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La extrañeza de ser poeta: Reflexiones de Miguel dOrs

El poema "Es una cosa extraña..." de Miguel d'Ors explora la singularidad de ser poeta, destacando la conexión con la vida, la naturaleza y la empatía hacia los demás. A través de imágenes cotidianas, el autor refleja cómo la poesía transforma lo insignificante en sublime, revelando su esencia profunda y filosófica.
Miguel d’Ors: Poesías completas. Sevilla, Editorial Renacimiento, 2019. https://www.editorialrenacimiento.com/calle-del-aire/2176-poesias-completas-2019.html
Miguel d’Ors: Poesías completas. Sevilla, Editorial Renacimiento, 2019. https://www.editorialrenacimiento.com/calle-del-aire/2176-poesias-completas-2019.html

Es una cosa extraña...

Es una cosa extraña ser poeta,

es una cosa extraña sentir la propia vida

llena de muchedumbres,

escuchar en el propio canto todos los cantos

y cotidianamente 5

morir un poco en todo lo que muere.

Es una cosa extraña ser poeta;

es sorprender al niño en los ojos del viejo,

es oír los clamores del bosque en la semilla,

adivinar que hay una primavera dormida 10

bajo cada nevada,

partir el pan y ver los segadores.

Es una cosa extraña: ser poeta

es convertirse en tierra para entender la lluvia,

es convertirse en hoja para saber de otoños, 15

es convertirse en muerto para aprender la ausencia.

Miguel d’Ors: Ciego en Granada. Pamplona,
Editorial Gómez, 1975.

Recitado del poema por el propio poeta:

https://www.youtube.com/watch?v=OPy32imR2_0

Ciego en Granada es el segundo libro del poeta compostelano Miguel d’Ors, tras Del amor, del olvido" (Madrid, Rialp, 1972. Colección Adonáis); obras que han sido suficientes para encasillar al poeta dentro de lo que la crítica ha llamado la “estética de la pequeñez inmensa” -expresión que, “muy de pasada”, emplea el escritor mexicano Octavio Paz en su libro Los hijos del limo-, en referencia a un peculiar modo de percibir la realidad (especialmente la natural) a través del cual los elementos más pequeños o insignificantes de esta pueden adquirir, en su modesta y limitada naturaleza, una dimensión sublime o trascendente de profunda relevancia poética.

(Cf. Javier Letrán: “Miguel d’Ors y la estética de la pequeñez inmensa”. BRAE, tomo CIV, cuaderno CCCXXIX, enero-junio de 2024. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9636938).

El poema que vamos a comentar -“Es una cosa extraña...”- forma parte de este libro, y está compuesto el 20 de enero de 1972. Lo conforman 16 versos -entre heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos- distribuidos en tres agrupamientos estróficos de 6, 6 y 4 versos, y en los que se ha prescindido de la rima, aunque puedan rastrearse algunas asonancias. El verso endecasílabo se reitera al comienzo de cada uno de dichos agrupamientos estróficos (versos 1, 7 y 13), y se convierte en el leitmotiv del poema (“Es una cosa extraña ser poeta”); y los otros dos endecasílabos cierran los agrupamientos estróficos 1 (verso 6: “morir un poco en todo lo que muere”) y 2 (“verso 12: “partir el pan y ver los segadores”). Adviértase que ambos endecasílabos son heroicos y acentúan en las mismas sílabas (2.ª, 4.ª, 6.ª y 10.ª), lo cual, obviamente, no es casual. En cuanto al verso reiterativo “Es una cosa extraña ser poeta”, tiene una gran riqueza acentual (acentos en las sílabas 1.ª -antirrítmico-, 2.ª, 4.ª, 6.ª, 8.ª y 10.ª). Y con respecto al resto de los versos, son alejandrinos los versos 2, 4, 8, 9, 10, 4, 15 y 16; y heptasílabos los versos 3 (“llena de muchedumbres”), 5 (y cotidianamente) y 11 (“bajo cada nevada”) y, dada su posición, parecen funcionar como si se tratara de “pie quebrado” -aunque superen las cinco sílabas-, por cuanto que, en el contexto, realzan el contenido significativo. Por otra parte, pueden ser casuales las asonancias /é-e/ (de los versos 5 y 6: “cotidianamente/muere”) y /é-a/ de los versos 13 y 16 (“poeta/ausencia”).

