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"Otomanos", de Marc David Baer

Desperta Ferro. 2025
viernes 18 de septiembre de 2026, 22:32h
Otomanos
Otomanos

Estamos ante otro estupendo, y más que necesario libro, sobre una de las civilizaciones importantes de Europa. Los otomanos aparecen en la Historia a finales del siglo XIII. El fundador epónimo de los otomanos sería Osmán (ca. 1288-ca. 1324), que era un nómada que se trasladaría hasta la península de Anatolia, en ese momento histórico formando parte del Bizancio cristiano-ortodoxo.

Integrado en la oleada migratoria hacia el oeste emprendida por pastores turcos acompañados de sus ovejas y caballos, formó parte de la expansión del gran Imperio mongol desde Asia oriental y central. Junto con un grupo heterogéneo de guerreros nómadas a caballo -armados con arcos, flechas y espadas-, sufíes (místicos) musulmanes, compañeros de armas cristianos y príncipes aliados, Osmán luchó contra cristianos y turcos por igual en el noroeste de Anatolia y consiguió establecer un modesto cacicazgo que legó a su hijo Orján, quien lo amplió enormemente”.

Los turcomanos, que eran gentilidades provenientes de las Estepas del Asia Central necesitaban tierras ricas para sus ganados, y que estuviesen libres de imperios o principados que los explotasen y los dominasen. Era preciso establecerse fuera de los límites del gran Imperio Romano de Oriente o Bizancio con su grandiosa, cosmopolita y populosa capital en Constantinopla, situado al oeste, y del Imperio de los turcos o de los mongoles, estos al este. Los selyúcidas turcos y musulmanes a la par ya habrían derrotado, sin ambages, al ejército bizantino en la sangrienta batalla de Manzikert, ocurrida en el año 1071, en las proximidades del lago de Van. Por todo lo que antecede, por esta derrota de los cristianos-ortodoxos la meseta central de Anatolia estaba ya abierta para estos nómadas turcomanos. De nuevo los selyúcidas habrían conseguido otra nueva victoria sobre Bizancio (1176), por medio de una emboscada, que se produjo en el desfiladero montañoso de Miriocéfalo. Al haber sufrido bastante por el comportamiento de los cristianos occidentales de la 4ª cruzada (1204), los bizantinos poco pudieron hacer para detener aquella invasión. De forma inexplicable, los cristianos de rito latino eran más enemigos de los cristianos-ortodoxos de rito griego que de cualquier tipo de etnia de religión musulmana.

En el transcurso de ese conflicto religioso, los cristianos latinos habían arrebatado Constantinopla a sus rivales griegos ortodoxos y lograron conservarla más de cincuenta años, lo que dio lugar a la escisión del Imperio bizantino. Los mongoles, sin embargo, poco interesados en Anatolia occidental, no les prestaron demasiada atención. La derrota del sultanato selyúcida de Rum a manos de los mongoles en la batalla de Köse Dag (1243), al nordeste de Anatolia, convirtió a los selyúcidas y al reino armenio de Cilicia en vasallos tributarios y empujó hacia el oeste a oleadas si cabe más numerosas de pastores turcomanos con sus animales”.

Desde el punto de vista religioso, los mongoles, aunque convertidos al Islam, siempre fueron bastante tolerantes y eclécticos con los cristianos que conquistaban. En el siglo XIII, el mayor porcentaje de los habitantes de Anatolia eran cristianos, tanto de rito armenio como de rito griego-ortodoxo; junto a ellos existían un pequeño grupo de turcomanos, islamizados ya, y que habían aportado sus creencias a la zona; aunque, paradójicamente, entre los turcomanos existían también budistas, maniqueos (defensores de la guerra cósmica entre la obscuridad o mal y la luz o bien), y los herejes cristianos-nestorianos (estos negaban que la naturaleza humana y divina de Cristo estuviesen contenidas en una única persona). Nestorio (ca.386-ca.451), sería un cristiano sirio, y arzobispo de Constantinopla, que defendería la total separación entre la divinidad y la humanidad de Cristo. Dudaba del nombre de María como Madre de Dios, y lo aceptaba solo de la naturaleza humana de Jesucristo; el nestorianismo sería condenado como herético en el Concilio de Éfeso, que depondría a Nestorio de su patriarcado (431) constantinopolitano. A todo este conglomerado de gentes se unían una minoría de judíos habitantes de las ciudades. En este momento histórico, Anatolia era un mosaico inestable de grupos sociales inmersos en constantes conflictos bélicos entre sí, se pueden citar a mongoles, armenios, griegos-bizantinos, turcomanos, árabes y kurdos. El abuelo de Osmán, el primer jefe otomano, había sido Solimán Shah, que se habría ahogado cuando iba montado a caballo en el río Éufrates. Le sucedería su hijo Ertugrul, el cual con sus miles de seguidores nómadas llegarían a las tierras de Anatolia buscando el mejor lugar para poderse establecer. Tras su muerte, se erigió su tumba en Sögüt, y le sucedería su hijo Osmán, de quien no se sabe cuál sería la denominación de su jefatura.

