“Desecho e izquierdo” es un juego fonético y de sentido, que evoca de algún modo los juegos de Oliverio Girondo y remite, a través del primer sustantivo, al acto de “desechar”, es decir, al residuo, al resto, lo que se acerca al concepto de descarte. A través del segundo nombre: “izquierdo”, procedente del vasco y castellano antiguo, se señala aquello que no es capaz de destreza, dado que ese vocablo nombra el brazo generalmente menos hábil para el trabajo y la lucha. En latín, izquierdo equivale a “sinistrum”, lo relacionado con lo oscuro y peligroso (la izquierda por etimología nombra características y condiciones negativas). Todo esto no deja de remitirnos a Freud, a su texto “Lo siniestro”, en el que lo siniestro no es lo desconocido y ajeno, sino lo más familiar, lo más próximo que se vuelve extraño, lo doméstico que de repente adquiere características atemorizantes.
AdN. 2026
Sinceramente, esta ha sido una de las experiencias de lectura más alucinantes que uno puede llegar a tener en mucho tiempo. Al terminar el libro, te sientes aturdido, inquieto, confundido, profundamente conmovido y, a la vez, impresionado, porque lo que esperaba no se parecía en nada a lo que realmente encontré.
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Nuestro poema de cada día
Lope de Vega, en la portada de su edición de La Arcadia (1598) colocó un escudo con 19 torres, precedido de la leyenda “De Bernardo es el blasón y las desdichas mías son”. Ante la farsa de su hidalguía, Luis de Góngora, en un soneto fechado en 1598, de enorme intencionalidad satírica, se burla de su vanidad. El soneto se titula “A La Arcadia, de Lope de Vega Carpio”; o bien, en muchas antología se emplea el primer verso como título. Tras la reproducción de original, ofrecemos un sucinto comentario estofa por estrofa.
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