• Diario Digital | Miércoles, 20 de Junio de 2018
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CON MOTIVO DE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO EN EL MUSEO DE LA CIUDAD DE VALENCIA

"Maldito y bienamado bibelot", de Heberto de Sysmo

José Antonio Olmedo: escritor, crítico literario, es titulado en Ciencias Audiovisuales, estudia Filología Hispánica en la Universidad de Valencia y codirector de la revista Crátera. Sobre todo, poeta. En su haber, varios premios y publicaciones. El libro que nos ocupa hoy es, según el poeta cordobés, José Luis Rey, autor del prólogo, una crónica de la relación amorosa de Heberto de Sysmo con el lenguaje. "Maldito y bienamado bibelot" es, ante todo, un "cancionero verbal", un libro que recorre galerías y recovecos de ese laberinto interminable que es el lenguaje. Una aventura metalingüística si se quiere, pero que tiene en el amor la primera impedimenta, ese bagaje necesario para la tropa poética que se apresta a recorrer los caminos de la empresa literaria.

Heberto de Sysmo
Heberto de Sysmo
"Maldito y bienamado bibelot", de Heberto de Sysmo

             No es un libro sencillo. Confieso que el título llamó mi atención. ¿Qué es un bibelot? Galicismo introducido en nuestra lengua para referirnos a un pequeño objeto decorativo. Por ejemplo, un muñequito. Pero, además, el título nos sorprende también por la fuerza del oxímoron: maldito y bienamado. Extraña paradoja que, sin embargo, consigue atrapar nuestra atención de inmediato. Maldito y bienamado bibelot. ¿Y qué nos quiere decir Heberto de Sysmo con este título tan extraordinariamente llamativo? Habrá que abrir las páginas y sumergirse en la lectura de este poemario que obtuvo por merecimiento propio el primer premio en el II Certamen Nacional de las Letras "Isabel de Agüera" de Villa del Río, en la provincia de Córdoba.

            De entrada, nos encontramos con una cita de Miguel de Unanumo. Una cita que parece un acertijo: "No el que un alma encarna en carne, ten presente, no el que forma da a la idea es el poeta, sino que es el que alma encuentra tras la carne, tras la forma encuentra idea". Aficionado a las paronomasias, a los retruécanos y a los calambures, el maestro del 98 nos advierte de cuál es la condición intrínseca del poeta. Heberto de Sysmo desarrollará esta idea a lo largo de todo el poemario que ahora comienza. El eje sobre el que girará toda la reflexión lírica será el propio lenguaje. La misión del vate será la de desvelar la maravilla que se halla en la propia esencia de la palabra poética. Sortilegio, letanía, oración o salmo. Eso es la poesía. Bécquer lo decía con absoluta claridad: "Espíritu sin nombre, / indefinible esencia, / yo vivo con vida / sin formas de la idea".

            El libro se divide en cuatro apartados: Physis, Mathesis, Mímesis, Semiosis. Es decir: Naturaleza, Cálculo, Imitación y Signo. (12, 12, 12, 12). 48 poemas (múltiplo de 4).

            Según muchos antropólogos la cuaternidad es el paradigma más importante del universo humano. Para los antiguos alquimistas, el cuatro constituía un principio fundamental con el que realizar la gran obra y buscar la piedra filosofal. La cuaternidad representaba, y sigue representando, la base estructural de la psique humana, es decir, la totalidad de los procesos conscientes e inconscientes. Todo lo que nos rodea está fundamentado por la simbología de la cuaternidad: los cuatro secretos de la Esfinge, los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones, los cuatro jinetes del apocalipsis, los elementos sobre los que se formó el mundo según muchas tradiciones antiguas: el agua, el fuego, la tierra y el aire. Los grandes símbolos como la cruz, el aspa o la esvástica se sustentan sobre la estructura del cuatro. Y en la numerología secreta de las grandes sectas o minorías elitistas que rigen el mundo, como los masones o los rosacruces, por ejemplo, el cuatro simboliza el poder y el dominio, por eso manejan cuatro signos: el de Voor, el de Kish, el de Koth y el Mayor.