Mucho tiempo más tarde, ya sin la presencia de los mongoles en Anatolia, pero, en cambio, rodeados de no pocos enemigos turcos sunitas, los cronistas otomanos buscaron una forma de distinguir a sus antepasados. El resultado fue la invención de una rara historia de castración del enemigo que convertía a los otomanos en herederos legítimos de los selyúcidas y así los distanciaba de los mongoles y de Gazán Kan, a quien Osmán debía realmente su lealtad. También contaron que existía un campo de batalla conocido como ‘la llanura de los testículos’ porque los selyúcidas victoriosos cortaban los genitales a los soldados de las tropas mongolas derrotadas, cosían las pieles, las cubrían con fieltro y hacían con ellas toldos para las tiendas”.

Osmán viajaba, como turco-mongol, acompañado de sus rebaños de caballos, bueyes, cabras y ovejas, y cambiaba los pastos de invierno por los de verano, y así sucesivamente, los primeros situados en las colinas, y los segundos en los valles. Partiendo de la base de que Osmán y sus gentes eran nómadas, necesitaban mujeres fuertes e independientes que estuviesen capacitadas para liderar y aguantar aquel duro estilo de vida de un trasiego constante. Por todo lo que antecede, este comportamiento social tan diferente con sus mujeres sorprendía con perplejidad a los árabes, que llegaban a sus lugares de asiento. En realidad, las mujeres de los futuros otomanos tenían libertad, igualdad y eran muy respetadas por los hombres de sus tribus. Las osmaníes no se cubrían con velos como las árabes o las mongolas, y solían desempeñar una vida pública o política activa y visible.

Todos los viernes, después de la plegaria del mediodía, el kan -que había declarado el islam su religión al llegar al poder en 1313- celebraba una audiencia pública en una tienda acompañado de sus cuatro begum (las esposas reales, una de las cuales era una princesa bizantina), que se sentaban a ambos lados. A la vista del público reunido, y sin utilizar ningún tipo de pantalla o velo, cuando la begum mayor accedía a la tienda, el kan caminaba hacia la entrada para recibirla, la saludaba, la cogía de la mano y se sentaba solo después de que ella hubiera tomado asiente en el diván. Aunque no tenemos demasiada información de las mujeres corrientes del beylicato de Osmán -no sabemos, por ejemplo, si participaban en las incursiones-, sí nos ha llegado que ordeñaban a los animales para hacer queso, mantequilla y nata y que tejían con su pelo las elaboradas pero duraderas tiendas redondas de fieltro en las que vivían y las alfombras sobre las cuales se sentaban”.

Tras más de treinta años de incursiones bélicas, las fuerzas de Osmán ya estuvieron capacitadas para la conquista y el asedio de grandes ciudades, los cercos se realizaban desde el campo circundante y sometiendo a los enemigos por medio del hambre y de la sed. La primera gran fortificación bizantina obtenida por estos medios sería Bursa, allí colocarían su primera sede. Aunque sus adversarios o sus enemigos los definieron como el global Imperio turco, los otomanos u osmaníes jamás lo hicieron. El título sería el de Sublime Estado Otomano, y abarcarían desde el año 1299 hasta el año 1922. Con el devenir de los tiempos se les definió como la ‘amenaza turca’ en el año de 1529 cuando realizaron el primer asedio de Viena. Sería por su avance en Europa y sus deseos de formar parte de Occidente, por lo que se crearía la Liga Santa que derrotaría a los otomanos en Lepanto/Golfo de Patras, 7 de octubre de 1571.

«Durante mucho tiempo, el Imperio otomano ha sido visto como la antítesis de Occidente, islámico y asiático uno, cristiano y europeo el otro. Una visión que arranca desde la caída de Constantinopla en 1452, se prolonga en Lepanto y sigue impregnando hoy las relaciones con Turquía. La realidad, sin embargo, fue bien distinta: el dominio multiétnico, multilingüe y plurirreligioso de los otomanos llegaba hasta el corazón de Europa y, de hecho, los gobernantes otomanos se veían a sí mismos como los nuevos césares romanos. El aclamado historiador Marc David Baer, catedrático de Historia Internacional, relata en este vibrante libro el extraordinario ascenso de los otomanos, que pasaron de ser un principado fronterizo en la convulsa Anatolia medieval a un imperio mundial, y relata con viveza la historia completa de la dinastía. Baer supera la mera narración factual y los viejos y estancos esquemas nacionales y religiosos, en un esfuerzo por incorporar la historia cultural y la fluidez y permeabilidad de categorías como la confesionalidad o la etnicidad dentro de una dinámica imperial que buscaba integrar a una gran pluralidad de súbditos. Sin embargo, en el siglo XIX se optó por un exclusivismo que condujo a la limpieza étnica, el genocidio y, a la postre, a la desaparición de la dinastía tras la Primera Guerra Mundial. ‘Otomanos’ nos transporta a un imperio que vivió a caballo entre Oriente y Occidente, lo integra en la historia de Europa y rastrea sus deudas con su herencia turca, bizantina e islámica: kanes, césares y califas».

Por todo lo que antecede, estamos ante una obra de historia muy singular, en el sentido sobresaliente del término, y que, como es obvio, deseo recomendar, sin circunloquios, ya que el conocimiento de este pueblo es esencial. ¡Magnífica obra de Historia! «Confusa ebrius est non iens ut producat ex optimis in sobrii sint mulier».

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