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Las ocurrencias de Gloria Fuertes: Un “sireno sereno”

martes 15 de septiembre de 2026, 14:13h
Gloria Fuertes. Ilustración de Matías Tolsà
Gloria Fuertes. Ilustración de Matías Tolsà

Referencias mitológicas y su evolución. Las sirenas eran criaturas mitológicas marinas con busto de mujer y cuerpo de ave según la tradición grecolatina, que tenían un canto letal, porque con su dulzura atraían a los navegantes para hacerlos chocar contras las rocas y que perecieran. (Baste recordar el canto XII de la Odisea, de Homero, en el que Ulises tuvo que atravesar el territorio de las sirenas en su viaje de regreso a Ítaca, tras la guerra de Troya, amarrado al mástil de su barco, mientras que su tripulación llevaba los oídos taponados con cera). En el folclore medieval su imagen cambió y pasó a tener cola de pez; pero la iconografía cristiana medieval la representaba con carácter monstruoso y simbolizaba en ella la lujuria.

Gloria Fuertes: Poeta de guardia. Madrid, Torremozas Ediciones, 2013. (El libro se editó por primera vez en 1968 (Editorial Ciencia Nueva, colección de poesía El Bardo
Gloria Fuertes: Poeta de guardia. Madrid, Torremozas Ediciones, 2013. (El libro se editó por primera vez en 1968 (Editorial Ciencia Nueva, colección de poesía El Bardo

Las sirenas dejan de considerarse seres terribles para convertirse en personajes aptos para el mundo infantil en el siglo XIX, y en concreto en el año 1837, que es cundo Hans Christian Andersen publica el cuento “La Sirenita” (Den lille Havfrue) y, aunque su final es triste (la protagonista muere y se convierte en espuma de mar), sirvió para cambiar de forma radical la percepción colectiva del personaje, convertido ya en un ser bondadoso. Y habrá que llegar al año 1989 para que la factoría cinematográfica Disney hiciera una adaptación del cuento de Andersen (la película se titula en inglés The Little Mermaid) para presentar una sirenìta desprovista de valores negativos. convirtiéndola definitivamente en una criatura mágica incorporada al folclore infantil.

Información sobre la película: https;//es.wikipedia.org/wiki/La_sirenita_(pel%C3%ADcula_de_1989)

En este contexto mágico es en el hay que hay que incluir el poema de Gloria Fuertes “El sireno”, de su obra Poeta de guardia (1968), un curioso poema cuyo protagonista nació en la playa (verso 1 y 2), no quiso conocer a su padre (verso 7) y no tiene sexo (verso 35 y ultimo); un personaje mitológico tan humanizado como desmitificado, que no tiene nada que ver en este poema con el tritón, y que termina trabajando como guía turístico -a modo de sereno, pero sin perder su condición marina- en una Venecia enigmática. Este es el poema, que cuadra bien con el postismo.

El Sireno
La Sirena en la playa
dio a luz un Sireno
con un hato de llaves
y su chupa de cuero.
El sireno no quiso 5
trabajar tierra adentro
ni conocer su padre
ni quedarse en el Ebro.
El se nada a Venecia,
él solicita un puesto; 10
él quiere ser lo que es,
Sireno.
En sus lomos lleva
a los turistas lelos,
y con su florescente cola 15
señálales los monumentos.
-Trabajo día y noche
como el viento-.
Chapoteando las calles de
Venecia, 20
va el Sireno sereno
abriendo los portales
con su hato de llaves
de misterio,
su brillo de pescado, 25
su chuzo de secretos.
Nunca sale de día
ni del agua,
ni se afeita,
ni asiste a estrenos. 30
Y nadie, nadie sabe,
solo él y yo sabemos,
que es hijo de Sirena,
y que no tiene piernas,
ni sexo. 35

Gloria Fuertes: Poeta de guardia. (1968).
Madrid, Ediciones Torremozas, 2013.

Es difícil encontrar en un poema un cúmulo mayor de disparates, pero Gloria Fuertes tiene la habilidad de convertir en poesía a los personajes y a las situaciones más disparatados; y, en este caso, la atención se centra en el Sireno, porque de su madre, la Sirena, tan solo se dice que “en la playa / dio a luz un Sireno” (versos 1-2), y que su maternidad es un hecho que solo comparte con la poeta (verso 33: “que es hijo de Sirena”); es obvio, pues, que desde este supuesto surrealista, la poeta se puede permitir la incursión en un mundo fabuloso capaz de despertar el interés de los más pequeños. Sin embargo, no por ello renuncia Gloria Fuertes a emplear los requisitos formales que la lengua poética exige; y ahí reside su mérito.

