y monacal como anticipo de la sobriedad de la muerte. Nada más lejos. Al igual que sucede con la expectativa que genera el título Migración del Alma, la acuarela de Benet es muestra lo que no muestra, y que sin embargo está ahí delante, solo en frente de los ojos iniciados, todo el blanco que es luz y es esperanza para los que viven despiertos a la vida. Despiertos a la vida. Al viaje incesante y la muda continua de formas, de contactos, de vivencias.