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La clave de la dimisión de Suárez fue una “encerrona” en Zarzuela

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h
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La clave de la dimisión de Suárez fue una “encerrona” en Zarzuela

En Enero de 1981 Adolfo Suárez estaba convencido, a pesar de las dificultades de su Gobierno, que sería reelegido presidente y que su proyecto político como primer presidente democrático tras la Transición estaría lejos de concluir.

Sin embargo en el Palacio de la Zarzuela se viviría un episodio protagonizado por militares que cambiaría el signo de las cosas y sería el detonante de la dimisión de Adolfo Suárez anunciada a través de un comunicado televisado el 29 de enero de aquel año.

El periodista Abel Hernández relata en su nuevo libro “Secretos de la Transición” (Ed. Plaza y Valdés) cómo un grupo de militares se presentaron en el Palacio de la Zarzuela y pidieron al entonces jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, la presencia del Rey y Suárez.

Los pormenores de lo que ocurrió en aquella tensa reunión que termina con un Suárez abatido y convencido de que lo mejor para España es su dimisión, están narrados en este libro por un testigo de todo lo sucedido en la esfera política de nuestro país durante los años a los que llamamos Transición.

La soledad en la que sitió Suárez los últimos meses de su Gobierno, el diálogo entre Tejero y Adolfo Suárez en una sala donde le tenían retenido, el dinero que su cuñado trataba de reunir desesperadamente para fletar un avión y sacar a la familia del presidente del España o su delicado estado de salud ya en 1980 son otros de los “Secretos de la Transición” relatados por Abel Hernández en este reciente volumen.

MÁS SECRETOS SILENCIADOS DE LA TRANSICIÓN

REFORMA POLÍTICA
El 18 de noviembre de 1976. Las cortes franquistas votan su propia disolución. La estrategia más curiosa, para que los votos en contra fueran los menos posibles, fue enviar a una veintena de diputados discrepantes al Caribe con todo pagado para que no estuvieran presentes en la votación.

LOS SIETE PONENTES DE LA CONSTITUCIÓN
En Secretos de la Transición se desmenuza el proceso de negociación que llevó a sentar a la mesa a los que finalmente redactaron la Constitución. Abel Hernández cuenta cómo el PSOE cede un asiento a CiU para evitar que el “viejo profesor” Tierno Galván se sentara a la mesa. Felipe González quería así que el socialismo sólo hablara a través de su partido.

El gran error fueron las ausencias. Cuando el PNV se ve desplazado, Arzalluz pronuncia la frase: “Nunca se arrepentirán suficientemente de que estemos allí”. Este hecho, asegura el autor, ha marcado la política española desde entonces.

Otro de los desvelos del libro es aquel ponente de la Carta Magna que pidió un millón de pesetas por participar en el proceso. Fue el único que lo pidió y se lo concedieron en dos pagos como si de un contratista se tratara: Uno ahora y otro a la entrega.

LOS GRANDES PACTOS SE ALCANZABAN LEJOS DEL CONGRESO
Incluso en la intimidad de un convento de monjas tomaron forma algunos de los pactos de Estado que más marcarían el futuro de la política española. Éste fue el caso de Felipe González que, aun estando en la oposición, se reunió con prebostes de la Iglesia para trazar un plan sobre Educación.

Muestra de que los acuerdos no se realizan en la cámara baja, era la apariencia de partidas de mus de las primeras sesiones plenarias en las nuevas cortes democráticas. Torcer la boca hacia derecha o izquierda era la forma con la que los negociadores anunciaban a sus compañeros hacia qué lado se había decantando el consenso.

LA TORTURA A CARRILLO
Santiago Carrillo decidió entrar en España camuflado bajo una peluca y sin embargo acabaron deteniéndole. El mando que lo custodiaba en las dependencias policiales no sabía muy bien qué hacer con él, dado el clima de aperturismo que avanzaba imparable, y lo recluyó en su despacho.

Allí se presentaron algunas unidades de las fuerzas de orden público que no estaban de acuerdo con su jefe. Bajaron a Carrillo al sótano, le desnudaron y le iban a aplicar el “correctivo” que ellos creían más oportuno. La llegada de los otros guardas lo impidió y a las pocas horas Carrillo fue puesto en libertad.

Como represalia, un grupo de radicales cometería los terribles asesinatos en el bufete de abogados de Atocha el 24 de enero de 1977. El comportamiento responsable de los militantes y simpatizantes comunistas durante los funerales y que no tomaran venganza por aquel hecho, animó decididamente a Suárez a legalizar al PC al poco tiempo.

Política

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