A la Resurrección del Señor
¿Es de ingrávido sueño,
aire o magia refleja
este resplandor súbito,
esta erguida presencia?
Todo en torno se afirma,
se deslumbra, se ciega.
La piedra es más que nunca
piedra, gozosa piedra;
la humana piel confusa
de oscuros centinelas,
tañida del prodigio,
centellea evidencias,
y el alba, el alba tímida
tan mojada y tan tierna,
confirma de rubores
su inocencia perfecta.
Otra vez sobre el mundo
la Verdad se hace cierta,
cierta con certidumbre
transverberada, céntrica.
No el aire, no, ni el sueño
ni la magia espejean
este cuerpo armonioso
que fulgura y destella.
Las brisas le acarician,
la tierra le sustenta
y la luz que de él mana
le ciñe y le modela.
Pudiendo ser más leve
que plumas o humaredas,
humana, humildemente
pisa la hierba, y pesa,
y al goce del suavísimo
tacto, contacto, prenda,
invita –ábranse flores–
a las yemas incrédulas.
Resurrección. Oh gloria
taladrada y tan nuestra,
tan de hueso y de carne
firme, caliente, fresca.
Por Ti, Jesús, tan nuevo
hoy con tus cinco estrellas
que en cifra dibujada
tu caridad constelan,
por Ti, Señor, devuelto
a la luz que te estrecha,
al amor que te ciñe,
al aura que te besa,
por ti, todo nos canta,
oh divina certeza
para después del tiempo,
quieta ya primavera.
Este romance heptasilábico posee una clara estructura: un motivo glorioso, cantado con entusiasmo en tercera persona: «Todo en torno se afirma / se deslumbra, se ciega» (versos 5-6, con una dinámica triada verbal), por causa de «este cuerpo armonioso / que fulgura y destella» (versos 23-24), hasta el punto de que toda la naturaleza renace con él: «Las brisas le acarician, / la tierra le sustenta, / y la luz que de él mana / le ciñe y le modela» (versos 24-28). En las tres coplas finales, de carácter más íntimo, se produce un cambio de persona gramatical: de tercera a segunda, ya que el poeta, en apóstrofe lírico, se dirige directamente al resucitado, en una serie anafórica de gran valor expresivo: «Por Ti, Jesús, tan nuevo [...]», «por Ti, Señor, devuelto [...]», «por ti, todo nos canta, [...]»; unas coplas que no son sino la proclamación de la «divina certeza» que la Resurrección de Cristo le transmite, al garantizarle una nueva primavera prevista «para después del tiempo».
Merece la pena entresacar de las diferentes coplas los adjetivos y reparar en lo inusual de los nombres a los que acompañan; una adjetivación rica en sugestivos matices connotativos, que complementa otros eficaces recursos estilísticos empleado y que, grosso modo, señalamos:
Copla 1: «ingrávido sueño» , «resplandor súbito» (en ambos casos los adjetivos son palabras esdrújulas), «erguida presencia».
Copla 2: «gozosa piedra». Adviértase la epanadiplosis del verso 8, que además facilita la asonancia interna /é-a/: «piedra, gozosa piedra».
Copla 3: «humana piel confusa» (anteposición y posposición del adjetivo al nombre), «oscuros centinelas», «tañida [la piel] del prodigio». Repárese, nuevamente, en la asonancia interna /é-a/ del verso 12: «centellea evidencias».
Copla 4: «y el alba, el alba tímida / tan mojada y tan tierna». La repetición de la palabra «alba» en el verso 13 aporta la nítida perceptibilidad acústica de la [a]. La sonoridad se ve, además, acrecentada por la aliteración de consonantes dentales, «el alba tímida, / tan mojada y tan tierna». Y de nuevo se produce la asonancia interna /é-a/, ahora en el verso 16: «su inocencia perfecta».
Copla 5: «la Verdad se hace cierta». En este caso, el adjetivo tiene valor predicativo; y, por otra parte, la inicial mayúscula de la palabra «Verdad» posee un innegable valor fático, dado el contexto alegórico-religioso en que se encuentra. «cierta [la Verdad] con reciedumbre». La repetición del adjetivo «cierta» a final del verso 18 y principio del 19 constituye una anadiplosis. «transverberada, céntrica [la Verdad]». Adviértase que «la Verdad» va calificada con tres adjetivos, el último de los cuales cierra verso y es esdrújulo: «cierta, […] transverberada, céntrica». Por otra parte, el neologismo «transverberada» tiene su origen en la palabra latina «transverberatio», que significa «traspasar de parte a parte»; por tanto, en este contexto, y aplicado a «la Verdad», el adjetivo se reviste de connotaciones místicas, ya que se identifica con el amor divino intenso (que como un dardo de fuego ardiente atraviesa el centro del corazón). El políptoton de los versos 18-19 («cierta, / cierta con certidumbre») refuerza la idea de seguridad que acompaña al concepto abstracto de «la Verdad». Y en los versos 19-20, la aliteración de dentales, nasales y vibrantes aumenta su sonoridad: «cierta con certidumbre / transverberada, céntrica».