La propia métrica del poema permite dividir su contenido en siete partes: versos 1-4 (1.ª), versos 5-8 (2.ª), versos 9-12 (3.ª), versos 13-16 (4.ª), versos 17-18 (5.ª), veros 19-30 (6.ª) y versos 31-35 (7.ª).

El verso mayoritario es el heptasílabo (25, de un total de 35, lo que supone algo más del 71 %); sin embargo, hay 3 versos eneasilabos: 15, 16 y 19 (este último tiene la peculiaridad de que termina en la preposición “de”), 4 versos tetrasílabos (18, 24, 28 y 29), y 3 versos trisílabos, que actúan como pie quebrado (3, 20 y 35). Esta heterometría no es casual, y se comprueba su eficacia cuando se recita el poema. Hasta el verso 18, que cierra la 5.ª parte del poema, los versos pares riman en asonante /é-o/ (dos fonemas vocálicos de abertura media, pero con diferente localización), mientras que los versos 3 y 7 riman en asonante /á-e/ (“llaves/padre”), y los versos 9 y 13 riman en asonante /é-a/ (“Venecia/lleva”); el resto de los versos, hasta el 18 inclusive, son blancos (1, 5, 11, 15 y 17). En las partes 6.ª y 7.ª se rompe la regularidad de la rima: /é-o/ se repite en los versos 21, 24, 26, 30, 32 y 35; /á-e/ en los versos 22, 23 y 31 (“portales/llaves/sabe”); /é-a/ en los versos 20, 29, 33 y 34; y han quedado libres los versos 25, 27 y 28 (aunque la asonancia /á-a/ se encuentra también en el verso 1). No cabe duda de que esta compleja distribución de rimas le da al poema la alegría rítmica que su desenfadado contenido requiere. Y puesto que hemos dividido el poema en 7 partes, vayamos una a una.

Parte 1 (versos 1-4).

El poema parte de un hecho disparatado: una Sirena da a luz un “Sirero” en una playa (el masculino se forma aplicando la ley de analogía lingüística, sin entrar en mayores disquisiciones filológicas); pero jugando con la paronomasia “sireno/sereno”, de inmediato se ve que el “Sireno” nace para ser “sereno”, porque ya porta “un hato de llaves” (la palabra “hato” se ha convertido en sinónima de “manojo”, manteniendo la idea de “conjunto”); y, además, su vestimenta es una “chupa de cuero” (es decir, una cazadora que, por el material de que está hecha, sirve de ropa de abrigo, ya que el cuero retiene el calor corporal, y es, por tanto, muy apreciada por los serenos, cuyo oficio nocturno se desempeña a la intemperie). Y si el término “hato” (“conjunto de…”) está en desuso en el español coloquial actual, también lo está, para referirse a la cazadora, la “chupa de cuero [negra]” de estilo roquero, que se popularizó en la España de las décadas de los 80 y 90 del pasado siglo; lo que quiere decir que por el contexto histórico en que está escrito el poema, el léxico empleado por la poeta es el adecuado, y no estaba pasado de moda.

Parte 2 (versos 5-8).

Bien pronto, el Sireno da muestras de su personalidad: se niega a “trabajar tierra adentro” (lo suyo es el mar abierto); no tiene el menor interés por conocer a un padre ausente (el verso “ni conocer su padre” encierra una anomalía sintáctica, pues el complemento directo de persona se introduce con la preposición “a”: “a su padre”, y la renuncia a la preposición puede deberse a dos motivos: o bien se necesita un verso heptasílabo -que se logra sin ka preposición-, o bien el padre aparece en una esfera de “cosificación” que revela su rechazo por parte del hijo, o bien pueden valer ambas explicaciones simultáneamente; y no quiere “quedarse en el Ebro” (en referencia a las playas del delta del Ebro -pues su madre le dio a luz en una playa-, que a fin de cuentas es un río). El paralelismo sintáctico por medio de la conjunción copulativa “ni”, coordinando de manera aditiva frases que denotan negación, precedida de otra con el adverbio “no” (“no quiso… ni conocer…, ni quedasrse…”) agiliza el ritmo que el polisíndeton potencia y fortalece la solidez de las decisiones adoptadas por el Sireno, que ya se siente libre de ataduras para tomar las riendas de su propio destino (una forma esta de sugerir por parte de Gloria Fuertes una cierta crítica social).

Partes 3 y 4 (versos 9-16).

