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Manuel Rico
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Manuel Rico (Foto: cortesía del autor)

Entrevista a Manuel Rico: “Siempre he creído en la poesía como proteína de cuanto vivimos, de espacio en el que se depuran nuestros sueños y recuerdos”

Autor de “Cuaderno de historia”
lunes 12 de abril de 2021, 03:00h

Cuaderno de historia” es el décimo poemario del escritor madrileño Manuel Rico, un recorrido por su memoria, sus experiencias y su trayectoria literaria. En el mismo refleja tanto su gusto por la ciudad como por el campo. Rico sabe moverse en ambos escenarios de una manera desenvuelta y certera. La cotidianidad es una de las características de su obra que también se refleja en sus versos, tanto en el aspecto personal como profesional.

Cuaderno de historia
Cuaderno de historia

Manuel Rico se encuentra igual de cómodo cuando escribe poesía, novela o ensayo. Sus poemas sobre la memoria nos recuerdan a un pasado no demasiado lejano del que parece que nos quieren hacer desistir de él. En su poesía hay muchas espacios abiertos como el campo y otros mucho más recónditos que tienen que ver con los sentimientos. Se siente feliz tanto un uno como otro ambiente, tanto cuando está en soledad como en compañía. En su nuevo poemario ha añadido un poema fruto de su experiencia con la pandemia que nos tiene rodeados. En la entrevista, nos da algunas claves sobre cómo ha acometido su nuevo trabajo.

¿Cuántos son los poemarios que ha publicado con este “Cuaderno de historia”?

Cuaderno de historia es mi décimo poemario. Diez libros de poemas en cuarenta y un años, que son los que han transcurrido desde que publiqué el primero, allá por el remoto 1980, es una cosecha razonable.

Poesía, libros de viajes, ensayos y novelas. Ha escrito libros de todo tipo. ¿En qué género se encuentra más a gusto?

En la creación en general. El ensayo tiene algo de ciencia, de labor investigadora y suele convertirse en un “trabajo” más que en una creación. La poesía, la narrativa, el libro viajero tienen, en mi caso, un denominador común: la creación, la pasión por descubrir mundos, ya sea una geografía interior y esencial como ocurre con la poesía, ya sea la indagación en la memoria o en las contradicciones del presente mediante una historia en forma de novela, ya sea lo que voy descubriendo en un viaje por paisajes y pueblos desconocidos o visitados mucho tiempo antes y vividos a la luz de la memoria. En esos tres géneros encuentro poesía, la proteína que hace de ellos literatura.

¿Cómo surgió la idea de este Cuaderno de historia?

Nació con un poema en el que evocaba la calle de mi infancia. Lo escribí en 2009 sin saber que era el germen del libro. Quedó inacabado y su elaboración se prolongó durante muchos años. A su alrededor fueron naciendo poemas de la memoria, fragmentos e instantáneas de mi vida, preguntas, respuestas, fotografías, calles vividas y barrios desaparecidos…

¿Parte del mismo se originó en el reciente confinamiento de hace justo un año?

Cuando se desató la pandemia y vino el confinamiento el libro estaba en manos de Manuel Borrás, el editor de Pre-Textos. Desde el verano de 2019 estaba terminado, listo para su publicación en el otoño de 2020. En abril, en pleno confinamiento, escribí un poema largo sobre mi experiencia en la distopía en que la Covid nos había metido. Decidí añadirlo al libro. Es, como tú dices, la parte que surge en el tiempo de cuarentena.

El resto, la otra parte, ¿ya la tenía escrita?

Sí. Hay que tener en cuenta que el libro se había ido construyendo a lo largo de diez años. Fui llenando un cuaderno con apuntes, con poemas a medias que después, tras pasarlos al ordenador, completaba y corregía. Con esbozos y reflexiones. Un método que, para mí, no es ninguna novedad: de ese modo suelen cuajar mis poemarios.

¿Cuánto tiempo ha tardado en compilar el poemario?

El que media entre el 2009 del comienzo de “Calle Canal de Mozambique. 1963”, el poema matriz, y la finalización del que escribí bajo la sombra y las incertidumbres de la pandemia. Doce años.

¿Podríamos decir que es una recapitulación poética sobre su vida o ha cartografiado su trayectoria poética?

Es una mezcla de recapitulación, memoria, experiencia, cotidianidad y presente. Siempre he creído en la poesía como proteína de cuanto vivimos, de espacio en el que se depuran nuestros sueños, nuestros recuerdos, nuestros miedos y deseos. Y nuestra vida cotidiana. No creo sin embargo en la poesía que solo atiende a la experimentación con el lenguaje. Al lenguaje hay que acercarse para encontrar sus secretos. Los que producen nuevas emociones y los que lo enlazan con la vida.

