Entrevista a Dolors Fernández: "la última moda es propugnar que cualquiera puede escribir un libro y ser un superventas, que solo es cuestión de herramientas, estrategia y marketing"![]() lunes 09 de marzo de 2026, 17:16h
Entre la intensidad poética y la narración de largo aliento se mueve la obra de Dolors Fernández Guerrero, una autora que ha sabido construir una voz propia desde la exploración de la memoria, el deseo y las fracturas íntimas. Novelista y poeta, Fernández transita con naturalidad entre géneros, combinando una escritura sensorial con una mirada lúcida sobre las emociones y los vínculos humanos. Su literatura, profundamente humana y contemporánea, confirma una trayectoria sólida que dialoga con el presente sin renunciar a la intensidad del lenguaje. Su última obra, Lluvia de cristal (2025), fue finalista del 73 Premio Planeta de Novela —uno de los galardones literarios más importantes en lengua española— lo que ha consolidado su presencia en el panorama literario contemporáneo. ¿Recuerdas el primer libro que leíste? ¿Y la primera historia que escribiste?
La primera novela que leí de niña fue Un capitán de quince años de Julio Verne. Llegó de un modo natural, después de muchos cuentos y tebeos. Fue un regalo. Era una estupenda edición con tapas duras e ilustraciones. Las aventuras de Dick Sand a bordo del Pilgrim me fascinaron y a partir de ahí seguí leyendo otros libros de aventuras, todo lo que llegaba a mis manos de Julio Verne: Viaje al centro de la tierra, La vuelta al mundo en globo, etc. Y, claro, cualquier autor de novela de aventuras, como Jack London, Mark Twain, a los que eran muy aficionados mis hermanos. Eran mis lecturas favoritas. En cuanto a lo primero que escribí, recuerdo que con nueve años plasmé algo en un papel, sin pensarlo mucho y enseguida me di cuenta de que aquello era un poema. A partir de ahí seguí escribiendo de todo, pero, si te digo la verdad, no me acuerdo de qué trataban aquellos textos porque, cuando llegué a la adolescencia, en un arranque de inconformismo y de rebeldía hacia mí misma, rompí todo lo que había escrito hasta entonces. Soñaba con ser escritora, pero no lo ví factible y decidí romper con una pasión estéril. Sin embargo, recuerdo que eran historias con un fondo oscuro, misteriosas. Algunas me las publicaron en el diario Delta Llobregat, en El Prat de Llobregat, donde vivía. ¿Cuál fue el primer libro que te impactó y por qué? Después de las obras de Verne y otros escritores de aventuras, recuerdo que un libro que me impactó muchísimo de niña fue La metamorfosis de Franz Kafka. Lo recordaré siempre. De hecho, la pulsión por mostrar atmósferas y realidades alteradas caló en mí desde entonces. Fue como abrir el mundo a otra manera de pensarlo y sentirlo. Algo tan absurdo e imposible en términos reales como un joven convertido en un enorme insecto, con lo repulsivo que me resultaba −y me resulta−, la normalización que su familia hace, me impresionó. Era convertir la historia de una persona normal en algo espantoso, aterrizar súbitamente en el terror, subvertir el orden de la naturaleza. Aclaro algo: digo “insecto” y no “cucaracha”, como podemos leer en la mayoría de las traducciones al español, porque Kafka en el original nunca especificó en qué tipo de insecto se transformaba Gregorio Samsa, el protagonista de La metamorfosis, aunque luego las traducciones hayan optado por el término cucaracha. ¿Quién es tu escritor/a favorito/a? Puedes escoger más de uno y de todas las épocas. La lista podría ser interminable, pero intentaré resumir y conste que me dejaré muchos en el tintero. Empezaré por Leopoldo Alas, “Clarín”, creo que fue un gran autor del realismo español, la época dorada de la novela, equiparable a Flaubert o Zola en Francia, con una capacidad admirable para retratar su época y sus protagonistas; además de ser un maestro del lenguaje y de poseer una fina ironía que hace sus textos muy distintivos, y los dota de gran inteligencia. Después te diría que admiro muchísimo a Valle-Inclán, con su lenguaje distorsionador y a la vez tan poético, de ahí sus famosos “esperpentos”. Otro es el alemán Herman Hesse. Su prosa demorada y su mirada intimista, doliente, acerca del propio mundo interior me sacudieron por dentro. Bueno, y luego las dos Marguerites, la Yourcenar y la Duras. No tienen nada que ver, pero la obra de ambas es formidable. Las novelas históricas de Yourcenar son sensibles, frescos impecables de una época. Marguerite Duras representa para mí la estilización extraordinaria de lo decadente y su erotización, una visión posmoderna, que recurre al desafío y la transgresión de las normas y de lo políticamente aceptable. Por último, hablaría del boom latinoamericano: mis favoritos son Borges, García Márquez y Sábato, muy distintos entre sí. Jorge Luis Borges, porque es un intelectual displicente, aficionado a los juegos de palabras, a las paradojas y a los laberintos, que renegaba de las novelas y eso me divierte. Se vale de subterfugios verbales para