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José Gil Romero y Goretti Irisarri
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José Gil Romero y Goretti Irisarri (Foto: Noelia Berlanga)

Entrevista a Jose Gil Romero y Goretti Irisarri: "En estos tiempos de turismo masivo casi depredador, reivindicamos hacer turismo en tu propia ciudad"

Autores de "La voz del viento"
domingo 07 de junio de 2026, 18:17h

Desde hace más de tres décadas, Jose Gil Romero (nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1971) y Goretti Irisarri (originaria de Vigo, 1974), forman un tándem creativo. Su colaboración comenzó en el ámbito del guion y la dirección de cortometrajes, una labor que les ha valido numerosos premios en diferentes festivales. Posteriormente, hicieron la transición hacia la literatura, publicando novelas exitosas como Caen estrellas fugaces (Suma, 2017) y La traductora (HarperCollins, 2022). Con "La voz del viento", debutan en el catálogo de Grijalbo.

La voz del viento
La voz del viento

La novela comienza en 1886, cuando el sueño de la protagonista Lucrecia está a punto de hacerse realidad: dejar atrás su pequeña aldea en Galicia, donde la ven como una solterona sin futuro. A pesar de conocer poco a su primo, con quien se ha casado por poderes, se embarca en esta nueva aventura. Enrique, el capataz de su esposo, la espera en la estación de Madrid para llevarla a su nuevo hogar. Sin embargo, durante el viaje, un devastador tornado irrumpe en la ciudad y arrasa todo lo que encuentra a su paso.

Una odisea les espera a Enrique y Lucrecia, quienes deben luchar por sobrevivir a la catástrofe. A medida que atraviesan Madrid de sur a norte, compartirán secretos de un pasado que los oprime, y en ese proceso, un amor tan intenso como el tornado que los acecha, comenzará a florecer. Con la habilidad de los grandes narradores, Jose Gil Romero y Goretti Irisarri nos guían en un viaje inolvidable por las devastadas calles de Madrid.

No es frecuente que un tornado asole Madrid y produzca alrededor de 50 muertos, y menos que sea punto de partida de una novela, puesto que tan solo Galdós se hace eco de este hecho en “Misericordia”. ¿Algo tan inusual merecía una buena historia?

JGR: ¡Lo raro es que siendo tan inusual no haya sido el evento protagonista de tantas historias! Lo merecía, claro que sí. De todos modos, el tornado en esta novela es solo el telón de fondo, la excusa que nos permitía contar la historia de Lucrecia. Una buena excusa, eso sí, potentísima.

¿Es posible que muchos escritores desaprovechen sucesos que tienen cerca creyendo que las buenas tramas se encuentran siempre en lugares lejanos?

GI: En la novela, la protagonista llega a Madrid desde una lejana isla gallega, se ha casado por poderes con un hombre que no conoce y viene a reunirse con él. José es canario y yo gallega, pero ambos nos vinimos a vivir a Madrid hace ya décadas. Fue tan impactante aquella primera llegada a Madrid que se nos quedó en los ojos para siempre. Todavía hoy descubrimos Madrid con esa mirada del foráneo. En estos tiempos de turismo masivo casi depredador, reivindicamos hacer turismo en tu propia ciudad.

¿Cuál fue el detonante que hizo que se fijaran y sacaran a la luz este hecho trágico que muchos madrileños desconocen?

JGR: Descubrimos el hecho hace diez años, mientras nos documentábamos para nuestra primera novela, Caen estrellas fugaces. Lo más sorprendente era que la gente hubiera olvidado este tornado que arrasó medio Madrid. La cosa quedó ahí, guardada en algún sitio de nuestra cabeza hasta que bastantes años después, y durante un paseo ante el jardín botánico, recordamos el tornado que lo había arrasado y nos pareció un entorno estupendo para una novela.

Una novela como "La voz del viento", lleva detrás una profunda labor de investigación. ¿Cuáles han sido las fuentes? ¿Dónde han encontrado las mayores dificultades?

