Winslow Homer realizó en 1909 el que dicen fue su último óleo: Driftwood (‘madera de deriva’) en el que vemos un mar embravecido, gris y tormentoso que se confunde con el cielo. En la base del cuadro, un hombre trata de hacerse con un enorme tronco. Pero es solo un hombre: resulta, frente a las olas, insignificante, y junto al tronco, impotente. Tres décadas después, Marsden Harley pinta una pila de troncos varados en la orilla del río Bagaduce (Maine).