Quizá en eso consiste la Poesía
Unas pocas palabras que puedan más que el tiempo.
Quizá en eso consiste la Poesía.
Unas pocas palabras que saquen de la muerte,
como Jesús a Lázaro, las horas ya vividas.zs
Que traiga, por ejemplo, a este ahora a los abuelos
con el “León” y las vacas -“Roxa”, “Morena” y “Linda-;
que yo vuelva a subir, con la escopeta al hombro.
Monte da Arcela arriba
y que aquellos veranos que duraban dos meses
duren toda una vida.
Miguel d’Ors: Viaje de invierno. Sevilla, Editorial
Renacimiento, 2021. Colección Calle del aire, 209.
https://www.editorialrenacimiento.com/calle-del-aire/2575-viaje-de-invierno.html
No cabe duda de que el título del libro de d’Ors es puramente metafórico: el poeta, en plena madurez existencial, ha recorrido casi 50 años de trayectoria poética (su primer libro Del amor, del olvido, se publica en 1972) y tiene conciencia de que ya ha entrado en el “invierno de la vida”; pero también -y esta es la clave del poema que nos ocupa- de que la palabra poética es capaz de trascender, merced a su capacidad de reminiscencia -convirtiendo el pasado en presente y proyectando este hacia el futuro-, la obsolescencia temporal y de sobreponerse a la muerte.
Recordemos que el poeta latino Quinto Horacio Flaco, en el tercer libro de sus Odas, alardeaba de que su obra poética era “más duradera que el bronce”: Exegi monumentum aere perennius (“He levantado un monumento más perenne que el bronce”), por lo que le garantizará la inmortalidad, al permitirle sobrevivir a la muerte física: Non omnis moriar (“No moriré del todo”). Y no andaba desencaminado Horacio, pues su obra sigue siendo hoy muy valorada y leída. Pero mucho que ver tiene en este “proceso de inmortalidad” la inalterabilidad de la formalización lingüística de los contenidos -que en el caso de Horario permanecen intactos-, destinados a perdurar en el tiempo tal cual el autor los ha concebido.
Y de las muchas definiciones que se han dado de “poesía”, parece que d’Ors asume la propuesta por Antonio Machado cuando explica su poética (en De mi cartera, al final de Nuevas canciones: “Ni mármol duro y eterno, / ni música ni pintura, / sino palabra en el tiempo”. Más aún, en el poema VII concluye: “La rima verbal y pobre, / y temporal, es la rica. / El adjetivo y el nombre, / remansos del agua limpia, / son accidentes del verbo / en la gramática lírica, / del Hoy que será Mañana, / del Ayer que es Todavía”.
Creemos que en este poema d’Ors corrobora que ha seguido la senda trazada por el poeta sevillano, ajeno a la retórica ampulosa y decorativa, y que plasma el tiempo mediante la palabra poética.
El poema de d’Ors se caracteriza por su sencillez en todos los planos lingüísticos, algo que siempre ha sido una constante de su poesía. Lo componen diez versos que originan un ritmo heptasilábico, pues a excepción del verso 2 (un endecasílabo con una marcada antirritmia en las sílabas 2.ª y 3.ª: “Quizá en eso consista la Poesía”), son heptasílabos los versos 8 y 10, y alejandrinos los siete restantes (versos 1, 3, 4, 5, 6 7 y 9, con una cesura central que los divide en dos hemistiquios heptasilábicos; el primer hemistiquio del verso 4 termina en palabra esdrújula -“Lazaro”- y el del verso 7 en palabra aguda -“subir”-, lo que implica restar y añadir una sílaba métrica, respectivamente). Y en cuanto a la rima, presentan asonancia /í-a/ los versos pares (“Poesía/vividas/Linda/arriba/vida”); asonancia /é-o/ los versos 1 y 5 (“tiempo/abuelos”); y asonancia /é-e/ los versos 3 y 9 (“muerte/meses”). El verso 7 es un alejandrino blanco (sin rima). El poema tiene una grata musicalidad, sin estridencias, muy necesaria para contribuir al clima de “coloquial confidencia” que se desprende de su contenido.
Por otra parte, se ha prescindido de los adjetivos (a excepción de “vividas”, en el verso 4: “horas vividas”), y su poder dilatorio queda reemplazado por un fuerte dinamismo verbal en el que la construcción “que+presente de subjuntivo” adquiere un claro valor de optación (para deseos realizables): “que saquen” (verso 3), “que traigan” (verso 5), “que vuelva a subir” (verso 7: perífrasis verbal “volver a+infinitivo”, con idea de reiteración), “que… duren” (versos 9-10). Adviértase el cambio de sujetos: en los versos 3 y 5, “Unas pocas palabras” es el sujeto (elíptico en el segundo caso); sin embargo, en el verso 7 irrumpe la primera persona para rememorar tiempos pasados (“que yo vuelva a subir”); y, de nuevo se produce el cambio a tercera persona en el los versos 9-10: “que aquellos veranos … duren”. Por su parte, el imperfecto de indicativo “duraban” (del verso 9, verbo de la oración de relativo: “aquellos veranos que duraban...” sirve para prolongar en el pasado el transcurrir de la acción objeto de añoranza: “que duren toda una vida [aquellos veranos]”. Se pone de manifiesto, así, el perfecto dominio que de la estilística verbal tiene d’Ors.
