El historiador John Julius Norwich (1929-2018) ha hecho una labor encomiable en el estudio sobre el Imperio Romano de Oriente o de Bizancio y, gracias a él, y con estos sus muy completos libros se comienza a tener un conocimiento totalmente paradigmático sobre lo que representó este Estado de la Roma Oriental para el desarrollo de la Europa medieval. La obra, de cerca de 700 hojas, comienza el 4 de abril del año 1081, cuando en la gran basílica de Santa Sofía, en Constantinopla, es coronado como emperador del Imperio Romano de Oriente un general prestigioso de solo tiene 24 años, se llama Alejo Comneno e inaugurará una nueva dinastía, tan eximia como desdichada y compleja. Fueron años de declive, pero y también de heroísmo y de hazañas políticos, aunque sobre todo militares, ya que el número de enemigos que rodean a Bizancio es ingente, y todo ello llegará al declive con la caída de la gran capital de Bizancio conquistada a sangre y fuego por los turcos, que no la dejaron ni los ojos para llorar. Los historiadores medievalistas consideramos que la caída de Constantinopla fue el momento histórico que marca el final del Medioevo. El Imperio de Roma en Oriente sería fundado por el emperador Constantino I “el Grande”/Flavius Valerius Constantinus, nacido en Naissus, hoy Nis en Serbia, y pasado a mejor vida el 22 de mayo del año 337 en Nicomedia, hoy Izmit, en el Ponto Euxino de la hoy Turquía. El primer emperador convertido al cristianismo-católico consideró necesario crear una entidad imperial que pudiese evitar las invasiones de los pueblos de las estepas hacia Occidente. Por consiguiente, y para la Roma occidental y sus reinos e imperios occidentales, Bizancio fue algo extraño y paradójico, con una amalgama de culturas que producían estupor en Occidente. Además, tenían una lengua diferente al latín, que era el griego y, para agravar, más si cabe, las diferencias transformadas en insalvables, sus patriarcas habían roto con el Sumo Pontífice católico de Roma, y consideraban que su forma ortodoxa de entender la vinculación religiosa con el Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo, era la verdadera. Por lo tanto, Occidente nunca valoró, hasta que ya fue irremediable, lo que significó la caída de Bizancio, y por ende su propia capital Constantinopla (1453), en poder de los musulmanes o mahometanos turcos, comandados por el sultán Mehmet II. En este momento histórico trágico, el Imperio de Roma en el Oriente, ya era una caricatura de su glorioso pasado, empobrecido, y degradado en sus costumbres socio-políticas hasta quedar sus tierras circunscritas a unos pocos territorios inconexos en el Mediterráneo oriental. “Había pasado ya una década desde que, justo a las afueras de Manzikert, una pequeña plaza fortificada a pocos kilómetros al norte del lago de Van, ese imperio sufriera la derrota más desastrosa de toda su historia a manos de los turcos selyúcidas: una derrota que se había saldado con la captura del emperador Romano IV Diógenes y la retirada ignominiosa del otrora invencible ejército bizantino y tuvo como resultado la expansión gradual de los conquistadores a través de Anatolia, al punto de que, para cuando Alejo llegó al trono, las tribus turcomanas habían invadido unos ochenta mil kilómetros cuadrados del núcleo del imperio. De un plumazo, Bizancio había perdido la fuente de gran parte de su abastecimiento de alimentos y de la mayoría de su mano de obra. Ahora su misma supervivencia estaba en duda. Si a Romano se le hubiera permitido continuar como basileus una vez recuperó la libertad, es posible que hubiera conseguido remediar la situación. Alp Arslan, el sultán selyúcida, no tenía en realidad ningún conflicto con el imperio y le preocupaba más el califato fatimí de Egipto, que representaba una amenaza mucho mayor para su pueblo. Él y Romano habían simpatizado bastante más de lo esperado, dadas las circunstancias, y el tratado que concluyeron como precio de la libertad de este último no hacía grandes exigencias territoriales. Sin embargo, una revuelta palaciega derrocó a Romano antes de su regreso a Constantinopla y, tras un breve e infructuoso intento de recuperar el trono por la fuerza, se lo cegó de forma tan brutal que murió poco después. Su patético sucesor, Miguel VII -un hombre cultivado e inteligente, pero por completo incompetente para los asuntos