GI: Todo lo que hemos reflejado en la novela en cuanto a detalles del destrozo, incluidos muertos y heridos, quedó fielmente documentado por los periódicos de la época. Lo que no hubo fue fotografías, la prensa no las usaba todavía, pero sí un montón de ilustraciones magníficas realizadas por dibujantes de la época. En nuestra web, Lavozdelviento.com, se pueden ver tanto periódicos como ilustraciones. También la AEMET tiene el tornado muy documentado, ya que justo al año siguiente, en 1887, e impulsado por este desastre, se fundó el Instituto Central Meteorológico, antecedente de la AEMET.

Con la documentación, la dificultad es más bien saber meter tijera: echar hacia atrás el fondo histórico para que no se coma la trama que queremos contar.

"Con los años hemos intentado esforzarnos por acudir más a lo literario: una novela no es una peli y muchas de las cosas que funcionan allí no sirven aquí"

La novela es muy visual y está muy cuidada la ambientación. ¿Se nutren los escritores de su experiencia con guionistas y directores de cortometrajes o prima la curiosidad y el investigador que llevan dentro?

JGR: Es cierto que la influencia cinematográfica es innegable, sobre todo en la construcción de las narrativas. Con los años hemos intentado esforzarnos por acudir más a lo literario: una novela no es una peli y muchas de las cosas que funcionan allí no sirven aquí. Nos gusta pensar que hemos desarrollado un estilo propio que se vale de algunos recursos cinematográficos (como nuestros montajes paralelos, por ejemplo, que siempre los usamos).

Giros inesperados, saltos temporales, lucha por la supervivencia, encuentros inesperados… ¿se atreverían con el guion de la película?

JGR: ¡Yo no! Goretti sí.

GI: ¡Ya lo obligaré! Si estuviéramos en USA ya habrían hecho no una, sino varias películas sobre este tornado del siglo XIX. Lo cierto es que aquí la peli se construye casi sola. El tornado exterior acompaña al tornado interior, el gran conflicto moral que vive la protagonista: ella se está enamorando del mejor amigo de su marido y ambos se enfrentan a ese tornado en que todos hemos estado alguna vez, elegir entre el deber y la pasión.

¿Qué ha sido lo que más les ha sorprendido de todo lo que han encontrado?

GI: Yo creo que lo bien documentado que quedó el fenómeno. Hubo muchas noticias que abundaron en él y muchos estudios que analizaron el tornado, pero sobre todo se recogieron sus consecuencias al detalle. Llama la atención lo que sufrieron los árboles, en el caso del jardín botánico se llevó 643 árboles por delante, nada menos, y 557 en el Retiro. Y nos conmovían anécdotas de corte humano, como aquella terrible en la plaza de Antón Martín, de una madre a la que el viento le arrebató a su niñita y se la llevó volando.

Los novelistas vivimos más del detalle que de los grandes rasgos

Madrid se convierte en un personaje más de la novela… Madrid esconde muchas historias… ¿Está poco aprovechada la capital de España por los escritores actuales?

GI: Madrid tiene una ventaja y es que su historia está muy bien documentada. Como gallega me di cuenta de la diferencia cuando buscamos documentación de la Galicia nazi para nuestra novela El enjambre. Resulta mucho más difícil encontrar detalles históricos en otras ciudades de España. Y los novelistas vivimos más del detalle que de los grandes rasgos. En Madrid, de hecho, llevan muchos años celebrándose las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica, presididas por Carolina Molina, que son una maravilla. Ahí saltas desde la Inclusa del siglo XIX a la época de El Caso.

Los autores comenzaron a trabajar juntos hace ya años. ¿Qué dificultades tiene la escritura a cuatro manos? ¿Cómo se reparten el trabajo?

