Nuestro poema de cada día
"Prendimiento de Antoñito el Camborio", de Federico García Lorca, narra la detención de Antonio Torres Heredia, un gitano que, mientras se dirigía a Sevilla para ver toros, es apresado por la guardia civil por robar limones. El poema refleja su orgullo y la decadencia de su estirpe frente a la cobardía y marginación contemporáneas.
Nuestro poema de cada día
Los romances fronterizos narran escaramuzas guerreras entre musulmanes y cristianos en las últimas etapas de la reconquista. De entre este grupo de abundantes romances reproducimos tres: Romance del rey moro que perdió Alhama, “Romance de Abenábar y el rey don Juan” y ¿Cuál será aquel caballero…?
Nuestro poema de cada día
Intitulado y anónimo, el soneto que comienza con el endecasílabo “No me mueve, mi Dios, para quererte” está considerado como una de las composiciones de más desbordante lirismo de la literatura española. Con razón lo incluyó Marcelino Menéndez Pelayo en su célebre antología Las cien mejores poesías líricas castellanas (Edicomunicación, Santa Perpetua de la Mogoda -Barcelona-, 1993); y para el eminente crítico Marcel Bataillon, constituye “el más ilustre soneto de la literatura española”. Estos son los catorce versos de esta apasionada manifestación de amor a Cristo, cuya dimensión humana sobrecoge al lector:
Nuestro poema de cada día
La simplicidad del lenguaje de Gloria Fuertes, los llamativos juegos de palabras, el encanto poético de sus ingenuas imágenes... han sido siempre el mejor caldo de cultivo para atraer a los más pequeños hacia la lectura del verso (y son docenas los títulos publicados por, entre otras, las editoriales madrileñas Escuela Española, Susaeta, Torremozas...) que han logrado aupar a Gloria Fuertes en un lugar de privilegio en la literatura infantil de nuestro país.
Nuestro poema de cada día
De la extraordinaria capacidad de Francisco de Quevedo para la expresión del sentimiento amoroso es indubitable testimonio el soneto titulado “Amor constante más allá de la muerte” (“Cerrar podrá mis ojos la ostrera / sombra que me llevare el blanco día...”), considerado por Dámaso Alonso como “probablemente el mejor de la literatura española” [1]. Sin duda, Quevedo alcanza en él, tal y como acertadamente señala Esteban Gutiérrez, la formulación definitiva de un motivo muy presente en su poesía amorosa: el de la trascendencia del amor, de su amor, que vence a la muerte, pero con la diferencia sustancial de que aquí el amor trascendido no solo ocupará su alma, sino también su cuerpo. Este es el impresionante soneto:
Nuestro poema de cada día
Texto de Ovidio en las Metamorfosis (Libro I, versos 548-552).
Vix prece finita torpor gravis occupat artus,
mollia cinguntur tenui praecordia libro,
in frondem crines, in ramos bracchia crescunt,
pex modo tan verlox pigris radicibus haeret,
ora cacumen habet: remanet nitor unus in illa.
Traducción libre:
“No bien termina el ruego un sueño profundo se apodera de los miembros, / el tierno vientre se cubre de una delgada corteza, / los cabellos se mudan en hojas, los brazos en ramas; / a los pies hace un instante tan ligeros, se pegan raíces inertes, / y una copa arbórea le cubre el rostro: solo de ella la hermosura”.
Nuestro poema de cada día
Se llama égloga a un género de poesía en que se trata de la vida campestre. Unos pastores entablan en ella un diálogo, generalmente de tipo amoroso, rodeados de un paisaje “ameno,” es decir, de una naturaleza siempre verde, siempre fresca, en eterna primavera.
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En una época de esplendor para la poesía cancioneril castellana, que coincide con el reinado de Juan II (1406-1454), adquiere una enorme importancia la figura de Juan de Mena (1411-1456), autor de una de las obras -redactada entre 1444 y 1451-que lo coloca en un lugar de privilegio entre los escritores medievales y prerrenacentistas: Laberinto de Fortuna (o “Las trescientas”, aunque en realidad el número de coplas de arte mayor en que está escrita la obra es de 297).
