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Marc Font
Marc Font (Foto: cedida por la editorial)

La mirada perspicaz de Marc Font: Un viaje a través de “La modista de Barcelona”

Por Javier Carrascosa
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luisjaviercarrascosagmailcom/20/20/26
sábado 10 de enero de 2026, 22:21h

En el vasto panorama literario actual, Marc Font se destaca como un autor que no solo narra historias, sino que también invita a sus lectores a reflexionar sobre aspectos profundos de la condición humana. En su reciente obra, “La modista de Barcelona”, Font despliega una narrativa rica y multifacética que atrapa desde la primera página.

La modista de Barcelona
La modista de Barcelona

Uno de los aspectos más destacados de la obra es el desarrollo de sus personajes. Font crea figuras complejas y matizadas que evolucionan a lo largo de la narrativa.

Desde su publicación, ha generado un gran interés entre los lectores. En conclusión, Marc Font, con su libro nos ofrece una experiencia literaria que va más allá del entretenimiento. Es una llamada a la introspección y a la conexión humana en un mundo que a menudo parece desconectado. Sin duda, este libro se convierte en una lectura obligada para aquellos que buscan no solo disfrutar de una buena historia, sino también encontrar un eco de sus propias vidas en la narrativa.

Con una prosa cautivadora y personajes que perduran en la memoria, el escritor reafirma su lugar en la literatura contemporánea. La novela está publicada por la editorial Motus.

Su libro “La modista de Barcelona” está ambientado en la década de los años 40 del pasado siglo. ¿Cree que la historia que se narra en el libro podría tener cabida en este siglo?

Sí, sin ninguna duda. La modista de Barcelona está situada en los años cuarenta, cincuenta, sesenta… porque ese contexto histórico refuerza el silencio, la impunidad y las desigualdades que vivían muchas mujeres en la posguerra, pero la historia que se cuenta trasciende esa época. Los conflictos que atraviesan la novela —la violencia, el abuso de poder, la lucha por la supervivencia, la necesidad de rehacerse y de encontrar justicia— siguen estando presentes en nuestra sociedad actual.

Si la historia se desarrollara hoy, cambiarían los escenarios y las herramientas —la tecnología, la visibilidad pública o el papel de las instituciones—, pero no la esencia de los personajes ni el motor emocional del relato. Al final, la novela habla de heridas que no siempre cicatrizan, de cómo el pasado condiciona el presente y de la fuerza interior necesaria para resistir y reconstruirse. Por eso creo que es una historia que podría tener cabida perfectamente en este siglo y seguir interpelando al lector con la misma intensidad.

¿Qué le llevó a desarrollar esta trama para escribir el libro?

El libro nace de la escritura libre, sin ningún propósito inicial de publicación. Surgió como una necesidad personal de escribir y de dar forma a recuerdos, sensaciones y mundos que conozco bien. Desde el principio tuve claro que quería reflejar espacios y realidades que forman parte de mi propia experiencia.

Por un lado, Gràcia, el barrio donde viví durante muchos años y al que quise rendir homenaje, recuperando la esencia de una Barcelona cada vez más desdibujada, marcada históricamente por los oficios, la vida de barrio y las relaciones humanas. Por otro, el mundo del textil, que fue durante décadas un motor económico y social fundamental del territorio del que procedo. Yo nací y crecí en Gironella, en la comarca del Berguedà, una zona profundamente vinculada a la industria textil, y ese paisaje humano e industrial está muy presente en la novela.

La figura de la modista me permitió unir todos estos ejes y construir una historia que, más allá de la trama, funciona como un ejercicio de memoria y como una manera de preservar, a través de la ficción, unos mundos que forman parte de quien soy y de donde vengo.

A lo largo de la novela describe calles de la Ciudad Condal con mucha precisión ¿se las ha recorrido para poder plasmarlas en el libro?

Conozco muy bien esas zonas porque Barcelona es una ciudad que me encanta y que he recorrido durante años. Hay una parte muy vivida y personal en esas descripciones, pero también una parte de trabajo y documentación, especialmente en todo lo que tiene que ver con la Barcelona más histórica. Aunque lo escribiera desde la distancia, quería ser fiel al pulso real de la ciudad durante la dictadura, a sus calles, a sus negocios y a la atmósfera de una época muy concreta.

Escribí la novela de forma muy peculiar: la fui construyendo en las notas del móvil durante un viaje por Sudamérica de más de 12.000 kilómetros en autobús. Esa distancia física me obligó a afinar aún más la memoria y a contrastarla. Hablé con personas mayores que yo que vivieron aquella Barcelona, que conocieron de primera mano la posguerra, la represión, los comercios emblemáticos y la vida cotidiana de entonces.

Algunas de las tiendas que aparecen en el libro, y a las que también se rinde homenaje, las visité personalmente. Algunas siguen siendo parte viva de la ciudad, como la emblemática tienda de telas Gratacós, con la que incluso hemos colaborado para dar a conocer el libro. De hecho, llegamos a grabar un reportaje con Betevé. Todo ese proceso —vivencia, memoria, documentación y contacto directo con la ciudad— es lo que me permitió describir Barcelona con la precisión y el respeto que la historia exigía.

