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los misterios del contemplativo

LOS MISTERIOS DEL CONTEMPLATIVO

I – La modelo de Vermeer
08/04/2026@13:31:00

Contemplar es, contra lo que pueda suponerse de un modo un tanto adocenado o irreflexivo, un quehacer de carácter participativo: quien contempla, transforma, y su mirada es el agente activo del cambio: reconstruye el paisaje y, en el acto de reconstruirlo, lo crea y lo re-crea. La contemplación es, en este aspecto, análoga a la lectura: el Pierre Menard borgeano o, mejor aún, el elusivo Homero de su cuento “El inmortal” (El Aleph, 1949) eximen de todo comentario: cada lector reescribe el libro que está leyendo, y hasta puede pensarse con suficiente fundamento que no hay dos lectores más extraños entre sí que aquel que leyó el Quijote en el siglo XVIII y el que está en trance de leerlo en la actualidad; este último –y la diferencia no es de poca monta- carga, en principio, con todo el aparato crítico que la obra ha suscitado hasta nuestros días, lo cual puede convertirse en bienaventurado acicate o enfadoso gravamen. En esta línea de recreación ad infinitum, en un compás de tiempo que se subsume y se desdibuja en la eternidad, todo libro es el Talmud: se seguirá reinterpretando (reinventando, reescribiendo) hasta que desaparezca el último lector que se haya internado en sus páginas.

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