“Platero y yo”: Una de las cumbres absolutas del poema en prosa y de la prosa lírica en lengua española. III lunes 31 de agosto de 2026, 14:13h
Actualizado el: 31/08/2026 14:46h
Juan Ramón Jiménez, como cualquier poeta, emplea los vocablos no solo para evocarnos representaciones intelectuales y utilitarias, sino también para transmitirnos unos determinados sentimientos. De ahí que lleve a cabo una esmerada selección léxica que traduzce la correspondencia entre sus estados anímicos y las resonancias afectivas que los signos lingüísticos empleados en él despiertan. Este conjunto de asociaciones afectivas que, junto con su significado propio o específico, conllevan los vocablos -y que determina su valor connotativo- constituye un rasgo estilístico de primer orden, capaz, por sí mismo, de caracterizar al poeta de Moguer.
Para interpretar convenientemente un texto será necesario, pues, “descubrir” el sistema léxico elegido, es decir, la peculiar “organización de los vocablos” y su articulación en el texto, a través de la cual el autor plasma sus preocupaciones más íntimas, de acuerdo con su personal visión de la realidad. Y esto es lo que vamos a intentar hacer con un texto perteneciente a Platero y yo-, desde la perspectiva de la selección léxica que Ramón Jiménez ha llevado a cabo. Acompañamos, pues, al texto de breves comentarios que inciden en el sistema léxico elegido por el poeta para su elaboración formal.
El canario se muere
[1] Platero: el canario de los niños ha amanecido hoy muerto en su jaula de plata. Es verdad que el pobre estaba ya muy viejo... El invierno último, tú te acuerdas bien, lo pasó silencioso, con la cabeza escondida en el plumón. Y al entrar esta primavera, cuando el sol hacía jardín la estancia abierta y abrían las mejores rosas del patio, él quiso también engalanar la vida nueva, y cantó; pero su voz era quebradiza y asmática como la voz de una flauta cascada. [2] El mayor de los niños, que lo cuidaba, viéndolo yerto en el fondo de la jaula, se ha apresurado, lloroso, a decir: -¡Puej no l´a faltao na, ni comida, ni agua! No. No le ha faltado nada, Platero. Se ha muerto porque sí -diría Campoamor [i], otro canario viejo... [3] Platero, ¿habrá un paraíso de los pájaros? ¿Habrá un vergel verde sobre el cielo azul, todo en flor de rosales áureos, con almas de pájaros blancos, rosas, celestes, amarillos? [4] Oye: a la noche, los niños, tú y yo bajaremos el pájaro muerto al jardín. La luna está ahora llena, y a su pálida plata, el pobre cantor, en la mano cándida de Blanca [ii], parecerá el pétalo mustio de un lirio amarillento. Y lo enterraremos en la tierra del rosal grande. [5] A la primavera, Platero, hemos de ver al pájaro salir del corazón de una rosa blanca. El aire fragante se pondrá canoro, y habrá por el sol de abril un errar encantado de alas
invisibles y un reguero secreto de trinos claros de oro puro. [iii] Juan Ramón Jiménez: Platero y yo. LXXXIII.Madrid, Ediciones Cátedra, 2006. ColecciónLetras Hispánicas, núm. 90.
Notas al texto. [i] Al poeta asturiano Ramón de Campoamor le llama Juan Ramón Jiménez “canario viejo”, dada su longevidad (nació en 1817 y murió en 1901). [ii] Blanca es una de las sobrinas de Juan Ramón Jiménez, hija de su hermana Victoria. [iii] De este “canario viejo” ya se ocupó Juan Ramón Jiménez en el capítulo XXX, titulado “El canario vuela”. https://es.wikisource.org/wiki/Platero_y_yo/XXX
Esquema del texto. [1] La vida del canario se va apagando. [2] El canario muere de vejez. [3] Posibilidad de un edén para pájaros. [4] Entierro emotivo del canario a la luz de la luna. [5] Eternidad: la vida se renueva con pájaros y rosas. Juan Ramón Jiménez ha pretendido destacarel marcado contraste entre la negrura de la muerte y de la noche, y la luz blanca -símbolo de optimismo vital- que todo lo inunda.
