10/02/2026@13:31:00
Encontrar hoy un poeta que trabaje el verso como un orfebre y que sea capaz de trasmitir la esencialidad del poema a la luz del credo poético que dejó escrito León Felipe: “Deshaced ese verso. / Quitadle los caireles de la rima, / el metro, la cadencia/ y hasta la idea misma. / Aventad las palabras, / y si después queda algo todavía, / eso/ será la poesía” es una empresa bastante complicada. En la prolífica cantidad de poemarios que se publican hoy lo que brilla es justamente lo contrario, la prosificación del verso y la insustancialidad del contenido, cuando no la fiel rendición a una manera de hacer versos ya suficientemente manida o la moda perversa de escribir versos como quien pregona en un mercado. ¡Cuánto daño le están haciendo las redes sociales a la poesía!
El diccionario tembló, el intelectual burgués rasgó vestiduras, mis huesos se sacudieron, mis nietas, las nietas que estaban viendo el espectáculo en el medio tiempo del Super tazón, rieron, cantaron, existieron.
PLAZA DE GUIPÚZCOA
Los jóvenes de la generación Y o Z no tienen ni idea de lo que significa el título de esta columna. Y los Alfa Centauro de 16 tacos ni te cuento. Les sonará a un rap de C. Tangana o Bad Bunny. Los chicos de ahora cambian la religión por los valores cívicos. Prefieren un tipo fashion de espiritualidad pop como el nuevo álbum de Rosalía.
¿Cómo podríamos abordar toda una vida en unas pocas líneas? Aquellas que no describen un obituario al uso, sino una biografía. Quizá, de ahí, es de donde surge la importancia de los detalles. Detalles como esencia y capacidad para elegir lo que se nos quedará grabado en el corazón. Jesús Marchamalo es muy consciente de ello y, en esta ocasión, acepta el reto como lo haría un trapecista al abordar un triple salto mortal.
Nuestro poema de cada día
Poeta en Nueva York es, sin duda, la joya del surrealismo español. La obra está escrita entre 1929 y 1930, aunque no se publica hasta 1940; y en ella, a través de sus diez secciones, el poeta dominado por la angustia existencial, va recogiendo su particular “descenso a los infiernos” en los meses en que vivió en la ciudad neoyorquina. Esas impresiones, más allá de los poemas, quedan sintetizadas en estas palabras de su Conferencia-recital “Un poeta en Nueva York”: “Nadie puede darse idea de la soledad que siente allí un español y más todavía si éste es hombre del sur. Porque, si te caes, serás atropellado, y, si resbalas al agua, arrojarán sobre ti los papeles de las meriendas”.
"La doble pena de contarlo todo" captura un momento del momento, el instante de la detención. Pasaron ya el brío y la inercia, el fulgor expresivo y dinámico del que dicta su incomprensión a los versos para que la voz alta del poema sea alarma. Aquí el más allá es su más acá, ya se abatieron las necesidades imperiosas del ritmo y el efecto, los puntos y las comas y los cortes son lo ausente.
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Nuestro poema de cada día
Este poema se titulaba, originariamente, “Oda a Bilbao”. Blas de Otero logró publicarlo, eludiendo la censura de la época, en la revista gaditana Platero; y para ello, cambiándole el título en una hábil maniobra de camuflaje, pasó a llamarlo “Muy lejos”.
Autor de “Las tres familias”
La nueva novela de Miguel Ángel González lleva por título “Las tres familias”. Cuenta un curioso episodio de la mafia siciliana ocurrido en los años cincuenta del pasado siglo. El comienzo de la novela nos sorprende con la teoría de que los fundadores de la mafia fueron tres hermanos españoles que huyeron desde una población castellana después de cometer un crimen, llegaron como polizones a Italia y crearon allí las tres grandes familias de la Mafia.
Esto de vivir en Ávila y escribirle a todo lo que me resulta mágico, maravilloso, me ha despertado reivindicaciones innatas.
Todo, siempre, nuestro, juntos
Cada vez que empiezo una reseña, una crónica nueva teatral, debo preparar el terreno. Por supuesto, acudo a ver la representación, no suelo tomar notas, aunque algunas veces sí, normalmente tampoco indago en la sinopsis, en el historial del grupo, dirección, texto, interpretación y, podríamos decir, voy a que me sorprendan. Después, ya indagaré, me documentaré, ahondaré en la temática, y analizaré, en general, toda la puesta en escena. Y, eso sí, esa misma noche, aunque sea impúdicamente tarde, escribiré esa reseña con el terreno bien preparado, quemado, despejado de malas hierbas, artigado, para procurar ser ecuánime, sincero, profundo, analista y, ¿por qué no?, emocional y poético.
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