El Sireno se desplaza nadando a Venecia (la poeta, en un alarde cómico, ha convertido el verbo “nadar” en reflexivo (“Él se nada a Venecia”), en busca de un trabajo acorde con su condición, y lo obtiene, dedicándose a transportar turistas (“En sus lomos lleva / a los turistas lelos”). A esos turistas los considera tontos (“lelos”), suponemos que en una solapada crítica al turismo de masas por parte de la poeta. Repárese en que en estos dos versos hay una aliteración de fonemas líquidas (el alveolar /l/, y el palatal /ll), que con su fluidez evocan el agua. Y, convertido en una atracción turística y rebajado de su halo mitológico, les señala con su cola luminiscente los monumentos, que se han convertido en un simple espectáculo comercial. En este sentido contrasta la autenticidad del Sireno, que reivindica con seriedad su figura como “guía marítimo”, con la estulticia de unos turistas que no saben apreciar las bellezas que los monumentos venecianos ostentan (están más ocupados en admirar la “florescencia” de la cola del Sireno; y ahora sí está claro que la poeta está siendo especialmente crítica con la banalidad de un teórico “turismo cultural”).

En los versos 9-12, la anáfora del pronombre personal “él” se combina con la construcción paralelística (Él se nada…, él solicita... él quiere ser…”), lo que implica una mayor vertebración interna; y en los versos 13-16, el complemento circunstancial se anticipa a los verbos: “En sus lomos lleva…”, “y con su florescente cola / señálales…”, o bien porque dichos complementos actúan como “sujetos psicológicos -que no gramaticales- y su anteposición responde a razones de un mayor interés conceptual, o bien por necesidades que impone la asonancia /é-o/ en los versos pares, o bien -sin disyuntiva- por la combinación de ambos factores, sintácticos y métricos.

Parte 5 (versos 17-18).

Comprende solo dos versos, para que el Sireno tome la palabra (su parlamento viene enmarcado por rayas o guiones largos (-“Trabajo día y noche / como el viento-”. El Sireno nos confiesa que trabaja de forma continuada e infatigable; y al comprar su trabajo con “el viento”, que sopla día y noche sin pausa, la poeta reitera la laboriosidad de quien no conoce el descanso.

Parte 6 (versos 19-30).

En Venecia, el fenómeno periódico conocido como “acqua alta” inunda sus calles y plazas cuando el nivel del mar sube más de 90 centímetros. De aquí que el verbo “chapotear” (con el sufijo -ear, que aporta un matiz incoativo), elegido por Gloria Fuertes, sea del todo apropiado para lo que hace el Sireno: “Chapoteando por las calles de / Venecia”. Además, el empleo del gerundio (más adelante, “abriendo”) aporta dinamismo a la acción de chapotear (y de abrir); y así “va el Sireno sereno”), un verso en el que se apoya el conjunto del poema: la paronomasia “Sireno/sereno” y la dilogía con que está usada la palabra “sereno”, pues como adjetivo significa “sosegado, tranquilo” y, como nombre, “antiguo vigilante nocturno que llevaba un gran manojo de llaves para abrir los portales a los vecinos que llegaban tarde a sus casas; también iba provisto de un chuzo como instrumento de defensa personal o para dar avisos golpeándolo contra el suelo”. Y esta dilogía justifica los versos 22-26: “abriendo los portales / con su hato de llaves [repetición casi idéntica del verso 3] / de misterio, / su brillo de pescado, / su chuzo de secretos”. Se han entrelazado así elementos urbanos y marinos; más aún, el “Sireno”, como vigilante nocturno, está al corriente de las intimidades -los secretos- de una ciudad que por momentos parece “flotante en las aguas” y en las que chapotea.

Y en los versos 27-30, mediante la anáfora de ‘adverbio de negación (“Nunca…”) y conjunción copulativa (“ni…”)’, la poeta recurre a una enumeración, reforzada por el polisíndeton, para referirse a realidades cotidianas de las que el “Sireno” no participa, al no salir del agua: “ni se afeita, / ni asiste a estrenos”.

Parte 7 (versos 31-35).

Y en esta parte final del poema intervine la poeta para aclarar que solo ella y el Sireno conocen “que es hijo de Sirena”, por lo que comparten ese secreto que nadie más conoce, y en lo cual insiste: “Y nadie, nadie sabe, / solo él y yo sabemos…”. Por lo demás, “que no tiene piernas” ya estaba anticipado en los versos 15 (“su florescente cola”) y 25 (“su brillo de pescado”); y, además, “no tiene sexo” (verso 35), por lo que al romper el sistema binario de género escapa a las etiquetas humanas.

Y ahora surgen preguntas, que dejamos abiertas: ¿es el poema una alegoría de la marginalidad como resultado de mantener amores clandestinos? La poeta ha creado un ser híbrido (“Sireno/sereno”) que escapa a las normas convencionales. ¿Traduce el poema una identidad que queda fuera de los parámetros sociales comúnmente establecidos en la época y que requieren ocultar del examen público determinados sentimientos? Porque lo que parecía un poema para niños derivaría así en la expresión de un conflicto personal angustioso.

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