Nuestro poema de cada día
Durante más de doscientos años (siglos XIII y XIV), la actual provincia de Jaén fue tierra fronteriza entre cristianos y musulmanes, lo que, lógicamente, propició numerosos hechos de armas. La divulgación oral de estos hechos fue el caldo de cultivo que fermentó una poesía popular y anónima, que relataba los sucesos de esta época, y que canalizó en los llamados “romances fronterizos”. Estos romances se caracterizan por su sencillez y por su carencia de recursos complicados de versificación; y precisamente el ser simples y pegadizos es lo que les ha valido perpetuarse hasta nuestros días, primero oralmente y después impresos. Se ha criticado en ellos la falta de rigor histórico, pero hay que tener en cuenta que se trata de poesía y no de historia; que al principio se transmitían de forma oral; y que fueron compuestos en épocas posteriores a las de los sucesos que relatan, lo que permitía a sus autores la incorporación de situaciones y personajes meramente “decorativos” sacados de su imaginación.
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La publicación de "Hijos de la ira" sitúa a Dámaso Alonso en el ámbito de una poesía de intención anticlasicista y antiformalista -en respuesta al neogarcilasismo de José García Nieto y de otros poetas de la llamada “Juventud Creadora”-, más humana y auténtica. Los poemas titulados “Insomnio”, “De profundis”, “La injusticia”, y “La obsesión” -sirvan como ejemplo- son una buena muestra de esta poesía que anuncia lo que más tarde se llamará “poesía social”. Para un amante de la poesía, estos poemas, reproducidos a continuación, resultan de lectura obligada: late en ellos una fuerte temperatura afectiva, compatible con un empleo riguroso del lenguaje que aprovecha los recursos fónicos de los vocablos -y el versículo- para suscitar las más diversas emociones.
Nuestro poema de cada día
El poema de Maite García-Nieto refleja el despertar de la protagonista a través del canto insistente de los pájaros, simbolizando libertad. Su lírica destaca por musicalidad, sencillez y un profundo lirismo, fusionando emociones y naturaleza en una obra que invita a la reflexión sobre el desasosiego y el anhelo de libertad.
Nuestro poema de cada día
La originalidad de la plasmación literaria de tópicos sobre la muerte y la vida
En riqueza temática, Quevedo está muy por encima de Góngora. Su mente poderosa, excepcional en su siglo, se sintió atraída por cuestiones políticas, teológicas, filosóficas y morales, expresadas con un idioma cargado de gravedad, y con un estilo sentencioso, conciso, agudo, de austera sobriedad y penetrante profundidad de pensamiento.
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Excepcionalmente, Manuel Machado evoca, como es propio de los escritores de su tiempo, en el poema “Castilla” -incluido en Alma, su primer libro-, lo esencial del espíritu castellano que encarna la figura del Cid Campeador, empleando con gran habilidad los recursos propios de la estética modernista. Este es el poema.
Nuestro poema de cada día
1. La expresividad del hipérbaton gongorino. Los poemas de Luis de Góngora presentan un recurso propio de la poesía renacentista: la complicación de la frase con continuos hipérbatos, que tienen su más exacerbada manifestación en la Fábula de Polifemo y Galatea y, más todavía, en las largas estrofas de las Soledades. En estas composiciones, la intensificación del hipérbaton es tan exagerada que dificulta enormemente su comprensión, y no pueden entenderse sin un considerable esfuerzo; como el que llevó a cabo Dámaso Alonso para hacérnoslas inteligibles. Y de entre los distintos hipérbatos que el gran especialista gongorino señala [1], tiene un especial valor estilístico el llamado hipérbaton distensivo, que consiste en separar, distanciándol as, dos palabras que deberían ir seguidas, con objeto de alargar o aumentar la idea expresada; tal y como puede comprobarse en la siguiente estrofa -la sexta- de la Fábula de Polifemo y Galatea:
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