Y no deja de ser curioso que el “yo poético” no aparezca en el poema -la primera persona está ausente-, aunque sea el propio poeta quien analiza su credo poético personal, al identificar “ser poeta” con una forma particular de entender y sentir la poesía. En realidad el poema no es sino una reflexión sobre el ideolecto estético del poeta, entendido este como el conjunto de rasgos que identifican una forma de hacer poesía desde el punto de vista del contenido, ya que no se adentra en la forma lingüística de expresarlo. Y, por cierto, Miguel d’Ors lleva a cabo en su poesía una renovación temática muy variada, dando un nuevo enfoque a lo que se ha venido considerando como tradicional, ya se en el campo biográfico, religioso, sociopolítico…

Habría, antes que nada, reflexionar sobre el reiterado verso “Es una cosa extraña ser poeta”; si bien el poeta nos va justificando a lo largo del poema “su porqué”, al descubrirnos todo aquello sobre lo que posa sumirada para convertirlo en materia poética. Y así podemos comprobar que “la singularidad” es algo inherente a la creación poética, y que requiere de una sensibilidad “peculiar”, tanto más si esa mirada se enfoca sobre las pequeñas cosas cotidianas que pasan inadvertidas y se engrandecen con la magia de la palabra poética.

Y para comunicarnos cómo entiende Miguel d’Ors su condición de poeta, monta su poema con una hábil estructura. Partiendo de la premisa de que “Es una cosa extraña ser poeta”, en los dos primeros agrupamientos estróficos se mantiene parte de la oración “es una cosa extraña…”; y “ser poeta” se cambia por un infinitivo seguido de los correspondientes complementos (en una construcción de carácter atributivo):

Es una cosa extraña ser poeta” (verso 1).

Es una cosa extraña sentir…” (verso 2);

“[Es una cosa extraña] escuchar” (verso 4);

“[Es una cosa extraña] morir” (verso 6) [final 1.ª estrofa].

Es una cosa extraña ser poeta” (verso7).

Es [una cosa extraña] sorprender” (verso 8);

Es [una cosa extraña] oír” (verso 9);

“[Es una cosa extraña] adivinar” (verso 10);

“[Es una cosa extraña] partir... y ver…” (verso 12) [final 2.ª estrofa].

Como puede advertirse, hay elementos omitidos anees de los infinitivos, ya sea “Es una cosa extraña”, ya sea “una cosa extraña”.

Pero al llegar a la tercera estrofa, se produce un leve cambio que los signos de puntuación marcan con claridad (el atributo pasa a ser un verbo en construcción pronominal que se repite en los versos 14, 15 y 16; y el complemento preposicional regido introduce un complemento de finalidad con un infinitivo de verbo transitivo sustantivado):

Es una cosa extraña: ser poeta” (verso 13).

es convertirse en… para entender…” (verso 14);

es convertirse en... para saber…” (verso 15);

es convertirse enpara aprender…” (verso 16).

Podemos ahora intentar interpretar cada uno de los mensajes que convierten al porta en un “ser diferente”, como intérprete de sentimientos propios y ajenos:

Agrupamiento estrófico 1.

Es una cosa extraña:

sentir la propia vida / llena de muchedumbres” (versos 2-3): es el poeta que no solo hace su propio análisis introspectivo, sino que también su voz ausculta la realidad social, originándose, así, una “polifonía de voces”, lo que implica una empatía con los demás.

escuchar en el propio canto todos los cantos” (verso 4): otra manera de decir que el poeta, con su voz, representa la de la inmensa mayoría, de la que es intérprete. Adviértase el leve hipérbaton, al haber desplazado al complemento directo, anteponiéndole el preposicional).

y cotidianamente / morir un poco en todo lo que muere” (versos 5-6): es la máxima expresión de melancolía ante lo inexorable del “tempus fugit”. El poeta “se conmueve” ante todo aquello que le ha acompañado y que, con el paso del tiempo, se va deteriorando hasta extinguirse.

Agrupamiento estrófico 2.

Es una cosa extraña:

sorprender al niño en los ojos del viejo” (verso 8): pese a que el cuerpo envejece, lo “esencial íntimo” de la persona permanece intacto, sin que haya pérdida de la capacidad de ilusionarse propia de la niñez; es, en definitiva, la imagen poética que permite “ver más allá” de la simple realidad física.

oír los clamores del bosque en la semilla” (verso 9): es la apertura hacia lo más íntimo de la naturaleza, pasando de la fragilidad de la semilla -lo pequeño- a la inmensidad del bosque -lo grande-, que la mirada poética es capaz de percibir.

adivinar que hay una primavera dormida / bajo cada nevada” (versos 9-10): es la imagen de la “renovación de la vida”, a través de la oposición “nieve” (la frialdad del invierno)/“primavera” (la alegría de resurgir). [Esta imagen nos trae a la memoria a Albert Camus: en su obra “Retorno a Tipasa”, que forma parte de la colección de ensayos “El verano”, publicada en 1954, escribe: “En pleno invierno, aprendí por fin que había en mí un verano invencible". (Camus reflexionaba sobre la belleza del paisaje argelino tras tiempos de adversidad)].

partir el pan y ver lo segadores” (verso 12): es la conexión con lo cotidiano y humilde (el simple hecho de “partir del pan”); con el abnegado trabajo en el ámbito rural (“los segadores”).