En el poemario nos encontramos con algunos poemas muy familiares. ¿Qué importancia tiene para usted lo cotidiano de la vida?

En la medida en que hay en el libro mucho acarreo de memoria, personal y colectiva, es inevitable adentrarse en lo cotidiano. Desde dos perspectivas: la familiar, lo vivido con mis seres más próximos, desde el padre desaparecido hasta la relación amorosa o el nacimiento de mis nietos, hasta cierta cotidianidad de “barrio”: la vida diaria de una calle como cualquier otra en la periferia de Madrid, la biblioteca de mi barrio en que suelo escribir, el coro en que cantaba mi mujer… Hay toda una vida en esos entornos a la que la poesía acude pocas veces. La mía siempre ha tenido ahí un lugar en el que sumergirse.

El campo, la vida al aire libre o la intemperie aparecen en Cuaderno de historia. ¿Su vena ecologista se han plasmado en dichos poemas?

La naturaleza, mis vínculos emocionales con determinados paisajes del valle del Lozoya, mi defensa del equilibrio ecológico y de la sierra del Guadarrama impregnan mis poemas casi desde el origen. En Cuaderno de historia también ocurre.

"Mis poemas son, en su mayoría, urbanos, pero no puedo negar que el campo, la naturaleza"

También hace muchas referencias a un Madrid pasado y casi olvidado. ¿Qué significa la ciudad para usted? ¿Tiene olores característicos como el campo?

Si consideramos que buena parte de los poemas aluden a experiencias vividas en la infancia y en la adolescencia es inevitable que se cuele en ellos determinado Madrid. Un Madrid en blanco y negro, de barrios periféricos, con comercios ya desaparecidos como Simago, o Almacenes Arias, o Sederías Carretas, el Madrid de la juventud de nuestros padres. El olor a ceniza, a serrín mezclado con vino, con cerveza, del suelo de los bares, a freiduría, a sudor en los tranvías… Son olores de época que aparecen sutilmente en algunos poemas, olores que están en las antípodas de los que se perciben en el campo, en la naturaleza…

¿Campo o ciudad?

La ciudad de Cuaderno de historia es una ciudad limítrofe con el campo, con zonas en las que conviven casas bajas con los primeros apuntes del Madrid rural. Me gusta la ciudad, mis poemas son, en su mayoría, urbanos, pero no puedo negar que el campo, la naturaleza, el Madrid casi incógnito y despoblado de la sierra norte me fascinan.

Ha incluido un capítulo de poemas en prosa poética en el libro. ¿en qué se diferencian del resto de los poemas?

Sólo formalmente, no en el hilo conductor al que se someten, que no es otro que el del libro, el de la sustancia y la esencia de mi historia personal, en parte de mi generación. Que sean poemas en prosa no quiere decir que no haya tenido en cuenta la música, el ritmo de la frase, la búsqueda del adjetivo inesperado, el aliento verbal con voluntad reveladora… La poesía en definitiva.

En el libro hay muchas referencias literarias. ¿A quiénes cita y cuáles han sido sus referencias?

Hay referencias ambientales, de época y educación sentimental como Truffaut, Pasolini, por citar a los más emblemáticos. Y hay referencias literarias ineludibles como Szymborska, o Javier Egea, o un Antonio Machado que me parece vertebral en mi formación poética. Y algunos pequeños homenajes: a Marcos Ana, a Blas de Otero, al que evoco en el primer homenaje de García Lorca, en Granada en 1976… En uno de los poemas en prosa escribo sobre los autores que en distintos períodos de mi existencia me marcaron: Juan Benet, Flaubert, Juan Ramón, Carver…

También a artistas musicales a los que podríamos denominar cantantes protesta o cantautores. ¿Cuáles han sido sus ídolos?

Creo que de todos los que aparecen en el libro, especialmente en dos o tres poemas, me quedaría, por sus connotaciones sentimentales en relación con mi vida, con Edith Piaff, Joe Cocker, Bob Dylan o Jacques Brel…

¿La palabra y la música van unidas en sus creaciones?

Sin música en las palabras no hay poesía imaginable. Siempre, incluso en los poemas en prosa, busco un ritmo interior, que el verso suene “elegante”, sobrio pero eficaz estética y emocionalmente. Huyo del artificio y busco la capacidad reveladora de las palabras, el destello verbal. Para eso es fundamental la música, la cadencia, que el verso no se nos muestre roto, descompensado o abrupto al oído.

¿Y su próximo libro será de poesía o prosa?

Será prosa. Mejor dicho: un libro de prosas escritas entre 2007 y 2014. Con un título que habla de su sentido último, El raro vicio de escribir la vida. Eso: escribir la vida. Una suerte de narrativa de un tiempo decisivo que, si las cosas no se tuercen, irá en mayo a librerías.

Puedes comprar el libro en:

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Manuel Rico (Foto: cortesía del autor)
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