El poema permite una división en dos partes: el valor vivificador de la palabra poética, y de ahí la alusión bíblica a la resurrección de Lázaro (versos 1-4); y la inmortalización de entrañables momentos familiares que la evocación poética recupera del ayer para traerlos “a este ahora” presente en el poeta (versos 5-10). La poesía “devuelve a la vida”, pues, un tiempo pasado (verso 3: “las horas ya vividas”), trastocando lo fugaz para darle un aire de permanencia.
Y necesariamente nos viene a la menta la célebre Rima VII de Bécquer, en la que se utiliza la figura de Lázaro resucitado por Jesucristo. En d’Ors, la poesía puede consistir en “unas pocas palabras que saquen de la muerte, / como Jesús a Lázaro, las horas vividas”; y en Bécquer. es el talento el que se halla oculto en el fondo de algunas almas, esperando para despertarse un estímulo semejante al de la voz que le dijo a Lázaro: “Levántate y anda”. (Estos son los versos de la tercera estrofa de la citada Rima: ¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio / así duerme en el fondo del alma, / y una voz como Lázaro espera / le diga “Levántate y anda”). Y ya sea la poesía -d’Ors-, ya sea la genialidad -Bécquer- lo cierto es que ambos textos hablan de una especie de “recuperación/revitalización existencial”. Nada de particular tiene, pues, que los renacentistas consideraran a los poetas “divinos” (“gloria del apolíneo sacro coro” los llama fray Luis de León, en una de sus Odas dedicadas a Francisco Salinas), precisamente por su capacidad creativa; y, en este sentido, el poema de d’Ors implícitamente le da a la poesía (no es casual que escriba esta palabra con letra inicial mayúscula) un sentido trascendente.
Y vayamos ahora con la evocación de “aquellos veranos que duraban dos meses” y que se querría convertir en eternos (y que, de hecho, se convierten, gracias a la palabra poética. Son algunos veranos ocasionalmente enmarcados en un ámbito gallego (y de ahí la referencia al Monte da Arcela -en la provincia de Pontevedra-), y familiar (los abuelos, es decir Eugenio d’Ors y María Pérez-Peix); y no pueden faltar el perro -“León”- y esas vacas que forman parte del paisaje rural, y que tienen nombres que le vienen a la memoria -“Roxa”, “Morena” y Linda”-, y que en Galicia tienen su razón de ser, porque las identifican por sus características físicas: “Roxa” (pelaje castaño, rojizo o colorado), “Morena” (pelaje negro o castaño oscuro) y “Linda” (de aspecto muy hermoso). Reparar en estos nimios detalles es algo consustancial a d’Ors.
Y ya que d`Ors menciona a los abuelos, reproducimos el poema así titulado, extraído del libro Del amor, del olvido, y escrito el 5 de septiembre de 1969, por lo que el poeta -que había nacido el 25 de diciembre de 1946- contaba con algo menos de 23 años, por lo que todavía la nostalgia no hace mella en su poesía. En cualquier caso, el libro -su primer libro- no se publica hasta 1972.
Los abuelos
El abuelo era blanco; conocía
dos cuevas y sabía seguir huellas de lobo.
La abuela era menuda y tibia como un nido:
jugábamos a pájaros con ella.
... Y, alrededor, los dos llevaban como
un contorno de campos y palomas:
cruzaban el umbral y parecía
que con ellos entraba el verano en la casa;
al contarnos los cuentos, en sus voces
oíamos molinos y cuervos alejándose
y hasta en las mismas ropas nos traían
un recuerdo fragante, un recuerdo lluvioso
del heno y la retama...
... Y el abuelo, qué manos de valiente,
qué venas, retorcidas como parras;
las ganas que me daban
de cumplir en un día sesenta y cuatro años
para tener dos manos como aquéllas...
Luego, la abuela, aquellas zapatillas
de nube que llevaba,
aquel ir y venir, como volando,
de la escoba al misal, de sus gallinas
a las sábanas frescas,
de la labor de lana a los geranios,
del pan a las mejillas de sus nietos...
que entonces, suavemente, quedábamos dormidos
creyendo que la abuela no se acostaba nunca.
Entrevista de Julio Llorente a Miguel d’Ors en vozpopuli.
https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/dors-poeta-contemporaneo.html
“Miguel d’Ors a pesar de todo”.
2 de julio de 2019. (A propósito de la edición de sus Poesías completas por la editorial sevillana Renacimiento (2019). Lecturas de José Luis García Martín.
https://crisisdepapel.blogspot.com/2019/07/miguel-dors-pesar-de-todo.html
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