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Carlos Cano
Carlos Cano

MÁLAGA Y BUENOS AIRES

Por Andrés Montesanto
domingo 20 de junio de 2021, 19:07h

Carlos Cano cantaba con ese arte andaluz “La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz es La Habana con más salero”. Quizás le faltó tiempo para dedicar una letra a la similitud entre Buenos Aires y Málaga.

Lo que voy a escribir no es producto de un Alzheimer incipiente (que podría ser, porque no). Es la reproducción de una profunda charla que mantuve con una pareja porteña que acaba de instalarse en esta ciudad. Les quise mostrar el monumento a Los Migrantes, en el Muelle Uno, frente al cubo del Pompidou, y donde una irrespetuosa cafetería interrumpió el diálogo que entablaba todos los días,al caer el sol, con la torre de “La Manquita”. Se contarían cosas íntimas, supongo.

El Negro Favaloro (aclaro que Negro en un mote muy nuestro, muy cariñoso, sin connotación racista), melancólico, aprovechando que su esposa, la Flaca Maidana, se empeñaba en fotografiarnos desde distintos ángulos frente a esa obra cumbre del renacimiento (del renacimiento mío, a los 65 años), filosofó:

—Se cambiaron las hojas, Tano. Ahora somos nosotros los que llegamos con una valija. Y por más guasap, fasebúc o escrin que usemos, dejamos un cacho allá, como nuestros viejos lo dejaron aquí. Vamos a quedar como ellos, partidos en dos. Por una manga de resentidos sociales, acá y allá, antes y ahora, que arman guerras, dividen a la gente y provocan enfrentamientos entre vecinos o incluso entre hermanos. Esos cuatro mierdas que para superar sus complejos, porque son petisos, porque son hijos naturales, porque se creen superiores a los de al lado, porque nacieron pobres y envidian a los ricos, porque nacieron millonarios y son caprichosos, porque son unos fracasados o por una guita que no van a poder gastar nunca, tienen a los ciudadanos como pelotas de tenis. De acá pa´allá, de allá pa´cá. De un boleo nos mandan a estrellarnos contra una raqueta que intentará mandarnos de vuelta. Y en ese ping pong de la vida, siempre algunos se quedan en la red.

—Es capaz que tenes razón, Negro. Países ricos, gente trabajadora...

—Che, boludos, a ver si miran el pajarito y se dejan de hablar pavadas —la fotógrafa impaciente— esto es maravilloso Tano.¡Estuviste genial en recomendarnos esta ciudad! ¡Si me parece que estoy en Buenos Aires!

—Claro, y eso es Puerto Madero. ¡No me jodas!

—No Negro, la Malagueta.

—Tano, no le des bola. Está con la pálida. ¿Che, es cierto que hay una Bombonera ¡Me la tenés que mostrar!

—SI, claro. Está junto al Riachuelo, que digo, al Guadalmedina. Y el Málaga usa la camiseta de la selección argentina, ¡no te lo podés creer!

—¡Qué divertido!

—¿Y también tienen el Monumental?

—No, pero tenemos la Plaza de Toros. Es igual de redonda y está frente a Puerto Madero.

—No me digas que juega River.

—No. Largan un toro, y después de hacerlo correr un rato lo matan con una espada.

—¡Qué atrasados!.... Nosotros los cargamos en un camión, los matamos de hambre y de sed uno o dos días, y finalmente le damos un mazazo en la cabeza. Somos más eficientes. Y la carne queda más tierna.

—¿Ustedes saben que nuestro José de San Martín, de pibe, jugaba por estas calles? ¿Y otro personaje presente en nuestra historia desde hace ochenta años, Juan Domingo Perón, tenía una casa en Torremolinos? por aquellos años era un barrio malagueño. Y la cuñadísima de Menem también tenía negocios en la Costa del Sol. ¡Ah! Y Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón del mundo de automovilismo, ojo, con los coches de los años cincuenta, veraneaba todos los años en Nerja, muy cerca de aquí. Y los que no conozco... Hace unos años me presentaron a Yudica, aquel wing de Boca, ¿te acordás?.

