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Pedro Santamaría
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Entrevista a Pedro Santamaría: “La Grecia clásica, y en particular el llamado Siglo de Pericles, constituye el Big Bang de la sociedad occidental”

Autor de "El ateniense"

miércoles 11 de septiembre de 2019, 23:00h
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Regresa, como todos los años, Pedro Santamaría con un nuevo libro de novela histórica. En esta ocasión ha querido dejar a un lado las historias protagonizadas por gentes de la península ibérica para trasladarse a lo más profundo de Grecia. El resultado es “El ateniense”, que tiene como protagonista al político y militar Alcibíades, aunque hay otros personajes igual de atractivos para el lector como Pericles o Sócrates, entre otros.

Pedro Santamaría con su hija en la Vía Galla Placida
Pedro Santamaría con su hija en la Vía Galla Placida

Pedro Santamaría vuelve a apostar por su editorial Pámies, que siempre le ha apoyado. Desde la costa mediterránea en la que vive este cántabro, alejado de nuestras fronteras, sigue escribiendo historias arrebatadoras que hacen las delicias de los lectores. En esta ocasión, ha querido dotar a su novela de una estructura originalísima y atractiva que le ha debido de suponer un esfuerzo extra, que ha merecido la pena. En la entrevista nos descubre algunos de los misterios de Atenas desde la perspectiva de la actualidad.

Otro año y otra novela. ¿Cómo puede mantener ese ritmo de obra por año?

Pues no sabría decirte. Yo creo que se debe a dos cosas principalmente, la primera es que son historias que siempre, de algún modo u otro, me han paseado por la mente. La segunda, puede que más importante aún que la primera, sea el apoyo constante de mi mujer y de mi editor.

En esta ocasión se ha ido hasta la Grecia del siglo V a.C. ¿Qué le atrae de esa época?

La Grecia clásica, y en particular el llamado Siglo de Pericles, constituye el Big Bang de la sociedad occidental. Los poemas de Homero, que parecen adquirir su forma final en este período, son el pilar sobre el que se edifica nuestra tradición literaria y son el nacimiento de la filosofía política (es en el primer canto de la Ilíada donde Aquiles le espeta a Agamenón que solo por ser rey no puede hacer lo que le venga en gana). En Grecia nace la filosofía, germen de la ciencia, que en un principio pretende explicar el porqué de las cosas sin recurrir a los dioses. Nace el teatro, no solo como forma de entretenimiento, sino de crítica social y ética. Nace la historia (investigación en griego), disciplina mediante la cual se pretende entender y preservar el pasado para beneficio de las generaciones futuras. Nace la democracia. La arquitectura y la escultura alcanzan cimas de perfección y belleza que no se repetirán hasta el renacimiento y que servirán de canon por los siglos de los siglos. Y en todos estos campos sobresalen personajes asombrosos como Sócrates y Platón, como Aristófanes y Esquilo, como Fidias y Calícrates, Heródoto, Tucídides, Pericles y, cómo no, Alcibíades.

¿Qué diferencia encuentra entre la democracia ateniense y la actual?

La democracia ateniense era una democracia radical, esto es, todo ciudadano tenía voz y voto en todas las cuestiones. Paradójicamente este sistema funcionaba relativamente bien cuando había un hombre fuerte y sensato capaz de manejar a las masas. No obstante, el sistema se volvía esquizofrénico y autodestructivo en caso contrario, como se demostró durante la Guerra del Peloponeso. Las democracias actuales son representativas. En teoría, hoy en día escogemos a uno de nuestros pares para que nos represente durante un período de n años.

En la actualidad, y gracias a los avances tecnológicos, no sería difícil implantar una democracia radical pero me temo que no sería un sistema del todo práctico. Hagamos una suposición sencilla: imaginemos que para reducir el déficit es necesario subir el IVA del 21% al 25%… ¿quién votaría a favor?

Como decía Sócrates: en democracia el pueblo prefiere escuchar al pastelero que al médico.

¿Hay demagogos en todas las épocas?