Copla 6: «cuerpo armonioso». Percibimos una leve aliteración del fonema vocálico /o/. Y si en los versos 5 y 6 figuran tres verbos en relación asindética («se afirma, / se vislumbra, se ciega»), ahora, en el verso 24, son dos los verbos ligados por la conjunción «y» («que fulgura y destella»), verbos que no son exactamente sinónimos, ya que «fulgurar» significa ‘desprender rayos de luz’, mientras que «destellar» implica ‘ráfagas de luz intensas y de breve duración’. Repárese en el curioso vocalismo del verso 24: «fulgúra, destélla» (u-ú-a/e-é-a).
Copla 7: la más dinámica del conjunto, con ausencia de adjetivos, y un marcado paralelismo «sujeto (determinante+nombre)+predicado verbal (pronombre átono complemento directo+verbo)», en un perfecto ajuste entre estructura sintáctica y contenido conceptual ,del que se desprende una sensación de armónico y equilibrado sosiego:
[Las brisas] (A1) [le acarician] [B1],
[la tierra] (A2) [le sustenta] (B2),
[la luz] (A3) [le ciñe] (B3),
[(la luz)] (A4) [le modela] (B4).
Y, de nuevo, la aliteración de dentales y la asonancia interna /é-a/, esta vez en el verso 26, de gran sonoridad: «la tierra le sustenta».
Copla 8: Pudiendo [este cuerpo armonioso] ser más leve / que plumas o humaredas». Para expresar la ligereza casi etérea del cuerpo, se lo compara («más leve que...», ) con ·«plumas e humaredas», (versos 29-30). Los adjetivos del verso 31, por metábasis, han sufrido un proceso de adverbialización («humana[mente], humildemente»; y la oposición fonológica i/e hace posible una original paronomasia verbal en el verso 32: «pisa la hierba y pesa».
Copla 9: los dos adjetivos que figuran en esta copla se encuentran en posición final de verso: «suavísimo / tacto» (en grado superlativo) y «yemas incrédulas»; y ambos son palabras esdrújulas, que aportan una innegable sonoridad al conjunto de la copla (versos 33 y 36, respectivamente). El verso 34 -encabalgado con el 33- contiene un acertado juego de palabras («[suavísimo] / tacto contacto». Finalmente, el verso 35 incluye una ecfonesis -a modo de exclamación vehemente para comunicar emociones intensas- que llama a la acción, y de ahí el uso del presente de imperativo: «ábranse flores».
Copla 10: «Resurrección. Oh gloria» (verso 37); un verso de sorprendente ritmo acentual, al contener tres sílabas tónicas seguidas; «Oh gloria / taladrada y tan nuestra» (versos 37-38, encabalgados): el adjetivo se convierte en la palabra de mayor interés conceptual, al facilitar la doble aliteración del fonema vocálico /a/ y de consonantes dentales del verso; «tan de hueso y de carne / firme, caliente, fresca» (versos 39-40). La locución adjetiva coloquial «de carne y hueso» es objeto de un hipérbaton, para poder describir la carne resucitada con la triada adjetival «firme, caliente [y a la vez] fresca», en referencia a que Jesús resucitó con el mismo cuerpo que fue crucificado, aunque sin estar sujeto a las imitaciones de la carne mortal. Sin duda es esta la copla angular de todo el poema, y el poeta ha extremado en ella el empleo de recursos estilísticos de gran eficacia expresiva.
Copla 11: «Jesús, tan nuevo» (verso 41): el adjetivo alude al cuerpo de Jesús ya resucitado, y que conserva las cinco llagas de la crucifixión (de los clavos y de la lanzada), convertidas en una constelación de estrellas que simbolizan la frase contenida en la Primera Epístola de San Juan (4:16) «Dios es amor» (Deus caritas est) (versos 42 y 44), Adviértase, por otra parte, la relación semántica entre «estrellas» (verso 42) y «constelan» (verso 44).
Copla 12: Estructurada en un perfecto paralelismo, que se extiende a los versos 46, 47 y 48:
a la luz (A1) que (B1 [pronombre relativo]) te [C1) estrecha (D1),
al amor (A2) que (B2) te (C2) ciñe (D2),
al aura (A3) que (B3) te (C3) besa (D3).
Copla 13: «oh divina certeza» (verso 50). Es esta una perfecta combinación sintagmática con la que Diego expresa su convicción de la existencia de una vida sobrenatural, «para después del tiempo, / quieta ya primavera» (versos 51-52).
Adviértase el cambio de persona, al que ya habíamos aludido, en las tres últimas coplas, en las que Diego se dirige directamente al resucitado, llamándole «Jesús» (verso 41) y «Señor» (verso 45), tres coplas que se inician con un enfático «Por Ti» (versos 41, 45 y 49). Sin duda, el poema ha ido avanzando hasta llegar, en su final, al más alto clímax emocional.

Fra Angélico: “Resurrección de Cristo y mujeres en el
sepulcro”. Entre 1439 y 1443. Fresco. 189 x164 cm.
Museo Nacional de San Marcos. Florencia.
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