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“España es un país históricamente enfermo”, afirma Arturo Pérez-Reverte

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

Arturo Pérez-Reverte presenta su novela "El puente de los asesinos"

Por Javier Velasco Oliaga

“España es un país históricamente enfermo”, afirmó el escritor Arturo Pérez-Reverte en la presentación del último libro de la saga del capitán Alatriste, hasta el momento, titulado El puente de los asesinos, que tuvo lugar en un atestado teatro Español, donde muchísimos seguidores se quedaron a la puerta por haberse llenado el aforo. El libro ha sido publicado por la editorial Alfaguara.

"El puente de los asesinos", la séptima aventura de Alatriste

En España sólo hay un escritor que pueda llenar un teatro para presentar un libro y ese es Arturo Pérez-Reverte. Era una empresa arriesgada, pero fue llevada a buen término porque sus lectores se cuentan a millares. Además, el teatro escogido era un marco incomparable para lo que allí se iba a presentar. En el escenario donde tantos escritores clásicos españoles se han interpretado, no está de más que un soldado español del siglo XVII recale para conocimiento del pueblo.

La presentación comenzó con un duelo a espada, unos reconocidos especialistas cinematográficos protagonizaron una pequeña refriega pendenciera donde los metales restallaron haciendo sonar chispas y donde la emoción corrió por la platea ante un espectáculo que no esperaban. ¿El ganador? Ya sabemos quién fue. Pero ganador también fue el público asistente que vivió la emoción de un tiempo pasado de la mano de esos espadachines que tan bien se reflejan en los libros de Alatriste.

El actor Carmelo Gómez fue el encargado de leer un par de pasajes de la novela, que previamente había escogido entre varios textos sugeridos por el autor. Gómez escogió y lo hizo bien. Leyó como él sabe y puso al auditorio con la piel de gallina en uno de los pasajes más logrados del libro. Después apareció el autor y el periodista Jacinto Antón, que ocuparon el salón de una casa y allí fue donde mantuvieron una conversación que fue un repaso del libro, quizá demasiado extenso, ya que el joven periodista, en su afán, desveló algún pasaje que no debió descubrir.

Arturo Pérez-Reverte
se mostró como un consumado profesional de la literatura. Explicó el cómo y el por qué se escribe una obra. Y el dónde. Venecia, la nueva aventura de Alatriste sucede en Venecia, había que matar al Dux y allí estaba el capitán para hacerlo. La Venecia que ve Alatriste es una Venecia invernal, gris, oscura y brumosa. Una Venecia de canales fríos, helados, de iglesias solitarias, entra en la catedral de la ciudad y no se fija en las riquezas, en el colorido de la misma, ese mundo no es el suyo, el suyo es el campo de batalla, el suyo es el de la independencia de espíritu.

En El puente de los asesinos, Reverte ha dado especial protagonismo al malo de la serie, a Gualterio Malatesta, “quería hacer un malo con ángulos humanos”, señaló el autor, un malo con un pasado, con una infancia donde fue monaguillo, quería que tuviera un papel fundamental en el final de la novela. Para el escritor murciano es importante tener un enemigo en la vida, es vital, porque nos mantiene vivos. Como vivo mantiene Malatesta a Alatriste. Son los dos reversos de una misma moneda, la cara amable con sombras; la cara despreciable con luces.


Alatriste es un tipo de verdad, oscuro, turbio, pero humano, con aristas

Para Reverte su personaje central “es un tipo de verdad, un tipo oscuro, turbio, pero humano, con aristas”, explicó y continuó diciendo, “es un tipo que vive conmigo y que se morirá conmigo”. Son ya 15 años los que le viene acompañando y le ha servido para explicar una historia de España de la que parece que los españoles no estamos orgullosos. En que nos sentimos intimidados por las gestas que realizaron nuestros compatriotas, “eran españoles hambrientos que salieron fuera de su tierra a buscarse la vida, que cometieron grandes crímenes, pero también grandes heroísmos: siete tipos en México desafiando a todo un reino, ¿quién puede hacer eso?”

En sus artículos, en sus libros, se queja de ese desconocimiento que tenemos los españoles de nuestra historia, esa vergüenza de nuestro pasado, por eso él intenta explicar a través de sus novelas una realidad histórica que sirva al lector para interpretarla, para comprender todas las cosas y hechos que nos han traído a donde estamos ahora. Por eso dice: los del “país históricamente enfermo”, acomplejado por una historia que nos convirtió en el país más grande del mundo que nunca hubo. Y nuestro siglo XVII, nuestro siglo de oro, no tiene parangón en la historia, “teníamos oro, teníamos plata de América, teníamos posesiones allí, en Flandes, en Italia”, enumera.

Y pese a tanta gloria, explica, no dejaron casi nada a sus descendientes, lo dilapidaron, ni siquiera el barrio madrileño de los Austrias es de esa época, “es el XIX. Se quemó el Alcázar, el fuego destruyó nuestro patrimonio, sólo queda el museo del Prado, con sus grandes obras para ver la grandeza de lo que fuimos”, explica y se queja de los gobernantes, de la monarquía que tuvimos, “escogieron la iglesia de Trento, oscura, con afán de quemar al que disiente”. “Con la gente educada que somos, con la cultura que tenemos, bien gobernados, ¿de qué no hubiese sido capaz esa gente?, se pregunta.

Pero, ¿y el personaje? ¿Qué es de él? Alatriste ha ido envejeciendo con el autor, Alatriste es un cincuentón, que está de vuelta de todo, que ha vivido todo y no se ha enriquecido, es un duro sin emociones que ya no se puede enamorar, aunque en la novela hay pasajes de alcoba. Alatriste busca en la mujer una complicidad, una densidad e intensidad de alguien como él. Cincuentón, busca una mujer que le dé calor por un rato que aminore su soledad, porque a esa edad “las mujeres treintañeras no nos dicen nada”.

Alatriste ha vuelto, todavía le quedan, al menos, otro par de novelas que quiere escribir el autor. Y otras tres más de diversa temática. “A mi edad, sesenta años, ya no me quedan más de cinco o seis novelas por escribir que ya tengo pensadas”, concluye Reverte en esta conversación que ha traído desde el salón de su casa al escenario de un teatro. Escenario que pide aventuras, escenario que pide la vuelta de la épica de los grandes hechos históricos, escenario que pide la épica dentro del horror; justo lo que él nos ofrece en sus novelas.




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