Évora es docente, pero sobre todo escritor de novelas y cuentos, cuyo traductor de las obras O pais das Porcas-saras y A Mel e as vespas del portugués al español ha sido Manuel Moya, un autor absolutamente indispensable en nuestro actual panorama literario. Los lectores interesados pueden comprobar el acierto productivo entre ambos escritores (Évora y Moya) acudiendo a unas obras adscritas al camino patafísico marcado por Alfred Jarry, tituladas Cacahuetes/Hibernacao donde se aborda desde muy distintos ángulos la libertad, “uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos".
Évora retrata lo contradictorio, la lucha y la vulnerabilidad, la miseria y el prodigio, la utopía y la barbarie, el miedo y la inseguridad de cumplir los sueños, la singular forma de denunciar lo injusto de sistemas totalitarios y beligerantes a través de la fantasía que se alimenta de una suerte de museo literario que se recoge en este relato. Hay también un cierto tono de humor (los poetas que ven cosas que los demás no ven, los hombres sombríos y expertos en el arte del interrogatorio, los gritos de tortura y sufrimiento que son más universales que idiomáticos,) que coincide en las partes más tiernas y trágicas del texto. Cuando el pequeño Salvador, luego Pajarito, más tarde Abejaruco, hasta confundido con Cristo, cuya historia, acaso historias, se inicia(n) cuando cuenta con 7 años, en 1926, y se le pierde la pista en plena revolución de los claveles en 1974, por cierto, se le vio en lo alto de una torre, cantando canciones de libertad, canciones y poemas que no sirvieron de mucho al sentir de Pajarito cuando supo que la República Española fue vencida tras un golpe de estado, aunque ahora retomaba todo su simbolismo y poderío. A mi modo de ver, la fuerza narrativa del Fernando Évora radica en un lenguaje sencillo aunque sugerente, sutiilmente irónico y una autenticidad plena que irradia de sus personajes, además de establecer un entrelazamiento de relaciones dialécticas en el eje de coordenadas, realidad y ficción, donde se incluyen lo sobrenatural, lo inaprensible, lo metaliterario, en este caso, una serie de obras, como Romancero gitano de Lorca que se plantea en cierto modo como guía espiritual, incluso argumental, Merlín y familia de Álvaro Cunqueiro, El último patriota de José Nogales, Réquiem por un campesino español de Ramón Sender, Los Santos inocentes de Miguel Delibes, El mundo de Juan Lobón de Luis Berenguer. Paralelamente, el paisaje con su fauna y flora configura el devenir del texto. De hecho, la veintena de pájaros citados constituyen un modo de hacer memoria y recibir ánimo y caer en la nostalgia cuando no están en el horizonte. Un magnífico relato que recibe el respaldo de un expresivo y vibrante colorido del pintor Ernesto Larrarte que en muchas ocasiones se reviste de un matiz “residencia en la tierra”. Figuras, siluetas animales e inquietantes pinceladas. La portada muestra esa audacia e intensidad en los colores donde Pajarito, lo humano, la libertad destaca entre lunas llenas y robustos árboles. Sus ilustraciones parecen combinar el óleo, la acuarela y el acrílico, basculando entre lo expresionista y lo abstracto, abogando por el color y el componente emocional más que por el realismo fotográfico. Así, veremos escenas rurales con casas blancas y una vegetación de tonos cálidos. En otras ocasiones, serán los amarillos, los rojos y los naranjas contrastando con toques de verde y un cielo morado oscuro. El mundo de contradicciones se muestra en una figura con una cruz y un cráneo flotante, una suerte de técnica mixta que combina lo pictórico con posibles trazos de carboncillo, acaso tiza blanca, en cualquier caso, en latentes alusiones a lo espiritual y a lo mortal. Cierto es que existe una voluntad de abstracción lírica en las ilustraciones de Ernesto Larrarte, precisamente tratando de aunar lo abstracto y lo figurativo para complementar con cierto dramatismo un relato igualmente sorprendente. El consejo literario es la lectura de esta colección y de este número 25. El consejo comercial: adquirirlo para llevar a cabo el consejo literario.