JGR: Creo que el primer corto lo hicimos juntos hace treinta y cuatro años, nada menos. Lo que hacemos es quedar para idear y repartirnos el trabajo: tú esta escena y yo esta. Cada uno realiza esa escena en soledad, como lo hacen todos los escritores, con lo bueno y lo malo que tiene eso. Ahí empieza el proceso demencial, porque el lector encuentra un solo estilo y una sola voz, un solo autor. Para conseguirlo nos valemos de miles de correcciones que nos hacemos el uno al otro durante año y medio. En ese proceso es donde surge un tercer escritor, que no es ni Gore ni soy yo, sino la suma de los dos. El desarrollo de la novela es fastidioso y muy cansado, pero a cambio disfrutamos de una cosa preciosa que casi nunca ocurre en la literatura: nunca nos enfrentamos a solas con la página blanco.

La historia transcurre en unas horas, pero pasan tantas cosas que parece que el tiempo se alarga. ¿Es el ritmo uno de los ingredientes más importantes de la novela?

GI: Sí, este reto nos encantaba, porque la acción principal de la novela transcurre en una tarde y una noche. Nos parecía imposible conseguir desarrollar la historia de Lucrecia y Enrique en tan poco tiempo, esto nos espoleaba. Porque, además, les ocurren muchas, muchas aventuras. Cuando los primeros lectores nos confirmaron que lo habíamos conseguido, supuso para nosotros un alivio. Y un orgullo.

En una catástrofe, es cuando seguramente se pone de manifiesto y aflora lo mejor y lo peor del alma humana y personas que parecen frágiles demuestran ser todo lo contrario. ¿Qué diferencias sustanciales han encontrado entre lo que ocurrió entonces y, por ejemplo, la trágica DANA de Valencia?

JGR: Es un tema en el que pensamos mucho a posteriori, porque cuando ocurrió la DANA nosotros ya estábamos terminando la novela. El lector no necesitará escarbar mucho para encontrar similitudes en lo político, en lo social y en lo personal. Los parecidos saltan solos a la vista. Pero es verdad que el aspecto político nos daba mucha pereza, era algo que no nos interesaba contar, por evidente. El sabor rico del guiso estaba en la historia que surge precisamente tras el paso del tornado.

Dolor, culpa, soledad, el pasado que siempre vuelve… ¿novela histórica-romántica? ¿Cómo la definirían?

GI: Es verdad que en esta y en todas nuestras novelas está eso que mencionas. Con todo, resultan bastante inclasificables, para dolor de nuestros editores y libreros, que a veces no saben dónde colocarnos. Siempre tienen un trasfondo histórico; y muchas veces están basadas en un hecho real que resulta inverosímil. Siempre hay romance, también, y algo de humor y mucha aventura; siempre hay misterio, una intriga que trabajamos mucho para que los lectores permanezcan pegados a las páginas.

JGR: En general, lo que buscamos no es una etiqueta, sino un viaje inmersivo: queremos que el lector se zambulla en la novela y se encuentre nadando con los protagonistas, que atraviese con ellos el Madrid devastado por el tornado, que bese a Enrique en los labios o que sienta de su mano la mano de Lucrecia.

GI: Y por otra parte, oye, nos encanta desconcertar a lectores, editores y libreros y que no sepan bien en qué estantería colocar nuestras novelas. A veces están en Histórica, otras en Intriga, en Aventuras… En el fondo da igual donde la pongan, siempre van a acertar.

Y personajes bien definidos y fuertes, como Lucrecia, una persona con discapacidad física. ¿Es una manera de reivindicar y poner de manifiesto que las diferencias se encuentran, casi siempre, en el que mira?

GI: Lucrecia tiene una cojera, anda con hierros en una pierna, y es considerada por todos en su isla como una mujer rara, destinada a ser lo que en la época se denomina «una solterona». Pero esto, como veremos, no la limita para ser una heroína. Va a convertirse en la protagonista de una novela de aventuras y le tocará cruzar un Madrid devastado, lleno de peligros. Y además vivirá un gran romance y tendrá que elegir entre el amor de dos hombres. Parte del arco de La voz del viento es que ella consiga superar esta mirada de los otros y descubrir quién es. Ese es el verdadero tornado que habrá de superar.

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Jose Gil Romero y Goretti Irisarri (Foto: Noelia Berlanga)
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