La sexta edición de este Premio Internacional de Poesía Joven “José Antonio Santano” es una muestra evidente de su consolidación. Lo es, por sus cuidadas ediciones, elegancia, equilibrio, un perfecto sinónimo de belleza en materia editorial, de la mano de las ediciones de Alhulia (Salobreña). Sin duda, la calidad literaria de poetas jóvenes que han resultado premiados es una manifiesta razón de ser y, en el caso de esta poeta argentina afincada en Brasil, una certeza de poesía absoluta que refrenda en un breve pero intenso prólogo, el escritor y ensayista, Orlando Van Bredam. La tarea de su responsable, el poeta y crítico literario ocupa un puesto relevante que, por fortuna, se ve cuando menos respaldado por el Ayuntamiento de Baena. Por último, incluir un capítulo de un poema traducidos a diez idiomas demuestra la universalidad del proyecto y de la poesía. Resulta tan sorprendente como cautivador que Alexa Marisol proceda de las Ciencias Económicas y desempeñe gestiones como analista y asesora financiera. Por consiguiente, habría que empezar a largar amarras, huir de las reduccionistas clasificaciones y de ese perverso anhelo por etiquetar, por ser exacto, de etiquetar erróneamente. Alexa Marisol Vásquez seduce y trabajo sin descanso la palabra, la reflexiona, la mima, la medita y, el resultado final es una escritura poética de extraordinaria calidad. Justo es reconocer que esto sucede porque el jurado cumple con las premisas de ceñirse a los parámetros de la excelencia literaria, rechazando el intercambio de cromos, las palmaditas en la espalda y el tan hispano “hoy por ti, mañana por mi”. La profunda sensibilidad introspectiva podría ser el eje constructor del poemario El inventario de la luz, sin desmerecer un efectivo trabajo de búsqueda para indagar nuevas formas de ordenación poética. Así pues, la tradicional disposición de los versos adquiere una nueva categoría, la de activarse, casi como una herramienta narrativa que tensiona el texto y el folio en blanco para insertar lo cotidiano en fórmulas reflexivas (las palabras son la única forma de vencer a la muerte y al olvido, leemos en su poema “La escuela de la luz”). Entronca por tanto con los orígenes mismos de la poesía, vista como herramienta primordial para superar el olvido. Una concepción universal que parte de la tradición clásica en la Grecia antigua, cuando Homero señalaba que el ser humano superaba el olvido y alcanzaba la inmortalidad a través del poema. Paul Valéry también anunciaba que “Voir, c'est oublier le nom des choses que l'on voit”, el horizonte perceptivo se amplía, tomando como referencia un escritor como Borges para quien la poesía era un modo de transformar la pérdida en permanencia, ahondando de este modo en las conexiones entre la memoria, el tiempo y el olvido, un esquema que podemos referenciar en la obra de Alexa Marisol Vasquez. Por ello, la memoria, la identidad, el tiempo, las raíces, conforman el tejido de un lenguaje lírico, preciso, sugerente, simbólicamente envolvente. No hay artificios, acaso su poesía discurre entre la “palabra esencial en el tiempo” de Machado y la vida misma hecha palabra y acción. Nos lo expresa la propia autora con mayor nitidez y belleza: “La luz permanece. El poema está vivo. El camino continúa”. Son varias las metáforas que aluden a la memoria, una memoria habitada podría decirse, la herencia familiar, las raíces, la resistencia ante los obstáculos de la vida, y, la casa es su principal valedora, reflejada en poemas como “La casa que ua no nos pertenece”, “La herencia de las sombras” o “El inventario de los muros”. Si retomamos a Gaston Bachelard en La poética del espacio, constatamos que la casa es la imagen del alma, acaso el refugio de la memoria. Una memoria que destaca con una cadencia interna que imprime de manera natural esta joven y magistral poeta. Una memoria que gira también en torno al eje de luces y sombras. Dualidad que sostiene el recuerdo y el paso del tiempo, el desarraigo y el elemento tangible, lo universal y lo propio, representado esencialmente por el pan, la piedra: “Bendigo la sombra porque ella me enseñó a ver la luz”, escribe en “Plegaria por la luz que queda” y, en “Elogio de las manos”: “Bendigo el oficio de tocar las cosas sencillas, el pan sobre la mesa...porque en el roce con lo real encontramos la única prueba de que no somos un sueño”. La escritura de Alexa Marisol Vásquez es honesta, cuando busca una poesía que sea alimento y silencio como símbolo de verdad. Con mayor precisión y belleza lo expresa el prologuista, Orlando Van Bredam: “Hay ecos de una tradición clásica en la que la orfebrería de la palabra desvela al artista y lo obliga a ser la luz misma, el fuego original, para convertir la memoria en textura viva”. En efecto, una palabra consciente, meditada, que gira en torno al tiempo. Un tiempo que no debe entenderse como línea continua, uniforme y estable, sino como una cadena de instantes discontinuos e intensos. Rescatando a Bachelard de nuevo, lo real es el presente vivido como un instante atrapado entre el vacío del pasado y del futuro. Tampoco falta la conexión metaliteraria expresada sutilmente en los títulos tan auténticos como evocadores. Pienso precisamente en el poema “El mapa de las ausencias”. Un título que un servidor tomó en gran parte del poeta Mahmoud Darwish para el volumen Lo que ha quedado del naranjo. Palestina en el corazón. Puerta del Mar, Málaga, 2009. En cualquier caso, se alude a cómo la poesía puede convertir el vacío, el olvido, la derrota en un territorio que puede explorarse y recorrerse con palabras. Así lo expresaron escritores de la talla de Julio Cortázar, Andrea Bajani, Alejandra Pizarnik o Mahmoud Darwish que supo cambiar el exilio en mapa poético. Ese hecho de compartir la resistencia frente a la ausencia, el derecho a ser frente a los temores, el espacio común frente al tiempo en suspenso es la convivencia auténtica de los contrarios, o por ser exacto es el modo de escribir sobre lo que ya no está, la fórmula poética para habitar el vacío y darle una forma visible, acaso una luz interior, susceptible de ser inventariada. Un poemario cautivador, en búsqueda de la belleza a través de un “viaje de tinta y memoria” con voluntad de “sentido sagrado”. + 0 comentarios
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