devaluar un género en el que él no podía competir. Gabriel García Márquez, porque es un gran narrador en el sentido amplio de la palabra, que maneja el lenguaje con gran elegancia y poder de sugestión, y logra poetizar sus historias. De Ernesto Sábato me apasiona su indagación en el subconsciente de los personajes. En el panorama contemporáneo y finalizo, para mí, Antonio Muñoz Molina es de lo mejor que tenemos. Aúna pulso narrativo con dominio del lenguaje y la introspección necesaria para crear grandes personajes, complejos y conmovedores. ¿Qué personaje de uno de tus libros te hubiera gustado conocer? ¿y ser? Mis novelas y relatos carecen de personajes heroicos en el sentido tradicional del término, porque no creo en los “héroes” y eso puede hacer que mis libros desconcierten al lector en un principio, lo obliguen a reflexionar más allá del maniqueísmo de “buenos” y “malos”. No obstante, si tuviera que escoger a alguna de mis criaturas para reencarnarme, creo que sería Desiré Han, la protagonista de mi relato corto de ciencia ficción, titulado Halogramas. Una distopía en el espacio. Desiré es una profesional concienzuda, una directiva de éxito en un mundo globalizado situado en el futuro. En un momento en el que la existencia en la Tierra culmina con una promesa de eternidad en la Nave, ella podrá aspirar a lo inimaginable. Tentador, ¿no? ¿Y a quién me gustaría conocer? Pues entre todos mis personajes (y dudándolo mucho), me apetecería charlar un rato con Dirk Baumann, el capitán de la Gestapo de mi última novela, inédita. Me gustaría saber qué mecanismo mental, qué tipo de adoctrinamiento puede hacer que un profesor de Literatura Alemana, un hombre inteligente y sensible, pacífico y familiar, acabe vigilando campos de concentración en el Tercer Reich. ¿Alguna manía a la hora de escribir o leer? No me considero particularmente maniática, pero la verdad es que nunca me pongo música, me distrae, ni para leer ni para escribir. En cambio, me abstraigo con facilidad de ruidos externos, de distracciones, sin embargo, la música me gusta demasiado. Me “atrapa” y no logro concentrarme en el papel. ¿Tu lugar y momento preferido para hacerlo? Por las mañanas es cuando más me gusta escribir. Si es temprano, en el máximo silencio, cuando aún no ha amanecido, mejor. La ciudad duerme y me siento como una espía, robándole sus sueños… ¡Ja, ja, ja! Es casi siniestro, pero así es. Sin embargo, me adapto a cualquier hora del día. Cuando tengo algo entre manos soy casi obsesiva. ¿Qué escritor/a o libro te ha influido en tu trabajo como autor/a? Yo diría que Gabriel García Márquez, como gran arquitecto narrativo y chamán del lenguaje, pero reconozco que, con posterioridad, dos escritoras me han marcado hondamente: Lucia Berlin, por su capacidad de fantasear con lo real “irrelevante”, y Mariana Enríquez, por su dominio de lo aterrador y su conciencia social. ¿Cuáles son tus géneros favoritos? Más que de géneros, soy diría que soy de obras. No soy lectora de “género”, en el sentido habitual del término. Tanto puedo leer a Patricia Highsmith, Allan Poe, Herman Melville, Jean Marie Auel o Haruki Murakami, como a Umberto Eco, otro autor al que reverencio. Para mí lo importante es el desarrollo de la historia, lo que me transmita al pensar y sentir mientras la leo. En ese sentido soy “transgénero”. ¿Qué estás leyendo ahora? ¿Y escribiendo? Estoy leyendo La península de las casas vacías de David Uclés, una especie de Biblia sobre la Guerra Civil española, traspasada por el realismo mágico. Al mismo tiempo, reviso mi última novela, que lleva el título provisional de No solo fueron huellas en la nieve. Es una historia que transcurre en la antigua Estación Internacional de Canfranc, en Huesca, en dos ejes temporales distintos: el primero va de 1942 a 1944; y el segundo sucede en 2024, a raíz de un hallazgo sorprendente en el hotel de cinco estrellas que ocupa en la actualidad el edificio de la estación. ¿Has cambiado algún final después de escribirlo? No, los medito mucho, eso sí. Soy consciente de que son fundamentales en el cierre de una historia. De hecho, pueden malograrla si no son coherentes, inteligentes, por muy bien que esté el resto. Los reescribo, los reviso todas las veces que haga falta, pero cuando decido que ese es el final, no lo cambio. ¿Cómo crees que está el panorama editorial para tantos autores/as como hay o quieren publicar? Francamente, creo que no hay lectores suficientes para tantos autores. Y la industria editorial, que lo sabe, saca provecho, creando sellos de autoedición, talleres de escritura creativa, servicios editoriales, de coaching y todo lo imaginable de cara a prometer el edén a los escritores noveles o a aquellos que se han ilusionado con un proyecto literario, aunque ni siquiera sean escritores. Porque la última moda es propugnar que cualquiera puede escribir un libro y ser un superventas, que solo es cuestión de herramientas, estrategia y marketing. ¡Ojalá fuera tan sencillo! ¿Cuántas horas sueles