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"La escuela de Salamanca", de José Carlos Martín de la Hoz y León M. Gómez Rivas

Editorial Sekoitia. 2025
viernes 06 de febrero de 2026, 22:21h
La escuela de Salamanca
La escuela de Salamanca

Como se indica en el subtítulo del libro, La Escuela de Salamanca representó la iluminación para el resto de La Tierra del pensamiento cultural, filosófico, de legislación, moral o ético, y hasta científico, etc., Salamanca-ciudad volcada hacia el pensamiento, desde la fundación de la Academia Helmanticense por el Rey Alfonso IX “el de las Cortes o el Legislador” de León, siendo protegida y enaltecida por Papas y por el Rey Alfonso X “el Sabio” de Castilla y de León.

La Iglesia católica siempre tuvo un deseo esencial de reformarse, inclusive desde la época del propio San Pablo. Ese concepto de reforma ya está dentro de la evolución católica, sobre todo cuando en el siglo IV el emperador Constantino I “el Grande” decide que los católicos sean respetados, se les reconozcan libertad de movimientos, y ya no serán perseguidos por su religión. Esta nueva situación permitirá la entrada masiva de muchos conversos, pero su calidad espiritual es deficiente, con muchos analfabetos y pocos libros leídos. El fin inmarcesible del catolicismo es el relativo a conseguir la salvación de sus militantes.

Precisamente tras el Concilio de Constanza en 1413, se hablaba en todo el orbe católico de la inaplazable reforma de la Iglesia, in caput et membris, en la cabeza y en los miembros. Es decir, que la reforma de la Iglesia en el papado, los obispos, el clero secular, órdenes y congregaciones religiosas y pueblo cristiano era improrrogable. Era necesaria una coherencia entre la fe y la vida para que el mensaje fuera creíble y, así, el humanismo y el renacimiento que estaba llegando a las universidades y a las cortes reales de todos los países de Europa, estaba poniendo en el centro de la sociedad la imagen de un cristianismo sincero y humano”.

La fe se había debilitado por el gran número de las miserias humanas existentes en los denominados como fieles cristianos; los mayores problemas existían, sobre todo, en la Curia Papal de Roma, porque para los fieles algunos comportamientos papales ya habían producido mucho escándalo. Algunas órdenes y congregaciones religiosas vivían en sus conventos de modo y manera muy relajada; inclusive algunos clérigos vivían en concubinato con sus barraganas, sobre todo en las zonas rurales. En suma, se podría definir todo lo que antecede como un pueblo cristiano en el que eran abundantes ‘una fe fuerte y una vida rota’.

Se propusieron tres soluciones a la improrrogable reforma de la Iglesia: la inspiración luterana, la humanista y una mal llamada ‘contrarreforma’. Sabemos que ninguna de las tres llegó a triunfar, sino que fue la posterior reforma católica, que se inició en España y que desembocó en la Escuela de Salamanca, la que llevaría al Concilio de Trento las verdaderas respuestas, como se desarrolla en el capítulo correspondiente de este trabajo”. La primera propuesta fue un cataclismo para el catolicismo europeo, y se refiere a la aparición del exclaustrado monje agustino alemán llamado Martín Lutero, que nació como una reforma de los vicios del papado romano, y que tuvo como fin ineluctable transformar toda esta reforma en un conglomerado de confesiones o sectas denominadas evangélicas, muchas veces enfrentadas entre sí, y plenas todas ellas de dogmatismos. “Como afirmaba el superior general de los agustinos en 2017, en el aniversario de las llamadas ‘Noventa y cinco tesis de Wittenberg’, Martín Lutero habría roto la unidad de la Iglesia y habría dejado sin la fuerza y el consuelo de los sacramentos a millones de cristianos con el paso de los siglos. Indudablemente, los informes que llegaron entonces a la Santa Sede mostraban una honda preocupación, pues Lutero exageraba tanto la fe fiducial que exigía al creyente para salvarse, que eliminaba el magisterio de la Iglesia, la tradición apostólica, los sacramentos, la lucha ascética, las devociones a la Virgen o a los santos y terminaba por dejar solo al hombre con Dios y con la Sagrada Escritura”.

Los discípulos y los seguidores del ex-monje agustino, sobre todo Juan Calvino y Felipe Melanchton rompieron, sin ambages, todas las mediaciones entre Dios y los hombres, incluyendo la tradición y los sacramentos. Lutero solo aceptaba las Sagradas Escrituras y la confianza en la predestinación. Para agravar, más si cabe, los problemas protestantes contra la doctrina católica, en el siglo XVII Baruc Spinoza negaría el más mínimo valor a los milagros, lo que dejaba a la praxis del propio Cristo, como hacedor de milagros, sin ningún valor, y el ser humano abandonado a su suerte. Según el profesor Thomas Kaufmann, estima que Lutero estaba convencido, sin ambages, de que el fin del mundo llegaría a mediados de ese siglo XVI, y por consiguiente consideraba que era preciso luchar, como fuese, contra el anticristo, que según él estaba indicado claramente por el Apocalipsis y representado por el Papa del Vaticano. Contra todo ello aparecerá el humanismo cristiano representado por Thomas Moro y Erasmo de Rotterdam.

