El descubrimiento de una poetisa largo tiempo desconocida: Zenobia Camprubí. IV viernes 28 de agosto de 2026, 09:41h
Actualizado el: 29/08/2026 10:39h
Como escritora, la obra cumbre de Zenobia Camprubí son sus tres diarios: Diario I. Cuba (1937-1939), Diario II. Estados Unidos (1939-1950), Diario III. Puerto Rico (1951-1956): unos Diarios de incalculable valor: histórico, porque constituyen un testimonio del día a día de exiliados por la Guerra Civil; literario, porque están escritos en prosa de extraordinaria calidad; y humano, porque permiten conocer las interioridades de su relación con Juan Ramón Jiménez a lo largo de 40 años de matrimonio, hasta el extremo de convertirse en su “soporte creativo”.
Sin embargo, hay otra faceta menos conocida -al menos hasta 2015- de la personalidad literaria de Zenobia, y de su prematuro talento poético, que solo cultivó de manera ocasional. La publicación ese año del libro “Diario de juventud. Escritos. Traducciones nos ha permitido tener acceso a casi una treintena de “poemas de juventud” que merecen ser estudiados debidamente por la crítica especializada. De momento, vamos a comentar en este artículo dos de esos poemas, muy breves, por cierto: el titulados “Aquella voz” y el que comienza con el verso “Voy deprisa por el mundo”. Con esta cuarta entrega cerramos el comentario de siete poemas. Los anteriores se encuentran comentados en esta misma revista digital (todoliteratura.es) y en los siguientes enlaces:
25-08-2026:
26-08-2026.
27-08-2026.
Estos cuatro trabajos están dedicados a mi buen amigo José Antonio Expósito, grandísimo especialista en Juan Ramón Jiménez y referencia indispensable para el análisis de su obra y de la de Zenobia.
Zenobia escritora. https://casamuseozenobiajuanramonjimenez.com/zenobia-escritora/ Aquella voz Nos damos las manos con frenesí:
—¡Sí, eres tú! —¡Sí, soy yo, sí! Y son los jóvenes nuevos, que fueron niños ayer. ¡Oh qué alegría, poder volverlos a ver! ¡Y allá en la sombra de aquel rincón, sólo el recuerdo de aquella voz!
El poema, inédito junto a otros 26 hasta su publicación en 2015 (cf: Diario de juventud. Escritos. Traducciones; Emilia Cortés, editora literaria), está compuesto por seis versos heterométricos, con la siguiente distribución por número de sílabas: 9 (verso 2), 10 (versos 5 y 6), 11 (verso 1), 13 (verso 4) y 16 (verso 3); y se combina la rima consonante con la asonante (las palabra finales de verso son todas agudas, lo que aporta sonoridad), formando tres pareados:
rima consonante /-í/: versos 1 y 2 (“frenesí/sí”): rima consonante /-ér/: versos 3 y 4 (“ayer/ver”): rima asonante /-ó/: versos 5 y 6 (“rincón/voz”).
La agrupación de los versos en pareados fija el contenido del texto, dividido, por tanto, en tres partes: versos 1-2: la inmensa alegría de un feliz reencuentro, quizá inesperado; versos 3-4: el paso del tiempo que ha convertido los que antaño fueron niños en jóvenes; versos 5-6: el recuerdo se apaga con la ausencia física y solo queda el eco de una voz lejana alojada en algún lugar perdido de la memoria. Y de ahí el título del poema, “Aquella voz” -sinécdoque de la parte por el todo [la voz por la persona]-: el empleo de determinante demostrativo de tercera persona introduce una distancia espacio-temporal que entra en el terreno del recuerdo cada vez más difuminado, reforzando la sensación de algo remoto. Y, de esta manera, el tema central del texto -el nostálgico reencuentro con una persona con la que se tuvo relación en el pasado y de la que solo permanece una huella más que deleble- dota al poema de una sólida estructura interna. En este sentido, la vivencia emocional con que arranca el poema se va apagando conforme avanza hacia el final, simbolizando el olvido (y, de ahí, la gran propiedad con que han sido seleccionados los vocablo: el “rincón” y la “sombra” del verso 5 aluden al lugar en la memoria donde queda guardado cuanto el tiempo se llevó sin posibilidad de retorno).