dedicar cuando estás con una novela? Cuando estoy en el proceso de escritura, todas las que puedo, como una jornada laboral. Soy muy intensa. ¿Cuántas obras tienes publicadas? En poesía tengo dos poemarios y una plaquette. En narrativa, dos novelas y dos novelas cortas. Inéditos: casi tres novelas (contando la que estoy revisando), cuentos, microrrelatos… ¿A cuál le tienes más cariño, y a cuál menos? La novela Lluvia de cristal, sin duda, me ha dado muchas alegrías porque fue una de las diez finalistas del Premio Planeta 2024. Le debo mucho. Además, se la dediqué a mi madre, fallecida el 30 de octubre del año pasado, y eso la hace muy especial para mí. Mi madre, como la protagonista, Fuencisla Bonilla, fue una andaluza trabajadora, tenaz y muy inteligente, que vivió la mayor parte de su vida en Barcelona. Sin ella, yo no estaría aquí. Es tan simple como eso. ¿Planificas las historias al detalle antes de escribirlas o las dejas surgir sobre la marcha? Planifico a grandes rasgos la estructura, los personajes protagonistas, el hilo conductor con sus momentos de clímax, los escenarios principales, los tiempos. A partir de ahí, las subtramas y personajes secundarios, los matices de los que soportan el peso de la historia me van llegando mientras escribo, una vez me sumerjo en la historia. ¿En qué aspectos significativos ha cambiado el ordenador y otros dispositivos y recursos digitales tus métodos, tus hábitos y tus ritmos de trabajo como escritor/a y lector/a? En mi caso, desde que me puse a escribir en serio, es decir, a abordar obras más extensas y complejas, he dispuesto del procesador de texto, por lo que no puedo hacer la comparativa con un tiempo anterior, pero comprendo que ahora tenemos muchísimas más facilidades para construir y desarrollar una historia, especialmente si tiene cierta complejidad (saltos temporales, fragmentación de datos, profusión de detalles). El hecho de poder suprimir, añadir, intercalar texto y que el resultado sea “limpio”; o tener índices que te permiten localizar pasajes; el buscador para comprobar palabras, etc., son herramientas inestimables. Probablemente, si no tuviéramos esos recursos, escribiríamos de otra manera. Por otro lado, el proceso de documentación se agiliza enormemente. En cuanto a mi faceta de lectora, sigo en la era analógica. Sigo con el papel, el libro como objeto entre mis manos es mi método preferido. Si no tengo más remedio, leo en pantalla o en lectores digitales, pero no es mi primera opción. ¿Cuál es el detonante que te hace escribir sobre un tema y no sobre otro distinto? Algo que me interese, me impacte. Puede ser una imagen, una noticia, una historia, un personaje del que tenga conocimiento. Eso suscita mi imaginación y a partir de ahí empiezo a montar la historia, a verla posible. Lo siguiente es documentarme. ¿Escribirás sobre algún virus mortal? No te digo que no. Es un tema muy explotado como argumento novelesco y, sobre todo, cinematográfico, pero no lo descartaría. Como escritores, siempre estamos a tiempo de dar un vuelco, un giro inesperado e interesante a cualquier tema, aunque en apariencia nos parezca trillado. Vivimos tiempos de incertidumbre y el tema de las “amenazas invisibles” atemoriza a nuestra sociedad. Creo que se ha colado en el imaginario colectivo y que, por tanto, se convierte en uno de los grandes gérmenes temáticos. Está ahí y eso es innegable, y todos somos hijos de nuestro tiempo. El nuestro está marcado por las distopías. ¿Sobre qué tema no escribirías nunca, aunque te lo pidieran? Biografías. Mucho menos sobre la mía. Creo que la literatura traiciona −debe traicionar la vida de las personas−. En mi caso particular, detesto hablar de mí misma. La buena literatura, a mi juicio, debe expandirse del yo del autor, incluso cuando es testimonial. No hay que confundir “crónica” con “literatura” y creo que eso es precisamente lo que está pasando. La literatura se devalúa y pierde terreno frente a lo histórico, lo periodístico, lo memorialístico o la autoayuda. Sin negar que la literatura se nutre del pasado, del presente y de todo cuanto la rodea, no perdamos de vista que es una construcción artística que alza relatos a partir del valor expansivo de la palabra, de la creatividad del autor, de su fantasía. Que no se nos olvide. ¿Tienes más lectores o lectoras? Pues no lo sé, me da la impresión de que son más lectores. Me gustaría cambiar esa tendencia, si es que realmente es así. Pero eso no lo decido yo… ¿Por qué hay que leer tus libros? Porque aspiran a ser buenas historias, envolventes, emocionantes, intrigantes, que atrapen al lector. Porque las vidas de mis personajes, las situaciones a las que se enfrentan, son emocionantes, por momentos terribles y crueles; pero en ellas también hay humor, pasión, sensualidad. Y es que el mundo en el que vivimos es así, tan cruel como hermoso, tan injusto como lleno de oportunidades. Porque cerrar las puertas a la fantasía y a su capacidad regenerativa me parece un grave error.
+ 0 comentarios
|
|
|