de Estado-, abrogó el tratado a instancias de las dos eminencias grises que lo aconsejaban, su tío el césar Juan Ducas y el erudito Miguel Pselo (1018-1096), y con ello dejó el camino abierto para que los selyúcidas hicieran lo que quisieran”. La obra literaria que hoy les ofrezco, se centra en el período más trágico y turbulento de Bizancio, cuando ya es incapaz de mantener su antañona relevancia, ya que la hostilidad del mundo musulmán y católico que le rodea es total y absolutamente domeñable. Existe un hecho claramente catastrófico para Bizancio, que lo sufrió de forma inexplicable, y es el de la Cuarta Cruzada, que se producirá entre los años 1202 y 1204. El hecho de la reconquista de Tierra Santa, por parte de los reinos occidentales motivados por los Papas, sería el de atacar a Egipto y tratar de recuperar al gran y antiguo imperio de los faraones, para el cristianismo católico de Occidente. Venecia desvió sus intereses hacia Bizancio, y entonces los belicosos cruzados liderados por alguien llamado Enrique Dándolo, dux de Venecia, saquearon de forma inmisericorde una ya debilitada Constantinopla. El profesor Norwich describe de forma prístina el pillaje llevado a cabo en la ciudad, incluyendo la gran basílica de Santa Sofía, de donde se llevaron hasta objetos de arte religioso como fueron los famosos caballos de bronce de Constantinopla. Esta gran derrota sería el principio del fin para Bizancio, y dejaría ya el terreno abonado para la definitiva conquista de la ciudad y su imperio por los turcos otomanos. La caída de Constantinopla se producirá, sin solución de continuidad entre el 6 de abril y el 29 de mayo de 1453. La narración que se realiza en la obra sobre el final trágico y épico del emperador Constantino XI es hecho con un estilo emocionante, y que nos transporta a esa noche en la que el pueblo, mayoritariamente conformado por mujeres y niños estuvieron rezando a Dios Todopoderoso en Santa Sofía, para que sus vidas, cuanto menos, fuesen respetadas. «La lucha de Bizancio por la supervivencia hasta la legendaria caída de Constantinopla. En esta, la última entrega de su magistral trilogía sobre el Imperio bizantino, el gran historiador John Julius Norwich nos acompaña en un fascinante recorrido por los últimos siglos de Bizancio. Desde la ascensión de Alejo I en el 1081 poco después de la derrota sufrida a manos de los turcos selyúcidas en la batalla de Manzikert en el 1071, pasando por la desastrosa Cuarta Cruzada cuyos soldados, liderados por el octogenario dogo de Venecia, desviaron su atención de los Santos Lugares para lanzarse contra Constantinopla, y las correrías de los almogávares aragoneses, hasta la trascendental caída de Constantinopla en 1453, seremos testigos de la heroica lucha del Imperio contra la constante agresión de sus enemigos. Fueron años de declive, pero también de heroísmo y hazañas, que culminan en el que quizá sea el asedio que más ha conmocionado al mundo en toda la historia de la humanidad, con el que el Imperio romano de Oriente llegó a su fin, y con él, toda una era. Para muchos, la caída de Constantinopla y el fin de Bizancio marcan el auténtico final de una Edad Media imposible de comprender sin el Imperio bizantino». La obra explora y analiza, con gran magisterio, las tensiones religiosas irreconciliables existentes entre las Iglesias Ortodoxa Griega de Oriente y la Católica de Occidente, lo que hizo imposible la posibilidad de que los reinos de la Europa católica enviasen algún tipo de ayuda militar coherente para el rescate de Constantinopla, ¡Craso error! Que sigue gravando la política actual en esa zona y, sobre todo, entre Grecia y Turquía. Por consiguiente, esta obra de Ático de los Libros es atrevida y sobresaliente, y de preclara inteligencia, para podernos acercar al conocimiento de lo que represento Bizancio para la Historia de Europa en el Medioevo. Y, sobre todo lo que significó el Imperio de Bizancio para mantener viva la cultura grecorromana durante mil años, en la consciencia cultural de los europeos del Medioevo. ¡Libro destacable, sobresaliente y rigurosamente esencial para el renacimiento historiográfico de Bizancio o Imperio de Roma en Oriente! «Ut ab ómnibus eum iniuriis dignitas concessa defendat. ET. Rex quondam, rexque futurus». Puedes comprar el libro en:
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