La Historia del SPQR, que es Roma, es un sumatorio global de problemas que, poco a poco se van resolviendo, hasta conseguir crear una identidad diferente al del resto de los estados del momento histórico de la Antigüedad. No obstante, será por causa de todos estos problemas, económicos, sociales, políticos y militares, la que conllevará la existencia de lo que fueron la Monarquía, la República y el Principado e Imperio de Roma, que tanto supusieron para la historia de Europa. Por consiguiente, Roma que ya no tiene enemigos europeos de cierta enjundia, tiene graves problemas de administración, porque ahora ya no es una ciudad-estado prototípica, que casi no abandonaba su hinterland en la región del Lacio, sino un Imperio. “El sistema que utilizará para adaptarse a esta nueva situación será copiar lo que se ha hecho siempre, pero a mayor escala. De igual modo que las colonias que se fundaban eran una copia miniaturizada de Roma, la administración provincial intentaba ser algo parecido. En esta nueva fase, las provincias eran administradas por un pretor, un magistrado romano con poder civil y militar, con imperium, que gobernaba con la ayuda de legados de su máxima confianza, y de un cuestor que se encargaba de los asuntos económicos. La administración de una provincia era un calco de la administración de una legión, que no dejaba de ser un reflejo de la política romana: un general, ayudantes y un encargado de llevar las finanzas. Y a diferencia de los pactos que se hacían antes con los pueblos itálicos, estos territorios que se convertían en provincias pasaban a ser propiedad del pueblo romano y debían explotarse sus recursos a la vez que se intentaba mantener a sus gentes tranquilas por las buenas o por las malas”. En este momento histórico serán los senadores los que ocupen estos puestos, y además, asimismo, los cargos de gobernadores provinciales serán ocupados ya por antañones cónsules o pretores, pero la nueva denominación es prístina sobre lo que representan, a saber: Procónsules y Propretores, que eran sumamente autoritarios, y su ética definía el comportamiento y, sobre todo, como iban a vivir los administrados por estos políticos, que no tenían ningún tipo de freno, salvo algún tipo de denuncia formulada ante el senado de la urbe capitolina, que no solía salir adelante, ya que era absurdo colegir que sus iguales los fuesen a corregir o a condenar. Con respecto a lo que antecede existe un caso patognomónico de la amoralidad de un gobernante de Roma en Hispania. A saber, fue: “Las provincias se convirtieron en la fiesta del saqueo. Tanto se les fue a muchos de las manos, que el tribuno de la plebe Lucio Calpurnio Pisón Frugi intentó que los gobernadores acusados de malversación fueran llevados ante un tribunal tras el escándalo de Servio Sulpicio Galba en Hispania, un bicho de cuidado, ejemplo de abusos y mentiras. Se promulgó a tal efecto la Lex Calpurnia de repetundis en el año 149 a.C., pero cuando el que juzga y el juzgado tienen intereses comunes suele pasar que los veredictos son de absolución, algo en lo que por desgracia no hemos cambiado en absoluto. Aunque hubo nuevos intentos de establecer leyes que controlaran estos comportamientos, siguieron repitiéndose”. Tras los enfrentamientos entre los patricios y los plebeyos, que inclusive tuvo un tic de violencia, todo cambió cuando tras la Lex Hortensia del año 287 a.C., nació una nueva clase social denominada como la Nobilitas, que conllevará una mezcolanza conspicua entre los patricios de rancio abolengo y económicamente plutócratas, con la magnificencia militar y política de los plebeyos más ricos, esta nueva clase social se va a encargar de acumular triunfos y cargos innumerables, y cada vez será más difícil pertenecer a ella, ya que utilizaría el candado para que fuese muy difícil llegar a formar parte de ella. Para poder pertenecer a esta nobleza económica y de raigambre social, era más que preciso o condición sine qua non haber llegado en su carrera política o cursus honorum al estamento del consulado. Durante estos finales de la República, se están produciendo un buen número de enfrentamientos en el seno de la oligarquía romana. La polarización entre los romanos es obvia, y hasta tal punto importante que llegará a explotar durante el tiempo de los comprometidos tribunos de la plebe, Tiberio Sempronio Graco y Gayo Sempronio Graco. Los magnates siempre los acusaron y a su madre, a Cornelia Gracchorum, de haberlos educado para la revolución, hasta tal punto fueron así los enfrentamientos que entre los siglos V y IV a.C. dejaron de elegirse