¿Ha cambiado mucho Barcelona desde 1944 hasta nuestros días?

Barcelona ha cambiado muchísimo desde 1944, tanto en su fisonomía como en su manera de vivir y de relacionarse. La ciudad de la posguerra era una Barcelona marcada por el silencio, el miedo, la escasez y la represión, donde la vida se organizaba en torno a los barrios y a los oficios, y donde las relaciones humanas eran, para bien y para mal, mucho más cercanas y dependientes del entorno inmediato.

Hoy vivimos en una ciudad abierta, global y profundamente transformada, pero en ese proceso también se ha ido perdiendo parte de aquella identidad cotidiana: los pequeños comercios, la vida de barrio, los oficios tradicionales y cierta forma de entender el tiempo y las relaciones. La Barcelona actual es más libre y diversa, pero también más acelerada y, en algunos aspectos, más despersonalizada.

Precisamente por eso me interesaba volver a aquella Barcelona de 1944. No desde la nostalgia, sino desde la memoria, para recordar de dónde venimos y para rescatar una esencia que, aunque hoy esté más diluida, sigue latiendo en algunos barrios, en algunas calles y en la memoria de quienes la vivieron.

¿Cuánto tiempo le ha llevado escribir entre documentarse y escribir el libro?

Tardé alrededor de ocho meses en escribir el libro, un tiempo en el que la escritura y la documentación fueron casi simultáneos. Después de la pandemia me tomé un año sabático, lo que me permitió disponer de tiempo suficiente para dedicarme a lo que realmente quería: viajar, descubrir nuevas experiencias y, sobre todo, escribir.

De todos los personajes que hay en el libro, ¿ha dejado usted alguna impronta en el libro?

Yo diría un rotundo no, aunque reconozco que es casi imposible no exponernos de alguna manera en ciertos personajes, en determinados diálogos o en algunas formas de pensar que seguro se dejan entrever. Curiosamente, esto ha dado lugar a anécdotas divertidas: en los clubes de lectura me han comentado varias veces que les recuerdo a uno de los personajes. Yo no lo creo, pero siempre me resulta gracioso que se perciban esos parecidos.

¿Alguien de su entorno está reflejado a lo largo del libro?

De manera intencionada no, aunque seguramente sí de forma indirecta. Más que en los personajes concretos, está presente la esencia de ciertas figuras que han formado parte de mi vida. Por ejemplo, Loreto, la figura de abuela entrañable de la novela, recuerda mucho a mis propias abuelas. Es casi inevitable plasmar en la escritura fragmentos de nuestra vida y de quienes nos han marcado.

Su libro esta editado en catalán y en Castellano. ¿Cuál de las dos ediciones tiene más éxito?

La edición en catalán, La modista de Gràcia, se publicó en enero de 2024 y, todavía a día de hoy, sigo asistiendo a clubes de lectura y rutas literarias. Ha sido una aventura apasionante y exigente a partes iguales, sobre todo porque compagino esta actividad con mi trabajo en un instituto. Aunque hay días que acabo agotado, lo sigo disfrutando mucho. Creo que el hecho de que el libro siga vivo y generando encuentros con los lectores es un buen indicador de que sigue despertando interés.

La edición en castellano se publicó en octubre de 2025 y actualmente estamos en plena campaña de difusión con Trini Vergara ediciones, con el sello Motus Thiller. Está disponible en España y en Latinoamérica, y solo en Argentina se vendieron más de 600 ejemplares durante ese primer mes. Habrá que ver cómo evoluciona, pero estoy muy agradecido de que los lectores apuesten por voces nuevas, con poca presencia mediática, y den la oportunidad a historias como esta.

¿Ha pensado traducirlo en otro idioma?

En marzo de 2026 saldrá en portugués con la editorial Kathartika.

¿El final de libro es cerrado o da para una segunda novela?

Para los lectores que ya lo han leído, dejé intencionadamente algunos hilos abiertos, con la posibilidad de desarrollarlos más adelante si surgiera la ocasión de continuar la historia. La novela tiene un final redondo: concluye de manera impactante, pero al mismo tiempo deja pequeñas puertas abiertas que podrían explorarse en el futuro. Muchos lectores me han comentado que les gustaría saber más sobre los personajes: ¿qué pasará con Loreto?, Y con Xavi ¿es realmente lo que parece? ¿Qué sucederá con las chicas de La Vanguardia? ¿Y con los padres de Xavi? Por el momento no he escrito nada más. Creo que es importante ser prudente, porque a veces las segundas partes pueden restar fuerza a la primera.

¿Tiene previsto escribir otro libro para el año que viene?

Tengo ganas de seguir escribiendo, pero de momento estoy disfrutando de esta experiencia. ¿Habrá otra novela? Espero que sí. ¿Cuándo? No lo sé.

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