Uno de los lemas más conocidos de la RAE es que “limpia, fija y da esplendor” a nuestra lengua, viva y mutante, como esta sociedad cada vez más multicultural, intercultural y diversa, que es la nuestra. No es de extrañar, pues, que a casi nadie le importe ya la etimología de las palabras y que las acepciones de las mismas tomen derroteros diferentes en función del credo religioso y político de los hablantes, de la aparición de nuevas tecnologías, costumbres o uso frecuente, o de la incursión de extranjerismos que vamos adaptando al idioma de Cervantes. Se hace necesario, desde esta perspectiva, seguir actualizando el Diccionario canalla improgre para poder entender el sentido exacto que queremos transmitir con nuestro mensaje cuando nos dirigimos “al otro”, muchas veces, sin tener en cuenta el nivel que ostentamos frente a, o sobre, él.