• Diario Digital | Martes, 21 de Agosto de 2018
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"Las posesiones", de Llucia Ramis

Mientras leía este libro pensaba en algo que vi hace unos días: tenía puesto en la televisión un conocido programa sobre libros en el que entrevistaban a Antonio Muñoz Molina por la publicación de su último libro. El presentador, también director del programa, le decía al autor algo así como que el personaje principal de su obra, también narrador, se parecía mucho a él, a lo que Muñoz Molina respondía: «no es que se parezca, es que soy yo». Y se reían. Y claro, cómo no pensar eso con esta novela de la que hablo hoy, si la vida de la protagonista, también narradora, casi podría calcarse a la de Llucia Ramis

"Las posesiones", de Llucia Ramis

Lo que pasa aquí es que llegas a ciertas páginas, para ser más exactos y para dar un ejemplo a la página 153 y lees: «No me leías a mí, sino lo que había escrito, que no es lo mismo. Leerme a mí es más difícil, ni siquiera yo estoy segura de poder hacerlo». ¿Quién es Llucia Ramis? ¿De verdad existe?

Las posesionesEn "Las posesiones", novela galardonada con el Premi Llibres Anagrama y que ahora publica en español Libros del Asteroide, nos encontramos con alguien – ya digo – muy parecido a Llucia Ramis, que se decide a contar cierta parte de su vida. Y no una parte cualquiera sino que, como es de esperar, una que pide ser volcada en palabras para poder ser entendida, cerrada. Una parte importante, vital.

"Las posesiones" es una historia o trama familiar narrada desde una única voz y una voz única, de ahí la grandeza. Fragmentaria en frecuentes ocasiones, al estilo del proceso de recordar, en esta obra Llucia Ramis consigue hilvanar el despojo vital de su personaje, el vómito de una herida abierta en forma de palabras. Esta novela es algo así como un aviso, un resguardo, una exposición de cicatrices futuras. Y para ello, se recurrirá al recuerdo. ¿Cuán nítidos son los recuerdos? Ese caminar por la neblina de la memoria es una de las claves de la novela. El padre, la madre, el amor y su correspondiente desamor, la soledad, el enroque, la recuperación, la vida en general, son otros de los muchos temas que se tocan en el recorte de una larga historia (¿eterna?) que ocupa poco más de 250 páginas.

La memoria, como digo, es una niebla que pide ser transitada para que puedas entender la vida, y en ese caminar es habitual encontrar fantasmas que te conocen bien y saben cuál es el momento más oportuno para aparecer, como le ocurre a la protagonista de Las posesiones. Y recordar, el proceso de recurrir a la memoria para construir las ruinas del pasado, es algo a lo que se ve abocado quien crece. Se puede leer en la novela la idea de que madurar, crecer, implica pérdida, implica la aceptación de esa pérdida, la aceptación de que «también somos lo que perdimos. O quizá somos sobre todo eso».

Toda esta inhibición por parte de un personaje que ve que la vida no le encaja, como si tuviera unas gafas de otra graduación mientras intenta ver la realidad, y que se encuentra con dramas familiares – suicidios, asesinatos, locura, depresión, ruina – y dramas vitales – rupturas, soledad, el fin del periodismo que tanto ama – que solo hacen que aumenten las revoluciones que marcan el ritmo y la velocidad de su mente.

Eso, una mente en movimiento, es lo que en base ofrece "Las posesiones". Una delicia de cabeza. ¿Esta vez sí la de Llucia Ramis?

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