cónsules para nombrarse únicamente tribunos consulares. “Espurio Casio, Espurio Melio y Marco Manlio Capitolino no fueron ejecutados en una República idílica en la que todos respetaban las reglas del juego porque eran todos gente decente que abrazaban el mos maiorum. Fueron ejecutados en una República cuya nobleza estaba intentando preservar sus derechos a toda costa, que tuvo que abrir la mano para incluir a los plebeyos más ricos y así formar una nobilitas que acaparase todas las magistraturas y que acabó devorándose a sí misma. Asumir que la República era paz hasta que llegaron los Graco es repetir el discurso de gente como Marco Tulio Cicerón”. En este momento en el que la tensión política crecía de forma obvia, un grupo de familias oligárquicas se repartirían los poderes político y económico. Todo ello se incrementa, ya que esta evolución política conllevará, procedentes de las conquistas militares, una masiva entrada de riquezas para la República del SPQR o Senatus Populusque Romanus, aunque sobre todo lo será para la oligarquía plutocrática romana, que manejaba estas riquezas en forma de botín y de tributos. El texto de Marco Tulio Cicerón titulado EN DEFENSA DE P. SESTIO, 45, estimo que es más que esclarecedor con respecto a cómo se comportaban esas clases sociales. “Hubo siempre en esta ciudad dos clases de hombres entre quienes aspiraron a ocuparse de la política y a actuar en ella de manera distinguida; de estos, unos pretendieron ser y que se les considerara populares, los otros optimates. Los que pretendían que sus acciones y palabras fueran gratas a la multitud, eran considerados populares; optimates, en cambio, los que se conducían de tal forma que sus decisiones recibían la aprobación de los mejores. ¿Quiénes son, pues, esos mejores? Si preguntas por su número, infinitos (pues de otra forma no podríamos subsistir); son los primeros a la hora de adoptar decisiones públicas, los que secundan el modo de pensar de estos, los hombres de las clases superiores, los que tienen acceso a la Curia, romanos que residen en los municipios y en el campo; son hombres de negocios e incluso libertos […] Pero, para evitar equívocos, esta clase en su conjunto puede ser definida y delimitada brevemente: pertenecen a los optimates todos los que no son criminales ni malvados por naturaleza ni desenfrenados ni están acuciados por dificultades domésticas. De ello se deduce, por tanto, que esos a los que tú has denominado casta son hombres íntegros, sanos y poseedores de una buena situación privada. Los que, en el gobierno de la República, se ponen al servicio de los deseos, intereses y opiniones de ellos, son defensores de los optimates y, al mismo tiempo, son considerados entre los optimates más influyentes y distinguidos, entre los líderes de la República”. La enemistad entre algunos de los optimates es prístina, quizás sin colegir que esas envidias mortales serán la causa del beneficio de los enemigos, y que siempre se impondrá la ley del más fuerte. Citaré a algunos de ellos: Gayo Mario, Lucio Cornelio Sila, Gneo Pompeyo Magno, Gayo Julio César y Gayo Julio César Octaviano/Emperador César Augusto, entre otros de mayor o menor enjundia. «Con la destrucción de Cartago, Roma se quedó sin un enemigo a su altura y con el Mediterráneo convertido en una suerte de lago privado, solo una potencia podía interponerse en su destino: la propia Roma. Los años finales de la República estuvieron marcados por las conspiraciones, las guerras civiles y la transgresión de todos los límites legales. El sistema político colapsó en un gran baño de sangre antes de evolucionar hacia un imperio que dominaría su tiempo. Iban Martín, creador del exitoso podcast Roma Aeterna, cuenta en esta obra apasionante el declive de una república atrapada en su propio laberinto. Los hermanos Graco, Mario, Sila, Pompeyo, Craso, Julio César, Marco Antonio y Cleopatra son algunos de los nombres que se batieron hasta la muerte en una guerra total que traspasó las provincias romanas de Hispania a Egipto. Todo ello en una obra desmitificadora y llena de humor. El rápido declive de la Roma republicana demuestra la delgada línea que separa en todas las sociedades el orden del caos». ¡Una obra literaria más que necesaria e interesante, para poder dejar claro de como este pueblo, nacido en una aldea del Lacio, llegó a ser hegemónico en el orbe conocido. Elegante, atrevido y categórico! «Vitam regit fortuna, non sapientia. ET. Vitanda est improba siren desidia. ET. Deus ex machina». Puedes comprar el libro en:
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