Pasamos a analizar ahora cada uno de los pareados. Versos 1-2. El chocar las manos es un gesto alegre de saludo, que en este caso se hace “con frenesí”, es decir, con el ánimo exaltado por el entusiasmo. Y para recalcar esta sensación emocional, se recurre a la aliteración de la silbante [s] y de consonantes nasales [m] y [n], que aumenta la sonoridad: “Nos damos las manos con frenesí” (verso 1). Y con la repetición de idéntica estructura sintáctica y la confirmación del reconocimiento mutuo que la epanadiplosis hace más expresiva (la repetición del adverbio de afirmación “si” al principio y al final del verso 2), los interlocutores se identifican, y lo hacen recurriendo a la exclamación retórica, que denota entusiasmo “—¡Sí, eres tú! —Sí, soy yo, sí!". La relación asindética entre las oraciones le proporciona al verso un ritmo muy dinámico.
Versos 3-4. La conciencia del irremediable transcurrir del tiempo se manifiesta en la antítesis “ayer/niños” y “[hoy]/jóvenes nuevos”, “ayer/fueron” y “[hoy] son”; un claro enfrentamiento entre un pasado que se remonta a la infancia y un presente situado en la juventud, lo qu ayuda a hacer más intensa la afectividad del momento del reencuentro. Hay, sin embargo un detalle cuanto menos curioso: el verbo sigue siendo copulativo, sin embargo ha habido un cambio en la persona gramatical: la autora abandona la primera y segunda persona del singular del presente de indicativo que señala a los interlocutores en la actualidad (“soy yo/eres tú”) y la reemplaza por la tercera persona del plural, ya sea del presente (“son los jóvenes nuevos”), ya sea del pretérito perfecto simple (“fueron niños”). Quizá con esta generalización pretenda hacer más perceptible el paso del tiempo en toda circunstancia similar, cuando se produce un reencuentro entre “viejos” conocidos: la vida transcurre con demasiada rapidez. Lo cierto es que ese clima de “indeterminación” continúa en el verso 4, a pesar de la exclamación retórica que manifiesta alegría desbordante por el reencuentro, pero sin aludir directamente a “ese reencuentro”, y aun cuando el efecto sea el mismo y el ritmo del verso actúe como “acelerante de la emoción”: “¡Oh qué alegría, poder volverlos a ver!”.
Versos 5-6. El poema da un cambio radical al llegar a los dos últimos versos: del pasado tan solo resta un eco fantasmal (“la sombra de aquel rincón”), envuelto en todo caso en una nebulosa que lo sepulta en el olvido, tras un quimérico chispazo revitalizador: ya no hay más que “el recuerdo de aquella voz”. Un final amargo en el que siquiera la nostalgia tiene cabida, y qu pone de manifiesto lo inconsistente de las relaciones humanas, siempre en manos del transcurrir de un tiempo que las devora. Y todo ello -el poema en su conjunto- expresado con enorme brevedad -tan solo seis versos-, con un lenguaje casi confidencial al que no le afea la retórica hueca que pudiera haber conducido a derivaciones filosóficas innecesarias, en un tránsito de la luminosidad a la penumbra, si no a la oscuridad.
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Voy deprisa por el mundo
llena de risa y de amor,
a todo el que me lo pide
risas y besos doy.
Pero si alguien me pidiere
mi alegre corazón
ríe que ríe, riendo
vuelvo la espalda y me voy.
Y es que el corazón alegre
en triste corazón troqué
cuando labios y ojos
a sonreír comencé.
Zenobia (De muchacha)
Breve poema, sin título, pero con firma: “Zenobia (De muchacha)”, y por sus juegos conceptistas, muy en la línea de la lírica cancioneril del siglo XV, salvando, naturalmente, las distancias. Lo conforman tres coplas de cuatro versos, con asonancia en los pares (que son agudos) y libres los impares. Cada estrofa tiene tres versos octosílabos y un heptasílabo, aunque colocado en diferente lugar: verso 4 en la primera estrofa; verso 2, en la segunda (6 del poema), y verso 3 en la tercera (11 del poema). En cuanto a las rimas, los versos 2 y 4 riman en asonante /-ó/ (“amor/doy”, los versos 6 y 8, igualmente en asonante /-ó/ (“corazón/voy”), y los versos 10 y 12 en asonante /-é/ (“troqué/comencé”). Sin duda, las rimas que implican tiempos verbales de la misma conjugación resultan facilonas, pero hay que tener presente que son solo cuatro las formas irregulares cuya primera persona del singular del presente de indicativo termina en /-oy/, tres monosílabas (“doy/soy/voy”) y una bisílaba (“estoy”), y que la poetisa ha empleado dos de las cuatro (“doy/voy”). El poema se apoya en dos ejes semánticos: “risa” y “corazón”. El nombre “risa” figura en singular en el verso 2, y en plural en el verso 4; pero al llegar al verso 7, la risa se intensifica al máximo, y la poetisa emplea la construcción (que incluye políptoton, aliteración y repetición) “ríe que ríe riendo”. La reiteración de la misma forma verbal unida por la conjunción “que” (“ríe que ríe”) implica la prolongación de la “acción de reír” de manera ininterrumpida, aportando énfasis (“ríe muchísimo”, “no para de reír”); y el gerundio que sigue (“riendo”) muestra la “acción de reír” en pleno desarrollo, como algo que no se detiene, aumentando la vivacidad. El otro eje semántico descansa en la palabra “corazón”, presente tres veces en el poema: dos, con el adjetivo “alegre”, ya antepuesto (verso 6: “alegre corazón”), ya pospuesto (verso 9: “corazón alegre”), que se convierte en “triste corazón” precisamente cuando la “risa” se cambia por “sonrisa” (que supone una gesticulación facial más moderada, fácilmente controlable y de carácter silencioso).