Lectura del texto de Juan Ramón Jiménez desde la perspectiva de la selección léxica efectuada por el autor. En las siguintes reproducciones del texto se han indicado -y destacado en letra cursiva- los juegos léxico-semánticos de luces/sombras que ayudan a recalcar el contraste vida/muerte que recorre todo el cuentecillo. Mira, Platero: el canario de los niños ha amanecido [luz] hoy muerto [sombra] en su jaula [sombra] de plata [luz]. Es verdad que el pobre estaba ya muy viejo [sombra]... El invierno [sombra] último, tú te acuerdas bien, lo pasó silencioso [sombra], con la cabeza escondida en el plumón [sombra]. Y al entrar esta primavera [luz], cuando el sol [luz] hacía jardín la estancia abierta y abrían las mejores rosas [luz] del patio, él quiso también engalanar la vida nueva [luz], y cantó [luz]; pero su voz era quebradiza y asmática [sombra] como la voz de una flauta cascada [sombra]. El mayor de los niños, que lo cuidaba, viéndolo yerto [sombra] en el fondo de la jaula [sombra], se ha apresurado, lloroso [sombra], a decir: ¡Puej no l´a faltao na, ni comida, ni agua1 No. No le ha faltado nada, Platero. Se ha muerto [sombra] porque sí -diría Campoamor, otro canario viejo... Platero, ¿habrá un paraíso [luz] de los pájaros? ¿Habrá un vergel verde [luz] sobre el cielo azul [luz], todo en flor de rosales áureos [luz], con almas de pájaros blancos, rosas, celestes, amarillos? [luz] Oye: a la noche [sombra], los niños, tú y yo bajaremos el pájaro muerto [sombra] al jardín. La luna está ahora llena [luz], y a su pálida plata [luz], el pobre cantor, en la mano cándida de Blanca [luz], parecerá el pétalo mustio de un lirio amarillento [sombra]. Y lo enterraremos en la tierra [sombra] del rosal grande. A la primavera [luz], Platero, hemos de ver al pájaro salir del corazón de una rosa blanca [luz]. El aire fragante [luz] se pondrá canoro [luz], y habrá por el sol de abril [luz] un errar encantado de alas invisibles [luz] y un reguero secreto de trinos claros de oro puro [luz].
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Mira, Platero: el canario de los niños ha amanecido [luz] hoy muerto [sombra] en su jaula [sombra] de plata [luz]. Es verdad que el pobre estaba ya muy viejo [sombra]... El invierno [sombra] último, tú te acuerdas bien, lo pasó silencioso [sombra], con la cabeza escondida en el plumón [sombra]. Y al entrar esta primavera [luz], cuando el sol [luz] hacía jardín la estancia abierta y abrían las mejores rosas [luz] del patio, él quiso también engalanar la vida nueva [luz], y cantó [luz]; pero su voz era quebradiza y asmática [sombra] como la voz de una flauta cascada [sombra]. El mayor de los niños, que lo cuidaba, viéndolo yerto [sombra] en el fondo de la jaula [sombra], se ha apresurado, lloroso [sombra], a decir: No. No le ha faltado nada, Platero. Se ha muerto [sombra] porque sí -diría Campoamor, otro canario viejo... Platero, ¿habrá un paraíso [luz] de los pájaros? ¿Habrá un vergel verde [luz] sobre el cielo azul [luz], todo en flor de rosales áureos [luz], con almas de pájaros blancos, rosas, celestes, amarillos? [luz] Oye: a la noche [sombra], los niños, tú y yo bajaremos el pájaro muerto [sombra] al jardín. La luna está ahora llena [luz], y a su pálida plata [luz], el pobre cantor, en la mano cándida de Blanca [luz], parecerá el pétalo mustio de un lirio amarillento [sombra]. Y lo enterraremos en la tierra [sombra] del rosal grande. A la primavera [luz], Platero, hemos de ver al pájaro salir del corazón de una rosa blanca [luz]. El aire fragante [luz] se