El libro cuenta la singular hazaña logística más destacada del ejército español durante el siglo XVI. Con ilustraciones y mapas elaborados por Ricardo Sánchez, el prólogo es obra del Teniente General César Muro, como señala en el prólogo "la ruta marítima se había vuelto muy difícil debido a la caída de gran parte de la costa de los Países Bajos en manos de los rebeldes y a la enemistad de Inglaterra y Francia, que dominaban el canal de la Mancha. Por ello, el monarca español tuvo que buscar una ruta alternativa por tierra. Así, se abrió un corredor militar desde Milán hasta Bruselas, pasando por territorios seguros que, o bien estaban bajo su poder, o bien bajo su influencia y que nominalmente pertenecían al Sacro Imperio o al Reino de Francia. La ruta fue utilizada por primera vez en 1567 por el III duque de Alba de Tormes, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, en su viaje a los Países Bajos Españoles, y el último ejército español en circular por él lo hizo en 1633, comandado por Fernando de Austria, quien logró al año siguiente la victoria en la batalla de Nördlingen. La ruta principal comenzaba en el Milanesado; tras cruzar los Alpes por el Paso del Mont Cenis, atravesaba el Ducado de Saboya (actual departamento de Saboya), pasaba por el Franco Condado, Lorena, Luxemburgo, el Obispado de Lieja y el Ducado de Brabante hasta llegar a Bruselas". ¿Qué supone para un escritor de prestigio como usted ser Vicepresidente de la Asociación de Amigos del Camino Español de los Tercios? Un estímulo para seguir divulgando en lo posible la idea del Camino Español. "El Camino Español" habla de una de las gestas más brillante de nuestra historia. ¿Se le ha dado la importancia que merece o era necesario un libro como el suyo para que se conociera en profundidad? El Camino Español es uno de los grandes hechos de nuestra historia que en la práctica estaba olvidado por casi todo el mundo hasta hace menos de cincuenta años. Pienso que sí, era necesario una obra de divulgación que diera a conocer esa hazaña logística a lo que pudiera llamarse “el gran público”, y que no se concretara solo en un libro, sino también en conferencias, entrevistas, presentaciones y otros actos vinculados para dar a conocer ese importante periodo de nuestra memoria histórica. En los Países Bajos y Bélgica no se amenazaba a los niños para que obedecieran con el coco, se decía ¡Qué viene el Duque de Alba! ¿Tan temible era Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel? Sin duda lo era para sus enemigos, cuando llegó el momento de enfrentarse a ellos con las armas en los Países Bajos, cumpliendo la tarea de castigo que el rey le había ordenado. En este aspecto, el duque no era lo que llamaríamos un personaje amable. Sus obras son a la vez didácticas y de disfrute, ¿cree que pueden satisfacer por igual a eruditos y profanos en la historia de España? Esa es mi comedida pretensión: hacer que la historia pueda leerse como un buen periódico o un gran reportaje, o incluso como una crónica novelesca, siempre y cuando se respete la veracidad de los sucesos básicos. Teniendo en cuenta que una gran parte de la historia documentada o narrada es pura interpretación de lo que sucedió. La historia son los hechos más la interpretación, algo cuya valoración cambia con el tiempo. ¿En qué pilares se sustentaba el éxito de nuestras tropas? ¿Eran grandes estrategas? ¿era la logística? ¿la disciplina? ¿el estar bien dirigidos y creer en el líder? ¿tenían los objetivos claros? Había tres pilares básicos: la voluntad de vencer, la férrea disciplina en combate y la idea de que en aquel momento las tropas españolas eran las mejores, y por tanto, cuando estaban bien mandadas, se les exigía más que al resto. Otra virtud esencial era la tenacidad. “Nunca nos habíamos enfrentado a un soldado de infantería como el español- dijo un coronel sueco de la guerra de los Treinta Años-. No se derrumba, es una roca, no desespera y resiste con paciencia hasta que puede derrotarte”. Hubo un momento histórico en que para los tercios nada parecía imposible, incluyendo la conquista de China desde las islas Filipinas. El plan lo estudiaron los asesores de Felipe II y parecía factible con un pequeño ejército. En aquel tiempo, España disponía de capitanes y gente de armas muy diestros y fogueados, hermanos de guerra preparados para llevar adelante con acierto cualquier empresa, por desmesurada que pareciera. Por eso Nietzsche pudo decir, hablando de aquella España, que los españoles “quisieron ser demasiado”. La exhaustiva labor de investigación es una de las características de Fernando Martínez Laínez. ¿Cómo ha llevado a cabo esta? ¿Dónde ha encontrado las mayores dificultades? Veo mi trabajo, sobre todo, como analista y ensayista, en un doble plano interpretativo y divulgador. La labor de investigación es totalmente necesaria para mostrar los hechos, pero en mi caso, creo que esa parte es una tarea que atañe sobre todo a los historiadores, a la historiografía pura y dura, que alcanza generalmente un gran nivel profesional. ¿Qué le ha sorprendido más de lo que ha encontrado en su investigación? Los restos dispersos que todavía quedan y hay que buscar con lupa en Europa del Camino Español, y en especial en el norte de Italia y los Países Bajos. Son huellas que permanecen olvidadas y fragmentadas en pueblos, ciudades, puentes, fortalezas y veredas por las que antaño pasaron los tercios hacia Flandes.
