Muere en Madrid, en 1920, a los 76 años, Benito Pérez Galdós, uno de los principales representantes del realismo del siglo XIX. El escritor estuvo a punto de ganar el Premio Nobel de Literatura.
Ed. Tecnos, Madrid, 2025, 327 páginas
En Terrorismo y represión. La violencia en el ocaso de la dictadura franquista, Fernández Soldevilla, Jiménez Ramos y Martínez Álvarez, coordinan una obra coral cuya lectura es necesaria por varias razones. En primer lugar, por el rigor científico y metodológico que encontramos en todos los capítulos, analizando los autores un binomio complejo (dictadura y terrorismo) sin incurrir ni en filias ni en fobias. Al respecto, en el prólogo, frente a revisionismos populistas que vemos en la actualidad, el periodista Fernando Ónega reivindica a todos aquellos que hicieron posible la Transición a la democracia, sobre todo a los que salieron de la cárcel o regresaron del exilio renunciando a cualquier actitud revanchista, destacando en este terreno la política de reconciliación nacional defendida por el PCE de Santiago Carrillo.
Nuestro poema de cada día
Leer a Rubén Darío es entrar en un mundo artístico de exquisita perfección en el que el lenguaje poético brilla por su belleza plástica (riqueza cromática, musicalidad de sonoridad estridente…). Y de la estética modernista de Darío hemos escogido dos textos propios de la Navidad: el poema “Los tres Reyes Magos”, formado por cuatro serventesios de perfecta andadura rítmica con los que el poeta se acerca al tema de los Reyes Magos -unos reyes que contemplan en silencio el triunfo del amor en la figura de Cristo-; y el poema -completo- “La Rosa Niña”, en el que también figuran los Reyes Magos; un poema en el que los recursos modernistas de sugestiva belleza sensorial no logran obstaculizar la profunda espiritualidad que rezuman sus versos.
En el día en que Mamdani ha asumido el puesto de alcalde de Nueva York, abriendo una nueva era en la ciudad y el país, publicamos una columna-poema de Gustavo Gac-Artigas para comenzar el año.
Nuestro poema de cada día
Como poeta y, sobre todo, como músico, Juan del Encina obtuvo gran celebridad con la publicación, en 1496, de su Cancionero, que marca -en el ámbito de la escuela polifónica castellana- el inicio de la polifonía en España; y como dramaturgo, es el autor de mayor renombre en el prerrenacimiento español, y el precursor del teatro español del Siglo de Oro. Además, cómo músico, perteneció a la escuela polifónica castellana, inicio de la polifonía en España. Ejerció el Priorato de San Marcos de León hasta su muerte. Sus restos descansan en la Catedral de Salamanca. Entre sus muchas composiciones sacras, hemos elegido una canción y un villancico.
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En medio de la nadería y la cacofonía que nos envuelven a partes iguales, también por desgracia en la literatura, es siempre motivo de alegría saludar la publicación de un nuevo libro de Ángel Olgoso, uno de nuestros mejores cuentistas en lengua castellana. Si la difusión de una obra y el reconocimiento público en el mundo literario no se guiara por criterios que tienen que ver cada vez más con los arbitrarios criterios de la promoción, los algoritmos y los nichos de mercado, la imagen televisiva o el peso de una a menudo intrascendente y estúpida viralidad en las redes sociales, tal vez tendría Olgoso el puesto que merece en nuestras letras.
Ed. Espasa. 2008
Dentro del acercamiento historiográfico que se está dando al genial conquistador del Imperio Mexica, a lo que uno ha contribuido con su esfuerzo (Hernán Cortés. Su personalidad y su carácter en el Imperio Azteca. Lobo Sapiens/El Forastero, 2024), hoy he decidido aproximarme a una de las buenas biografías del extremeño metelinense, que todavía está en fase de adquisición y renovación, y es una versión de referencia.
Peregrinos de todo el mundo siguen llegando a Ronda para visitar el Convento de las Carmelitas en busca del llamado brazo incorrupto de Santa Teresa, que en realidad es la mano izquierda de la monja abulense. Junto a la céntrica iglesia de la Merced de Ronda, en el pasaje San Juan de la Cruz, se encuentra el convento del Corazón Eucarístico de Jesús de las carmelitas descalzas. El lugar de asentamiento del brazo santo es una diminuta capilla del convento de la Merced y todo aquel visitante que quiere contemplarlo sólo tiene que pedir la llave en el torno y encomendarse a los favores de la monja más andariega.
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