pondrá canoro [luz], y habrá por el sol de abril [luz] un errar encantado de alas invisibles [luz] y un reguero secreto de trinos claros de oro puro [luz]. ********** Mira, Platero: el canario de los niños ha amanecido [luz] hoy muerto [sombra] en su jaula [sombra] de plata [luz]. Es verdad que el pobre estaba ya muy viejo [sombra]... El invierno [sombra] último, tú te acuerdas bien, lo pasó silencioso [sombra], con la cabeza escondida en el plumón [sombra]. Y al entrar esta primavera [luz], cuando el sol [luz] hacía jardín la estancia abierta y abrían las mejores rosas [luz] del patio, él quiso también engalanar la vida nueva [luz], y cantó [luz]; pero su voz era quebradiza y asmática [sombra] como la voz de una flauta cascada [sombra]. El mayor de los niños, que lo cuidaba, viéndolo yerto [sombra] en el fondo de la jaula [sombra], se ha apresurado, lloroso [sombra], a decir: No. No le ha faltado nada, Platero. Se ha muerto [sombra] porque sí -diría Campoamor, otro canario viejo... Platero, ¿habrá un paraíso [luz] de los pájaros? ¿Habrá un vergel verde [luz] sobre el cielo azul [luz], todo en flor de rosales áureos [luz], con almas de pájaros blancos, rosas, celestes, amarillos? [luz] Oye: a la noche [sombra], los niños, tú y yo bajaremos el pájaro muerto [sombra] al jardín. La luna está ahora llena [luz], y a su pálida plata [luz], el pobre cantor, en la mano cándida de Blanca [luz], parecerá el pétalo mustio de un lirio amarillento [sombra]. Y lo enterraremos en la tierra [sombra] del rosal grande. A la primavera [luz], Platero, hemos de ver al pájaro salir del corazón de una rosa blanca [luz]. El aire fragante [luz] se pondrá canoro [luz], y habrá por el sol de abril [luz] un errar encantado de alas invisibles [luz] y un reguero secreto de trinos claros de oro puro [luz].
Reflexiones sobre el texto de Juan Ramón Jiménez, desde la perspectiva de la selección léxica efectuada por el autor. Estudio “léxico” del subrayado.
En el capítulo LXXXIII de Platero y yo de Juan Ramón Jiménez “narra líricamente” la muerte natural de un canario viejo y la melancolía que este suceso provoca en el entorno familiar. Y son bastantes los elementos presentes en el texto que son comunes a la poesía. Señalamos a continuación algunos, sin entrar en más detalles.
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Como complemento al texto de Juan Ramón Jiménez reproducimos un poema de Rafael Romero Quesada, más conocido por su seudónimo “Alonso Quesada” (1886-1925), una de las máximas figuras del modernismo y posmodernismo en Canarias, y miembro de la “Generación de los tres”, junto a Tomás Morales y Saulo Torón. La “Elegía al canario” forma parte de su pomario El lino de los sueños, publicado en febrero de 1915. Aunque la relación de Alonso Quesada con Juan Ramón Jiménez fue exclusivamente espistolar, ambos sentían una admiración recíproca.
Elegía al canario
Hoy, al dar el sustento al pajarillo,
le hemos hallado muerto.
Fue una extraña
emoción, un dolor tan extraño,
como si lentamente fuera saliendo el alma
de nuestro pecho, y viéramos partirla
sin tener el valor de sujetarla…
Un silencio infantil, sobre nosotros
pone las suaves alas...
El pájaro de oro se ha evadido
por un rayo de sol de la mañana.
Alonso Quesada: Obra completa. Tomo I. Poesía.El lino de los sueños. Gobierno de Canarias,Cabildo Insular de Gran Canaria, 1986.Edición y prólogo e Lázaro Santana.
https://mdc.ulpgc.es/files/original/60c7e8d12700f3ced1ddbbd6f7c97931bad90939.pdf
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