"Felipe II debió imporner su autoridad en Flandes, pero nunca llegó cuando más se le necesitaba"¿Qué primó más a la hora de enviar las tropas españolas? ¿Los intereses nacionales, los militares, o los religiosos? No hubo una sola causa. Como ocurre casi siempre en las guerras, se trató de un conglomerado de intereses y circunstancias: el fanatismo religioso, la mala situación económica en los Países Bajos, la falta de entendimiento personal de Felipe II con la nobleza flamenca, la rebelión iconoclasta anticatólica azuzada por el calvinismo protestante, las ambiciones de los señores flamencos, la fragmentación territorial y lingüística … y a todo esto habría que añadir el desencanto por la ausencia de Felipe II en los momentos cruciales de la rebelión. El rey debió de imponer personalmente su autoridad en Flandes, pero Felipe II nunca llegó cuando más se le necesitaba. ¿Hubiera sido posible realizar esta gesta sin el peso político y militar que España representaba en Europa en aquel momento? Seguramente, no. La maniobra del Camino Español exigía una capacidad logística y militar, un despliegue de medios armados y diplomáticos de los que solo España disponía en ese tiempo.
Los habitantes de los pueblos por donde pasaban las tropas siempre temían las rapiñas de los soldados; no ocurre así con los tercios españoles, que pagaban lo que consumían estableciendo la logística, muchas veces, de antemano. ¿Eso también les diferencia de otros ejércitos? Así era en la mayoría de los casos, el Camino Español marcaba la diferencia en relación con otros ejércitos de la época, que se sustentaban del saqueo permanente del territorio que pisaban y vivían del expolio y el robo. Los tercios que iban a Flandes solían pagar religiosamente los abastecimientos y el alojamiento de los soldados. La disciplina cuando ocurrían desmanes solía ser estricta, lo cual no quita que en ocasiones se produjeran tropelías y abusos, pero iba en interés propio que las relaciones de las tropas de paso con la población civil fueran buenas, y no hubiera quejas. Al autor le gusta descender a los detalles, en El camino español. ¿Hace más cercana la historia? ¿Busca la empatía del lector con los protagonistas? Acercar los sucesos pasados a la historia actual resulta fundamental para tratar de entenderla mejor. Toda historia es al final una búsqueda del tiempo perdido, y en ese sentido puede ayudar mucho que el lector empatice con los protagonistas que, de un modo u otro, han construido nuestro propio avatar histórico. ¿Cuál cree que es la clave para que un ejército, formado por personas de diferentes lugares se coordinaran perfectamente y actuaran de forma similar y unida para lograr los objetivos? La clave estuvo en la amalgama militar que la Monarquía Hispánica o Monarquía de los Austrias mantuvo a la hora de combatir por los intereses y las ideas de la España de aquel tiempo. Era un Estado disperso política y geográficamente, aunque unido por la fidelidad a lo que la Corona hispana representaba como cabeza del sistema armado vigente. Un sistema que exigía disponer de soldados de distinta procedencia cuando la situación lo exigía, incluyendo la contrata de regimientos profesionales reclutados sobre todo en Alemania, pero que actuaban de forma similar en Europa para lograr los objetivos marcados. ¿Con qué mensaje le gustaría que se quedara el lector de "El camino español"? Me gustaría que los españoles de hoy recordasen el Camino Español como una herencia de nuestro mejor pasado y de lo que España representó en el mundo. Dejar constancia de lo que fuimos, aunque ahora ya solo seamos el recuerdo de aquel tiempo. Puedes comprar el libro en:
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