—Decime Tano, ¿puede ser que haya escuchado en una calle del centro tarantelas? ¿Hay muchos calabreses o sicilianos?

—No corazón, lo que escuchaste son verdiales, una música típica muy parecida a la tarantelas de nuestros viejos.

—Y anoche vi por la tele un cómico que creo era de acá.¿Puede ser Chiquito?

—No era, es, y va a seguir siendo un personaje vivo de Málaga. Chiquito de la Calzada vivía cerca de mi casa y a veces me lo cruzaba en la calle. Muy buen tipo. Si en el cielo se junta con Olmedo y Porcel, vos no sabés el trío que armarían. Tendrían que actuar hasta en el infierno.

—Ayer estuve paseando con la Flaca por el paseo marítimo. Por momentos me parecía estar en la costanera. Los carritos están muy piolas.

—Se llaman chiringuitos.

—Yo cambiaría las espadas de sardinas por choripanes y tiras de asado.

—Claro, y quitarías toda la playa para que se parezca más, ¿no? ¡Sos renegado! Aceptá esta ciudad como es, acogedora y abierta. Y no olvidés nunca que nadie te llamó. Viniste porque quisiste, porque ya no podías vivir tranquilo allá. Y si un día te volvés, acá nadie te va a extrañar. Ubicate, Negro. No te invitaron, te colaste.

—Tenés razón Tano. Tengo que quitarme las pelusas de la nostalgia. Fueron muchos años, muchos esfuerzos. ¿Te acordás que cuando te viniste, en el 89, yo te dije que eras un cobarde por huir, que había que pelearla, que teníamos que defender el sueño de nuestros viejos? ¡Qué boludo que fui! El año pasado, cuando te vinimos a visitar me di cuenta. Tenías razón. Hay países que se van pa´arriba, o otros van cuesta abajo.

—(Cantando) Ahora, cuesta abajo en mi rodada/ las ilusiones pasadas/ ya no las puedo arrancar/ Sueño con el pasado que añoro,/ el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá.

—¡Bien, Flaca! Largalo a este gil y piantate con uno que toque el fueye. ¡No podés privar al mundo de tu voz! Tu futuro está en las tablas.

—En las tablas de la carpintería del viejo. ¡Tomátelas!

—¡Qué buena idea me diste Tano! ¿Cómo me podría llamar?

—La Papusa de Huelin. Suena lindo ¿no?

—Che, fuera de joda, ¿y si me lo chamuyo a Antonio Banderas y montamos un espectáculo en su teatro? ¿No me harías el decorado?

—Por vos, laburo de acomodador si es necesario. La calle Córdoba es un poco más corta que la avenida Corrientes, pero se parece.

—A mí la que me encanta es la Plaza de Mayo, la de acá, bueno no se como se llama.

—¿Cuál?

—La que tiene la Pirámide de Mayo en el centro.

—Ah, el monumento a Torrijos, esa es la Plaza de la Merced.

—Pero es igual. Y hasta tiene unos balcones para dar discursos a los descamisados como... ¿vos te acordás, no?

—Está prohibido andar en cuero en el centro.Los descamisados se tendrán que poner un polo.

—¿Acá juegan al polo en las calles? —se despertó el Negro.

—No, boludo. Un polo es una chomba, una remera.

—Lo que me parece que le falta a esta ciudad es un lugar como el café Tortoni. No me digas que hay algo parecido.

—Bueno... el Pimpi es, como diría Carlos Cano, un Tortoni con más jamón y menos estilo. Pero más divertido. Es que los malagueños son así. Se toman la vida como viene, sin vueltas. Son del “chupa y tira”, sin tantos platitos, ni cubiertos ni milongas.

—¡Estamos encantados con Málaga! ¿No es cierto papi? Y¿cómo le cantaría Carlos Gardel, perdón, digo...el otro Carlos.

—¿Carlos Cano? Málaga es Buenos Aires con pescaíto, y Buenos Aires es Málaga con más teatros.

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