Desglosemos el poema por estrofas. Versos 1-4. El poema arranca con una expresión de desbordante vitalidad (verso 1: “Voy depisa por el mundo”): la presencia combinada de consonantes bilabiales en sílaba tónica (b/p/m [“)voy/deprisa/mundo”] y de la dental [d] (“deprisa/mundo”), cumple una función similar a la de la aliteración, ya que aporta una musicalidad que permite sugerir la rapidez del movimiento. En el verso 2, la autora proyecta hacia el exterior su felicidad interior (“llena de risa y de amor”), disfrutando de la vida y dándose a los demás, en una manifestación de generosidad afectiva. Los versos 3 y 4 conforman un hipérbaton, ya que el orden sintáctico es el inverso (versos 4-3: “doy besos y risas / a todo el que me lo pide”) y, además, la exigencia de la rima asonante aguda /-o/ obliga a adelantar el complemento nominal al verbo (“risas y besos doy”). Es la expresión de una mujer desinteresada y empática que, al compartir su felicidad con los demás, pretende hacerlos felices también a ellos. Versos 5-8. La estrofa arranca con la conjunción adversativa “Pero”, usada para contraponer lo que se va a decir a lo que ya se ha dicho: su afectividad hacia los demás debe dejar a salvo su intimidad, a la que nadie tiene acceso. Y, en este sentido, la autora monta un periodo condicional en el que la prótasis lleva el verbo en futuro imperfecto de subjuntivo (verso 5: “si alguien me pidiere / mi alegre corazón”), que aporta un matiz de máxima eventualidad; mientras que en la apódosis expresa su determinación de mantener su independencia afectiva: “vuelvo la espalda y me voy” (verso 8), mostrando su rechazo de manera firme e inmediata, aunque usando la risa como si de un escudo protector se tratara (verso 7: “ríe que ríe”), por lo que la situación planteada queda despojada de dramatismo. Además, la autora no disimula su determinación de mantener su libertad sentimental, y gramaticalmente la expresa afirmando su propia personalidad mediante el empleo de formas referidas a la primera persona: “me pidiere / mi corazón”). Versos 9-12. Se produce ahora un giro en el desarrollo del poema, y de la apariencia exterior, jubilosa y desenfadada (verso 9: “corazón alegre”) se pasa sin solución de continuidad a una interioridad desolada por un doloroso estado anímico (verso 10: “triste corazón”) ; así, la “sonrisa” se convierte en la mejor forma de ocultar socialmente la melancolía (versos 11-12: “cuando labios y ojos / a sonreír comencé”. De esta manera, “labios y ojos” mantienen una “fachada exterior” que encubre el verdadero estado emocional de la autora, proyectando una alegría hacia los demás que es totalmente artificial. El valor expresivo del verbo “trocar” completa un verso dramático y de dura sonoridad, a la que contribuye la reiteración de la cabeza silábica compuesta [tr-]: “en triste corazón troqué”, así como la aliteración del fonema /k/ en dos palabras agudas consecutivas (“corazón troqué”).
ZENOBIA CAMPRUBÍ [La escritora, “por lo que se conserva, está claro que nunca se planteó la poesía, más allá de algunos versos sueltos simpáticos que no son sino el fruto de un juego eventual”. Pepa Merlo: “Un satélite llamado Zenobia”. (En Zenobia & Co. Escritoras, artistas e intelectuales en la órbita de Zenobia Camprubí. Biblioteca de Estudios Juanramonianos, núm. 12, Universidad de Huelva, 2024. M.ª Luz Bort Caballero, editora]. https://web-pro3.uhu.es/editorial/?q=libros-verlibro&libro_code=1337 Puedes comprar su obra en:
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