El demagogo es “el que guía al pueblo”, y su caldo de cultivo es la democracia. El demagogo tiene que embaucar al pueblo, decirle lo que quiere oír, apelar a sus filias y sus fobias, a su corazón y no a su cabeza. Enredarlo en falsos dilemas, buscar enemigos, crear un “nosotros” y un “ellos”, con palabras sencillas y argumentos fáciles. Encender a las masas. Y eso, más que en ningún sistema, es posible cuando es el pueblo (demos) el que ostenta el poder (kratos).

El protagonista de “El ateniense” es Alcibíades, el protegido de Pericles. ¿Cómo lo definiría?

Alcibíades es un personaje extremadamente camaleónico, es por ello que decidí utilizar una estructura un tanto diferente, esto es, que en cada capítulo se contara su historia desde el punto de vista de un personaje diferente.

Alcibíades era un hombre valiente, inteligente y astuto, un gran guerrero y un excelente general y bello como un dios, según decían. Pero también retorcido y licencioso, maquinador y traidor. Avaricioso… hay quien dice que era un psicópata. Hay varias fuentes que hablan de él, Tucídides, Plutarco y Nepote entre ellas, y también aparece en los diálogos de Platón, que le dedica un par de ellos de los que me hago eco en la novela.

Alcibíades es un personaje proteico y cambiante, difícil de definir, que puede seducir y causar rechazo al mismo tiempo. Me gusta describirle como una Atenas de carne y hueso, a la vez temida y deslumbrante, admirada y despreciada, culta, poderosa y cruel.

¿Qué es lo que más le ha atraído del protagonista?

Sus aristas. Los novelistas históricos tendemos a buscar protagonistas caristmáticos. En este caso, y aun sabiendo que corría un riesgo, quise hacer lo opuesto. Sé que a muchos lectores les costará empatizar con él, al fin y al cabo era lo que comúnmente se denomina en recio castellano como un cabronazo. Pero su historia merecía la pena ser contada.

Quizá haya una cosa más concreta: nunca admitía la derrota. Siempre tenía que ganar.

Amado por unos, odiado por otros, ¿en qué bando se situaría usted?

Mi abuela solía decir lo siguiente “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio”. Eso era Alcibíades. Atenas y los atenienses, y todo aquel que se cruzaba en su camino, no podía evitar caer bajo su embrujo. Estando lejos se le añoraba, estando cerca se le detestaba… no creo que, de haber vivido en la época, mis sentimientos hubieran sido diferentes a los de la mayoría.

¿Qué papel jugó el protagonista en ese periodo histórico?

Si hacemos caso a Tucídides, su papel fue clave. Abogó por la expedición a Sicilia que acabó siendo un desastre, según se cree, porque fue relevado del mando (esto merecería una profunda discusión histórica). Huyo a Esparta y, una vez allí, prácticamente elaboró el plan perfecto para acabar con Atenas. Más tarde, con Atenas al borde de la rendición, se vio obligado a refugiarse en Persia por “desavenencias” con los espartanos, y logró que otra vez cambiaran las tornas convenciendo a la gran potencia oriental de que debían dejar de apoyar a Esparta, que a Persia le salía más a cuenta dejar que las dos polis se debilitaran. Después, al percibir que los persas empezaban a verle con suspicacia, volvió a ponerse al servicio de Atenas y esta resurgió como el ave fénix llevando incluso a una serie de peticiones de paz por parte de Esparta.

En gran medida puede decirse que Alcibíades fue el culpable de la caída de Atenas y del llamado imperio ateniense. Bien es cierto que, de no haber sufrido la rémora que era la democracia, podríamos haber estado ante un auténtico Alejandro Magno. De hecho, en la antigüedad, ambas figuras se confundían.

“Alcibíades es tan hijo de la democracia como lo es de la Ilíada, tan político como guerrero”

¿Qué lo considera más: político o guerrero?

Alcibíades es tan hijo de la democracia como lo es de la Ilíada, tan político como guerrero. Él no hubiera concebido la diferencia.

Por la novela discurren muchos personajes históricos, ¿no podríamos entender a Alcibíades sin su preceptor Sócrates?

Efectivamente, no podríamos entenderle sin Sócrates, pero tampoco sin Pericles, sin Aristófanes y, en definitiva, sin lo que fue Atenas.

