PASIÓN Y GLORIA
El pasado viernes, en un viejo convento de San Sebastián, el de Santa Teresa, sobre el que se alzó en su tiempo la ermita de Santa Clara, presentábamos un libro inusual: “Catalina de Erauso. Pasión y Gloria”. Tan inusual como su protagonista. Aquella que entraría en la historia como la Monja Alférez. Un apelativo clarividente, en el que se funden un sustantivo femenino y otro masculino. Monja, pese a que nunca pasó de novicia. Y alférez, que bien pudo ser capitán, si no le hubiera vedado el paso su encarnizamiento en batalla. Sin contar los duelos a espada, nunca provocados por ella, en los que dejó doce cadáveres. Incluido el de su hermano.