            Heberto de Sysmo nos presenta una arquitectura poética sustentada sobre el cuatro. ¿Casualidad o destino? ¿Intuición o fatalidad?

            Comenzamos la andadura con un primer poema que nos plantea la dicotomía de Ferdinand de Saussure sobre el signo lingüístico: significado y significante. El poeta reflexiona sobre la condición del lenguaje. ¿Qué es para el hombre esa capacidad de fabular, de acotar ideas, de poner nombre a lo inefable? ¿Una patria, una herramienta, una germanía, un acopio de signos sin ternura? El lenguaje existe más allá de nosotros, existe sin nosotros, nos antecede y nos sobrevivirá. No entiende de pasiones ni de sentimientos. Es cambiante y maleable. Pero al mismo tiempo, nos ayuda a conocer el mundo, a desvelar los entresijos del pensamiento, a comprendernos a nosotros mismos. Porque nada existe hasta que no es nombrado.

            En ese bucear por las aguas procelosas del idioma, Heberto de Sysmo consigue hallazgos de una belleza extrema. Juega con la homofonía (contra la lengua se rebela / y revela la luz de su innatismo), con la antítesis (las primeras palabras - cuando niños - provocan la alegría de los padres, las últimas palabras de la vida provocan la tristeza de los hijos), la anáfora, las aliteraciones (que mora tras sus muros), los latinismos (terra nullius, lectio facilior) o los exacerbados cultismos, cual dilecto discípulo del excelso Góngora (desopercular, lampo, ergógrafo, eruela, esbatimiento o epifenónemo), por poner tan solo algunas de las infinitas osadías léxicas o semánticas con las que nuestro poeta nos regala y agasaja.

            Entre tanto vaivén retórico y terminológico, fluyen los juegos de palabras, las metáforas más atrevidas, las alegorías, en un proceso de constante indagación lingüística. Entre los versos / arden  palabras libres / nunca escritas, nos dice en un haiku soberbio. También hay definiciones poéticas de una bellísima intensidad metafísica: sentir: / impulso ágrafo que escribe heridas.

            El lenguaje, pues, es el epicentro, el núcleo, el tema y el quid de la cuestión de este poemario absolutamente original. Un poemario que es, de alguna forma, un ensayo sobre teoría lingüística, expresada a partir de planteamientos líricos. El autor nos confiesa: el lenguaje es la vida, / yo mismo soy lenguaje; / cada acto de expresión - como origen del todo – es un renacimiento. Observemos la cadencia musical de los heptasílabos, que fluyen limpios y hermosos, en esa corriente cristalina del discurso. Metafísica, gramática, retórica y pensamiento.

            Todo el volumen está plagado de deslumbrantes hallazgos. Descubrimientos que el amante de la palabra celebrará gozosamente. Cómo no sentirnos abrumados ante la belleza de una "luz hemistiquia". Cómo no experimentar una íntima zozobra al advertir que la "costumbre adolescente del poeta" es "irse de versos" y "volver ebrio de magia".

            Estamos llegando al final. Los poemas se condensan, adquieren la brevedad de sentencias o máximas. Podríamos afirmar que Heberto de Sysmo se convierte en un poeta conceptista. Como el mejor Gracián. Como Quevedo. O como el mismísimo Unanumo, el escritor con el que se inicia la aventura de este libro. Admiremos la belleza del siguiente retruécano: "decir para vivir, / vivir para decir". "Y después de haber dicho / volver a desdecirse". Otra vez la majestad de los heptasílabos para dar forma a un pensamiento filosófico de hondura barroca.

             Brindemos por el nacimiento de este libro, que en su aparente sencillez encierra las claves de una magnífica obra, tramada con inteligencia y sabiduría. En Maldito y bienamado bibelot, podemos hallar los fundamentos de una vocación lingüística y literaria fuera de toda duda. No es un libro cualquiera. Es un testamento. El testamento de una pasión. Una declaración de amor por el lenguaje. Nada más y nada menos.

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