Y Pericles, ¿qué papel jugó en la vida del protagonista?

Aparentemente el de tutor desganado. Da la sensación de que Pericles no le prestó demasiada atención y eso también debió de influir en su carácter, como debió de influir la ausencia de una figura paterna mezclada con una gran fortuna, una desbordante belleza física y una prodigiosa inteligencia.

Hay una anécdota que cuenta Plutarco en la que a un Alcibíades de unos quince años se le niega audiencia con Pericles, su tutor legal. Se le dice que Pericles está ocupado, que está estudiando el mejor modo de rendir cuentas ante la asamblea, a lo que Alcibíades responde: “Quizá lo que debería estudiar es el modo de no tener que rendir cuentas ante la asamblea”.

En aquellos tiempos, Atenas era la cuna de la civilización y una gran potencia militar. ¿Si no hubiese habido la pugna entre Esparta y Atenas, estaríamos hoy ante un mundo diferente?

En historia se suele decir que nada es inevitable. A mí me parece que ciertas cosas lo son. Me temo que las dinámicas del poder en la Grecia del período hacían la guerra inevitable. En mi opinión Atenas y Esparta emprendieron rumbo de colisión a partir de la segunda Guerra Médica, al día siguiente de la batalla de Platea. Cuestión diferente sería qué habría pasado de ganar Atenas el conflicto, algo que bien podría haber sucedido. ¿Nos encontraríamos en un mundo diferente? La historia habría cambiado, qué duda cabe, pero me costaría precisar en qué sentido.

Mi Alcibíades tenía que ser tan poliédrico como fuera posible y así es como me decanté por esa estructura

La novela la ha dividido en 75 capítulos, cada uno de ellos trata sobre un personaje diferente. ¿Qué le inspiró hacer este tratamiento de la trama?

En un principio tuve intención de escribir algo parecido a un “Yo, Claudio” o un “Memorias de Adriano”. No obstante, utilizar la primera persona siempre desemboca en un texto apologético y quería evitar eso a toda costa dada la naturaleza del personaje. Mi Alcibíades tenía que ser tan poliédrico como fuera posible y así es como me decanté por esa estructura que, he de decir, me supuso no pocos quebraderos de cabeza.

¿Es difícil manejar a tantos personajes en una novela?

Sin duda. Para cada uno de ellos es necesario establecer un conflicto y una motivación, un escenario, un por qué y, por somero que sea, un pasado. Y todo ello impulsando la trama. No ha sido una labor sencilla.

¿Qué le ha resultado más difícil de manejar, los personajes históricos o los ficticios?

Cada uno tiene su “aquel”. Los personajes históricos suelen estar relativamente definidos, pero no siempre es fácil conferirles una personalidad que encaje con lo que se sabe de ellos. En cambio los personajes ficticios permiten un margen más amplio de maniobra. Luego hay personajes “históricos” de los que solo se sabe el nombre y poco más. Por ejemplo, sabemos que el pedagogo (el esclavo que acompañaba a los niños a sus clases) de Alcibíades era tracio, que era un anciano y que se llamaba Zópiro. Esas son las coordenadas. ¿Qué se sabe de los tracios? ¿Qué efecto pudo tener en un joven avispado e inquieto el hecho de tener un pedagogo de avanzada edad? Otro ejemplo; sabemos que Alcibíades tuvo un hijo llamado Alcibíades. Era común que los atenienses llamasen a su primer hijo por el nombre de su padre, en este caso Clinias, y al segundo por el suyo propio. ¿Quiere decir eso que Alcibíades tuvo un primer hijo que murió en la infancia? ¿O significa que era tan narcisista que decidió obviar la tradición, algo que, por otro lado, era muy dado a hacer?

Para terminar, en esta ocasión no hay personajes hispanos. ¿Va a seguir descubriéndonos hechos históricos protagonizados por habitantes de nuestra península?

Sí, por supuesto… en ello estamos.

¿Qué le hizo cambiar de registro?

Bueno, digamos que voy saltando de un lado a otro.

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Pedro Santamaría con su hija en la Feria del Libro de Madrid
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