Una característica muy marcada de las producciones poéticas argentinas emergentes a partir de 2000 es la diversidad estilística y temática; es posible señalar sobre la base de una notoria realidad, fácilmente comprobable a través de la lectura de esas obras, que prácticamente cada autora y cada autor de las últimas generaciones del género apelan a muy diferentes recursos y aspiran a dar cuenta de diversos núcleos de sentido en sus búsquedas estéticas particulares.
Si bien el tiempo es siempre el mejor antólogo, también lo generado hasta la fecha por dichos poetas posibilita ya avizorar, con posibilidades de acierto, quiénes y de qué modo van erigiendo una voz personal, decantada de influencias dispares y cuáles de ellos dominan mejor el difícil instrumento de la palabra en el camino arduo del decir poético más logrado. Ello, aunque es cosa imposible en la posmodernidad establecer un canon, dada la abolición del anterior paradigma, jerárquico y verticalista, con dominante presencia de poemas-faro y nombres de larga descendencia, así como coincidencia crítica y de los lectores en cuanto a qué definía la preeminencia de tales y cuáles, dado que el saber posmoderno varió el eje conceptual hacia un modelo transversal y múltiple, no jerárquico y sí pluridimensional, donde ya no rigen las elecciones preferenciales por tal o cual vanguardia en detrimento de las otras, por la sencilla razón de que las antiguas vanguardias de la modernidad han dejado de existir.
Entre esos opus que ya podemos señalar como en raudo progreso y prometedores de nuevos y remarcables logros, en el segmento reciente de la poesía argentina ocupa con toda razón una mención bien de listar el trabajo realizado hasta el presente por este poeta de la Córdoba americana, en plena actividad creativa y que denota en sus versos -ya presentes en cuatro títulos a partir de su inicial Frontera, de 2016- un extremadamente seguro manejo del idioma, la precisión connotativa que cabe esperar de un poeta cabal y la capacidad demostrada de saber cómo aludir a esos territorios que, paradojalmente inabordables de modo directo para el insuficiente arsenal de la palabra, único instrumento del poeta, este sí conoce cómo atrapar, siquiera parcialmente, en los entresijos del discurso.
Diego Brando, el autor de Un cuadro que no se comprende (1), ya desde el título atiende a esta imposibilidad del utensilio escritural, señalando de entrada cuál es el derrotero al que aspira y al que generalmente llega, para mayor felicidad de quien lee.
Familiarizado con lo inefable, que de ello se trata el blanco del poema, el cordobés comprendió cómo acecharlo desde la página, cuándo descargar su ataque verbal, en qué climas bien logrados lanzarle sus redes y retener en sus mallas hechas de sintaxis depurada y ya alto oficio, al menos los vestigios de ese paso sutil, algunas señales de que existe eso que bien podemos definir como lo Real inalcanzable para nuestros sentidos habituales.
La conciencia de nuestra fragilidad perceptiva y existencial, que contrabalancea Brando merced a una introspección que le permite acceder, en las instancias más afortunadas de su labor poética, a la visión y el escudriñamiento de los delicados vasos comunicantes que trasportan el flujo constante entre lo individual y lo general, así como el perfeccionamiento del proceso de intelección concreta de las interacciones entre la naturaleza y el cosmos de lo colectivamente humano, conjugados con un diestro manejo de la imagen y la metáfora, nunca accesorias, siempre referenciales y auxiliadoras en la delicada operación que se propone el autor, realizan el milagro impreso que contiene en sus páginas Un cuadro que no se comprende.
Uno que, gracias a la creatividad y la pericia alcanzada por este joven pero muy prometedor poeta argentino, sí se entiende, sí se vuelve accesible, sí avanza con toda su potencia sobre nuestros ojos.
Indudablemente, Un cuadro que no se comprende es uno de los poemarios a destacar de entre las propuestas más recientes del género en la Argentina.
El autor
Diego Brando nació en Leones, provincia de Córdoba, Argentina, en 1987. Con anterioridad al volumen que nos ocupa, ha publicado los siguientes poemarios: Frontera (2016), Todo lo que se hunde (2018) y El reino de los peces (2021). Es profesor de Lengua y Literatura por el ISFD Mariano Moreno, de Belville (2014), Córdoba y participó como poeta invitado en varios encuentros del género organizados en su país. Piezas de su autoría han sido incluidas en diversas antologías poéticas.
NOTAS
(1) Editorial Vilnius, ISBN 978-987-47913-5-1, 64 pp., Córdoba, Argentina, 2025. https://editorialvilnius.wordpress.com/