Agrupamiento estrófico 3.

La mirada poética tiene ahora una carga profundamente filosófica.

“Ser poeta / es…”

convertirse en tierra para entender la lluvia” (verspo13): implica una actitud de profunda conexión con la naturaleza (para crear vida la tierra necesita “nutrirse con el agua, en un permanente ciclo de renovación vital, lo que metafóricamente es aplicable al ser humano.

convertirse en hoja para saber de otoños” (verso 15): presupone aceptar la propia transformación vital, dando por sentado que las hojas se desprenden de los árboles de hoja caduca en otoño, a la espera de una nueva floración en primavera; de nuevo “la renovación del ser”.

convertirse en muerto para aprender la ausencia” (verso 16): ante el vacío que deja la ausencia irreparable, “el yo” debe asumir un proceso de “adaptación” a la nueva realidad, porque algo de la propia identidad personal muere también (aspectos emocionales que la poesía elegíaca recoge con tonalidad doliente y melancólica).

La extrañeza se ha convertido, así, en la manifestación de una “capacidad de asombro” -de desbordada fascinación- que solo la poesía es capaz de transmitir. Hermosa lección de poesía la que nos ha legado Miguel d’Ors, al desgranar la esencia de lo que para él es un poeta, trazando, así, su propio autorretrato de poeta comprometido con sus semejantes -empatía, resiliencia...- y con su entorno natural.

Este comentario cierra el ciclo de tres poemas que nos han permitido acercarnos a la concepción que del poeta y de la poesía tiene Miguel d’Ors. Recomendamos la lectura de los otros dos, aparecidos en esta misma revista digital, y que pueden obtenerse en los enlaces que seguidamente se citan:

16 de abril de 2026:

“La persistencia de la palabra poética vence el paso del tiempo”.

https://www.todoliteratura.es/noticia/62614/el-rincon-de-la-poesia/la-persistencia-de-la-palabra-poetica-vence-el-paso-del-tiempo.html

14 de abril de 2026.

“La búsqueda poética de Miguel d’Ors: Cómo capturar la esencia de la realidad”.

https://www.todoliteratura.es/noticia/62604/el-rincon-de-la-poesia/la-busqueda-poetica-de-miguel-dors-como-capturar-la-esencia-de-la-realidad.html

José Martía Pérez-Muelas Alcázar publicó en el diario digital “La opinión de Murcia” (29 de mayo de 2020) el artículo titulado “Es una cosa extraña leer a Miguel d’Ors”. Aunque ofrecemos el enlace, queremos destacar algunas de sus acertadas palabras: “Miguel d'Ors me enseñó que la poesía se esconde detrás de cualquier objeto, por muy mundano que sea, y que la belleza merece la pena ser elevada, separada de nuestra cotidianidad. […] Da igual el momento en que se lea a Miguel d'Ors. Su poesía va a seguir hablándonos de hechos que nos han sucedido, de sentimientos que tenemos refugiados en lo más profundo de nuestro ser, del miedo a la infinitud, que es una forma de morir. El señor d'Ors es el poeta de la soledad, que llama a las puertas de las muchedumbres. Una voz mística para una época que no respeta a sus dioses”.

hhhttps://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2020/05/29/cosa-extrana-leer-miguel-d-34580149.html

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No nos olvidamos de que Miguel d’Ors, doctor en Filosofía y Letras, trabajó como profesor entre 1969 y 1979 en la Universidad de Navarra; y desde 1979 hasta su jubilación en 2009 como profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada, lo que justifica la publicación de varios ensayos literarios de gran interés para el mundo de la docencia. Entre ellos destacamos:

Lecturas (Poetas españoles contemporáneos). (Sevilla, Renacimiento, 2014).

https://www.editorialrenacimiento.com/los-cuatro-vientos/947-lecturas.html

Posrománticos, modernistas, novecentistas. Estudios sobre los comienzos de la literatura española contemporánea. (Sevilla, Renacimiento, . 2025).

https://www.editorialrenacimiento.com/iluminaciones/1190-posromanticos-modernistas-novecentistas.html

Estudios sobre Manuel Machado. (Sevilla, Renacimiento, 2000).

La aventura del orden. (Poetas españoles del fin de siglo). (Sevilla, Renacimiento, 1998).

En busca del público perdido (Aproximación a la última poesía española joven, 1975-1993). (Granada, Impredisur, 1994).

‘La Sinfonía del año’ de Salvador Rueda (Pamplona, Eunsa, 1973).

Los ‘Poemas del toro’ de Rafael Morales (Pamplona, Eunsa, 1972).

Puedes comprar su obra en:

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