La propuesta erasmiana era una solución culta al problema de la reforma de la Iglesia, como si todo se resolviera elevando el bajo nivel de formación de las órdenes y congregaciones religiosas, del clero y del pueblo cristiano. Efectivamente, promovía un cristianismo esencialista, interior, que provocara una piedad honda y verdadera y, a la vez, que fuera alimentado por la Sagrada Escritura y los comentarios de los santos padres; pero solo mediante la herramienta de un latín culto, o nuevas ediciones y traducciones cuidadas, acordes con los textos originales”. No obstante, para dejar bien claro que la ética católica existía nace la Escuela de Salamanca, el precursor será Matías de Paz y el más influido por dicha entidad sería fray Bartolomé de las Casas. El maestro por antonomasia será Francisco de Vitoria, aunque sin olvidar a Domingo de Soto y a Melchor Cano. Francisco de Vitoria nació en Burgos, Reino de Castilla, en 1485, y fallecería en Salamanca, Reino de León, en el convento dominico o de la Orden de Predicadores de San Esteban, después de vivir la espiritualidad dentro de la regla de la Orden religiosa fundada por Santo Domingo de Guzmán. Francisco de Vitoria comenzó sus estudios, en el año de 1505, en el colegio de los dominicos de San Pablo, y allí sería novicio. Como era un alumno sumamente aventajado, fue enviado a terminar sus estudios a París, para residir en el notable colegio de Santiago donde tenían centralizada su reforma religiosa los dominicos.

Por aquel tiempo, en la capital francesa imperaban las corrientes llegadas de Italia, humanistas y renacentistas, y comenzaba a imponerse el arte, la poesía, la música, el buen gusto y el latín refinado. Todo ello influirá, años más tarde, en el tono elegante, cuidado de las buenas formas y en el estilo de la obra personal de Vitoria y de la Escuela de Salamanca. Si observamos, por ejemplo, la introducción de las relecciones teológicas de cualquiera de los grandes maestros de la Escuela de la primera época, encontraremos siempre un comienzo realizado en un latín ampuloso lleno de citas eruditas y de textos líricos conmovedores que recuerdan indudablemente el ambiente de la Sorbona en el arranque del siglo XVI”.

Los humanistas preconizaban una auténtica reforma en la Iglesia católica, y así habría llegado, a priori a la corte de los Reyes Católicos, donde ya existía una auténtica pléyade de intelectuales en todos los aspectos socioculturales del momento. Desde Antonio de Nebrija hasta Luis Vives, pasando por Juan de Vergara, Alonso Manrique o Alonso Fernández de Madrid. Es preciso, asimismo, citar la realización de la Biblia-poliglota de Alcalá de Henares, preconizada por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. Francisco de Vitoria y sus discípulos nunca tuvieron el más mínimo miedo o debilidad para enfrentarse al orden político gobernante, ya que ellos estimaban que si no existe el derecho no hay sociedad que valga, y la dignidad de la persona humana desaparecerá. Para ellos el humanismo cristiano se fundamentaba, claramente, en que se debería considerar a los seres humanos como creaturas a imagen y semejanza del mismo Dios Todopoderoso. Además, los gobernantes deberían ganarse la confianza de sus súbditos, ya que sin ese sentimiento de interrelación no existe la necesaria paz social precisa para el desarrollo de los pueblos. La Escuela de Salamanca no dejó ninguna faceta de las relaciones humanas sin analizar. Todo ello está en este libro de gran valor y ¡que recomiendo vivamente!

«En 1526, Francisco de Vitoria llegaba a la Universidad de Salamanca. Lo que comenzó como una renovación de la teología terminaría transformando el pensamiento occidental. Sus reflexiones sobre la dignidad humana, la justicia y la economía sentaron las bases del derecho internacional, la ética económica moderna y los derechos fundamentales. DE SALAMANCA AL MUNDO: CUANDO EL PENSAMIENTO ESPAÑOL REVOLUCIONÓ LA ÉTICA, EL DERECHO Y LA ECONOMÍA. Un recorrido intelectual por la Escuela de Salamanca que revela cómo sus ideas sobre el valor de los bienes, los límites del poder o la legitimidad de la guerra continúan vigentes cinco siglos después. Sus teólogos y juristas desarrollaron principios revolucionarios sobre el comercio justo, la propiedad privada y las relaciones entre estados que configurarían el mundo moderno. A través de un análisis riguroso y accesible, los autores demuestran por qué la Escuela de Salamanca merece ser reconocida como uno de los momentos cumbre del pensamiento español y universal. LEGITIMIDAD DEL PODER POLÍTICO Y JUSTIPRECIO. Desde su gestación en el contexto de la reforma católica hasta su influencia en el desarrollo del derecho y la economía modernos, los autores analizan figuras clave como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Martín de Azpilicueta, mostrando cómo sus ideas sobre justicia, comercio y derechos humanos se adelantaron a su tiempo y continúan inspirando debates contemporáneos. La legitimidad del poder político, la teoría del precio justo, los derechos de los pueblos indígenas y las bases del derecho internacional son algunos de los temas fundamentales que se examinan, demostrando la sorprendente actualidad del pensamiento salmantino en un mundo que sigue buscando el equilibrio entre ética y economía». ¡Extraordinaria obra y necesaria para demostrar lo que fueron las Españas…! «Eleanore Regina Anglorum, Salus et Vita. ET. Regis Regum Rectissimi, Prope est Dies Domini».

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